Título: Confessions
Director: Tetsuya Nakashima
Guión: Tetsuya Nakashima (Novela: Kanae Minato)
Fotografía: Shoichi Ato, Atsushi Ozawa
Año: 2010
Duración: 106 min.
País: Japón
Productora: DesperaDo / Hakuhodo DY Media Partners / Licri / Nippon Shuppan Hanbai (Nippan) K.K. / Sony Music Entertainment / Toho Company / Yahoo Japan
Reparto: Takako Matsu, Masaki Okada, Yoshino Kimura, Yukito Nishii, Kaoru Fujiwara, Makiya Yamaguchi, Soichiro Suzuki, Kinuwo Yamada, Ai Hashimoto


Crítica de @PauGarcia179

'Confessions', dirigida por Tetsuya Nakashima, es una película japonesa multipremida en su país (Mejor película, director, guión y montaje) con una buena recepción crítica. Todo eran señales positivos para encontrarme con una gran película de género, un buen thriller asiático de los que no se hacen en Occidente. Nada más lejos de la realidad.

Una profesora les cuenta a sus alumnos que deja la escuela y que sabe que dos de ellos asesinaron a su hija. También les informa que ya ha empezado su venganza contra ellos. Todo muy normal en la típica clase japonesa.

Habría que poner un límite permitido de planos a cámara lenta

El principio de la película puede llegar a hacerse claustrofóbico porque tiene la clase como única localización. Sin embargo, esa sensación tampoco tiene que ser negativa si era eso lo que el director quería transmitir. Al fin y al cabo, estamos hablando de una clase de niños que acaban de enterarse que dos de sus integrantes son asesinos: la atmosfera asfixiante era casi obligatoria. Para conseguir esas sensaciones, el director utiliza la cámara lenta y va insertando planos de nubes o de pasillos vacíos. Eso puede estar bien al principio, pero llegados a los 20 minutos de película, cuando el director abusa de estos recursos, el espectador puede perder la paciencia. Y es que el metraje avanza y el director, convencido de su distinguido y sofisticado estilo, vuelve a insistir una y otra vez con la maldita cámara lenta y esas imágenes de nubes que aparecen cada cinco minutos.

Lamentablemente, su excesiva arrogancia formal no es el único problema, porque el guión es estúpido y hasta ridículo. La venganza que perpetra esa profesora está tejida a base de coincidencias inaceptables y claro, si los protagonistas nos importan tanto como el cine de Albert Serra y la película no ofrece nada más, no estaremos dispuestos a tolerar las casualidades del guión. Puedo aceptar que sea un relato oscuro, con asesinatos y violencia, faltaría más, pero los personajes carecen de hondura psicológica y, o bien son unos malditos psicópatas, o están como una regadera. No he estado nunca en Japón y admito que no soy un gran conocedor de su cultura, pero creo que en las clases normales de este país no encontramos niños tan jodidamente locos como los aquí se retratan. Con unos personajes tan poco interesantes y creíbles, asistimos indiferentes al cruel destino de alguno de ellos servido con extrema violencia y otra vez con esa pretenciosa e insoportable cámara lenta.

Fotograma de uno de los 3000 planos de nubes que aparecen en el filme

Aquellos que se sientan cautivados por el estilo y la atmósfera que propone el director quizás lleguen a tolerar esta historia tan inverosímil, pero los que, como el que esto escribe, se sientan indignados ante esta arrogancia formal que propone Nakashima, odiarán esta película. Porque 'Confessions', además, tiene otro problema (sin importancia, comparado con el guión y el estilo), y es la más absoluta falta de ritmo. Obviamente, no ayudan ni la cámara lenta ni los planos de nubes o pasillos vacíos, pero esa estructura a base de confesiones y la monotonía de los discursos de algunos personajes (especialmente el de la profesora) acaban de matar cualquier atisbo de ritmo en la narración. 

'Confessions' es una soporífera película con una insoportable arrogancia formal y un pésimo guión, pero también es un filme avalado por la crítica que arrasó en los premios de la Academia japonesa. Así que podéis fiaros de mí y huir de esta película, o podéis confiar en el contrastado criterio de la prensa internacional y de la Academia y arriesgaros a ver este película. Pero que conste que os he avisado, insensatos. 

Lo mejor: ...
Lo peor: la cámara lenta, los planos de las nubes, guión inverosímil
Título: A Million Ways to Die in the West
Director: Seth MacFarlane
Guión: Seth MacFarlane, Alec Sulkin, Wellesley Wild
Fotografía: Michael Barrett
Duración: 116 min.
Año: 2014
País: Estados Unidos
Productora: Universal Pictures / Media Rights Capital (MRC) / Fuzzy Door Productions
Reparto: Seth MacFarlane, Charlize Theron, Liam Neeson, Amanda Seyfreid, Sarah Silverman, Giovanni Ribisi, Neil Patrick Harris, Bill Maher, Wes Studi
Crítica de @PaulPorcoRosso

Su anterior (y primer) largometraje, Ted, protagonizada por un oso de peluche parlante con su voz y Mark Wahlberg fue todo un éxito, tanto entre los amantes de las series de dibujos animados que había creado, como de nuevo público que se acercó a las salas sin conocerle y disfrutó de una divertida comedia con muchos cameos y grandiosos momentos. Este año, MacFarlane produjo un remake de la serie de divulgación científica mítica de los años ochenta, Cosmos, y mientras tanto estaba atareado confeccionando esta burla del western sencilla y sin pretenciosidad. Una locura más de uno de los referentes en la comedia americana. En A Million Ways to Die in the West, un pastor de ovejas de nombre Albert (Seth MacFarlane) odia el oeste americano con todas sus fuerzas, ya que según él cualquier cosa puede matarte. Cuando queda en ridículo en un duelo de pistolas con un vaquero, su novia (Amanda Seyfried) le abandona para empezar a salir con el gerente de un negocio del cuidado del bigote (Neil Patrick Harris). Entonces conocerá a una bella mujer, Anna (Charlize Theron), recién llegada al pueblo que le ayudará a recuperar a su novia. Pero Albert no sabe que Anna es la mujer del delincuente más peligroso del Oeste, Clinch Leatherwood (Liam Neeson).

People die at the fair!

Narrativamente no inventa nada, y el guión no es más que una sucesión de gags estilo Saturday Night Live que tendrán más o menos gracia según el espectador que asista a la proyección. No es nada nueva la burla al cine western (el magnífico Mel Brooks ya la hizo con Blazing Saddles, película que es referenciada un par de veces en A Million...), y la trama es predecible y simple hasta aburrir. Pero para el público adecuado es un pasatiempo magnífico y una excusa perfecta para hartarse de palomitas. Es un humor hecho y pensado para fans y seguidores acérrimos del MacFarlane de American Dad y Family Guy. Las burradas de Stan y Peter son las de MacFarlane en A Million Ways..., que es una modernización del ya nombrado Mel Brooks aunque no tan incisivo y más escatológico. Pierde un poco el humor "madurado" de Ted (a la que referencia en un par de ocasiones), lo cual no es mejor ni peor: sólo llega a otro tipo de público. Como cabía imaginar, visualmente no es nada del otro mundo.

Neil Patrick Harris es Barney (HIMYM), pero con un bigote muy chulo.

Sin duda una de las mayores bazas del creador de los irreverentes Roger y Stewie es una galería de personajes estrambóticos y extravagantes a su propia manera, a cada cual más alocado. Como el de Giovanni Ribisi (que repite el bailecito de Ted) que tiene una novia prostituta con la que aún no se ha acostado, o los padres de MacFarlane en la ficción, o Liam Neeson, el único vaquero irlandés de la historia del cine que con su fuertemente marcado acento incrementa la parodia al cine western que el director y coguionista quiere hacer de A Million... y añade un plus a la categoría de los actores. Suyos son los momentos más oscuros y por lo tanto menos cómicos de la película.

No nos equivoquemos al pensar que con esta película Seth MacFarlane nos va a redescubrir el género de la comedia. Ni mucho menos. Sólo pretende ser una comedia irreverente con varios chistes inspirados y que gustará sobre todo a los fans del de Conneticut. Y sí, Ryan Reynolds también se lleva lo suyo.

Lo mejor: los primeros treinta minutos de bromas y gags inspiradísimos, el deje de MacFarlane como actor de comedia, el retake del baile de Giovanni Ribisi, y el cameo de Christopher Lloyd (a wether experiment!).
Lo peor: pierde fuerza pronto, las bromas se vuelven más escatológicas, y se da más importancia al romance que a la comedia.
Título: Hundraäingen som klev ut genom fönstret och försvann
Director: Felix Herngren
Guión: Felix Herngren, Hans Ingemansson (basado en la novela de Jonas Jonasson)
Fotografía: Göran Hallberg
Duración: 114 min.
Año: 2013
País: Suecia
Productora: Nice Drama / Buena Vista International (Sweden) / FLX Comedy AB
Reparto: Robert Gustafsson, Iwar Wiklander, David Wiberg, Mia Skäringer, Jens Hultén, Bianca Cruzeiro, Alan Ford, Sven Lönn, David Shackleton, Georg Nikoloff, Manuel Dubra, Simon Säppenen, Cory Peterson, Kerry Shale, Philip Rosch, Keith Chanter, Koldo Losada
Crítica de @PaulPorcoRosso

El abuelo que saltó por la ventana y se largó es un largometraje basado en una de esas novelas suecas de nombre interminable. Es uno de los mayores éxitos literarios de la literatura sueca, la primera novela de un autor desconocido que se convirtió en un fenómeno de ventas gracias al boca a boca, y el ganador del Libro del Año y el Premio de los Libreros de Suecia en el año 2010. La adaptación al cine corre a cargo del cineasta Felix Herngren, cuya trayectoria en el cine es corta y dispar: este es su segundo largometraje (con el que firma su primer guión), y el primero en catorce largos años.

Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo cumpleaños, Allan Karlsson (Robert Gustafsson) decide que esa vida no es para él y que a los cien años aún le queda mucho por vivir. Vestido con bata y pantuflas, se sube a una silla y sale por la ventana para fugarse de la residencia de ancianos en la que vive. Sin un plan prefijado, Allan se dirige a la estación de autobuses y allí compra un billete para el primer autobús que sale. Mientras espera su llegada, un joven con malos modales y vestido como un motero le pide que le vigile la maleta mientras va al baño, con tan mala suerte que el autobús llega antes de que el joven regrese y Allan sube al autobús con la maleta a rastras. Con el inicio de esta trepidante aventura de Allan Karlsson, repasaremos una a una todas las peripecias ocurridas en la vida del abuelo que saltó por la ventana y se largó...


Esta obra sueca es una comedia disparatada, audaz, y compleja. Felix Herngren urde una historia con dos líneas narrativas: la huída del abuelo que cada vez implica más gente en robos y asesinatos; y un hilo argumental que parte del nacimiento de Allan y continúa su periplo vital a través de países y mandatarios más importantes del siglo XX. En su vida temprana, Allan, armado con una cámara de fotos y sus ganas de hacer explotar cosas (como la concepción de la sociedad de que un abuelo centenario no puede cometer crímenes) documenta para él mismo los grandes acontecimientos a nivel mundial de primera mano.

Los personajes de El abuelo que saltó..., todos (incluso los más secundarios) deliciosamente escritos, son una porción de la sociedad a medio camino entre estúpidos y psicópatas, empezando por Allan, el abuelo pirómano que vio bailar a Franco, y acabando por los moteros/traficantes a los que les ha robado la maleta llena de dinero. Puede ser fácilmente relacionado con la mítica película de Zemeckis 'Forrest Gump', pero con menos drama y con un loco de geriátrico como protagonista.


El principal problema de la cinta es que no acierta escogiendo el punto justo entre lo macabro y lo paródico: busca que el público ría de la violencia, pero no se sitúa ni en un extremo ni en otro, sino en el medio. Esto se traduce en algunos momentos bastante perturbadores al pensar en sus consecuencias. Tampoco la música consigue estar en consonancia con el tono del filme, además de tener demasiada presencia en la mezcla de sonido, ensombreciendo a veces a los divertidísimos diálogos que contiene el metraje.

Aún con sus fallos, El abuelo que saltó por la ventana y se largó, es una historia divertida y disparatada cuyo máximo regalo es el protagonista: Allan Karlsson. Un hombre con (a veces mucho, a veces poco) sentido común en un mundo loco, un hombre con todo un siglo de experiencias vitales a sus espaldas. Allan Karlsson no le teme a la muerte, y no está dispuesto a renunciar al placer de estar vivo.

Lo mejor: la actuación de Robert Gustafsson, la sucesión de situaciones cómicas que envuelven a Allan.
Lo peor: una fotografía muy genérica, el tono violento mal escogido, la mala mezcla de sonido.

Crítica original en Pandora Magazine
Título: Ocho Apellidos Vascos
Director: Emilio Martínez-Lázaro
Guión: Borja Cobeaga, Diego San José
Fotografía: Gonzalo F. Berridi, Juan Molina
Año: 2014
Duración: 98 min.
País: España
Productora: Lazona Films / Kowalski Films / Telecinco Cinema
Reparto: Dani Rovira, Clara Lago, Carmen Machi, Karra Elejalde, Alfonso Sánchez, Alberto López, Aitor Mazo, Lander Otaola
Crítica de @PaulPorcoRosso 

Los guionistas Borja Cobeaga y Diego San José perpetran la esperpéntica comedia más taquillera de la historia del cine español. El director (aquí reducido a un monigote descerebrado que sitúa la cámara sin pasión ni ganas) es Emilio Martínez-Lázaro, realizador de Los dos lados de la cama, y pretende rodar una comedia sobre tópicos de dos comunidades peninsulares muy diferentes: andaluces, supuestos vagos y salerosos; y los vascos, en teoría violentos y secos. Como la única manera que aparentemente conocen los directores mediocres de plasmar una comedia es relación romántica mediante, los ingredientes para el despropósito están más que servidos. En Ocho Apellidos Vascos, Rafa (Dani Rovira), andaluz de Sevilla y camarero de un típico restaurante de tapas conoce a Amaia (Clara Lago), vasca celebrando su despedida de soltera (dicho sea de paso, sin sentido, ya que la han dejado plantada en el altar) y se enamora de ella. Como esta se ha olvidado su bolso en casa de él, decide ir a buscarla al País Vasco para intentar encandilarla y romper las barreras culturales que les alejan. Allí, ella encauzará la relación con su estricto padre (Karra Elejalde) mientras escucha sus consejos, y él conocerá a la viuda de un guardia civil (Carmen Machi) que se hará pasar por su madre. ¿Os suena? Bienvenidos al norte con tintes de Meet the Parents. A la española, claro.


Poco hay que decir de la película: si combinamos las actuaciones del reparto (Dani Rovira que no es ni actor, Clara Lago y Karra Elejalde perdidos en un océano de tópicos, y Carmen Machi en su papel de siempre), las continuas inconsistencias del guión y la poca entrega del director al producto que quiere hacer llegar al público, se forma una película cuyo único propósito es encadenar chiste tras chiste y gag tras gag, que hará más o menos gracia según el conformismo del espectador que asista a la proyección del producto. Un largometraje sin alma y con una factura técnica más floja si cabe que los chistes que los guionistas se empeñan en repetir una y otra vez durante una hora y media (ETA, andaluces vagos, ETA, ETA, andaluces vagos y ETA). La única explicación posible que encuentro a la masiva asistencia del público a los pases de Ocho Apellidos Vascos es el fenómeno "si tanta gente la ha visto, mala no va a ser". Qué equivocados estamos al fiarnos del espectador medio.


Me encuentro indignado y algo cansado de que exista y encima se premien de tal manera obras como esta película de Emilio Martínez-Lázaro, y de que se obvie la calidad de productos que realmente lo merecen. Harto de que sea el espectador medio de este país, que se alimenta de pseudo televisión y amarillismo durante mañanas, tardes y noches, el que decida el futuro de los autores verdaderos y el depósito de confianza de productores españoles sobre gente válida de verdad en este país. Que Ocho Apellidos Vascos sea la película más taquillera de la historia del cine español es un síntoma clarísimo de la enfermedad que necrosa los órganos internos de nuestra cultura: la mediocridad. No nos equivoquemos al alabar el hecho de que seamos capaces de reírnos de vascos y andaluces (nunca nos había costado demasiado): avergoncémonos de que Ocho Apellidos Vascos suponga el triunfo de la mediocridad sobre la calidad en este país en el que vivimos. El modelo Aída contra el modelo Cavestany. El modelo La que se avecina contra el modelo Daniel Sánchez Arévalo. El chiringuito de Pepe contra Muchachada Nui ¿Malo contra bueno? Ni mucho menos: repetición contra innovación. Seguridad contra riesgo. Mediocridad contra calidad.

Lo mejor: el gag de Kortatu.
Lo peor: todo lo demás.
Título: Open Windows
Director: Nacho Vigalondo
Guión: Nacho Vigalondo
Fotografía: Jon D. Domínguez
Duración: 100 min.
Año: 2014
País: España
Productora: Coproducción España-Estados Unidos-Francia; Wild Bunch / Apaches Entertainment / Antena 3 / Woodshed / EITB / Canal +
Género
Reparto: Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell, Adam Quintero, Ivan Gonzalez, Jaime Olias, Rachel Arieff, Jake Klamburg

Crítica de @PauGarcia179

Tres años después de 'Extraterrestre', Nacho Vigalondo estrena 'Open Windows', su primera película rodada en inglés. El director de 'Los cronocrímenes' (probablemente la mejor película española de ciencia-ficción) cuenta también por primera vez con actores internacionales (Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell) para filmar una película "de la forma que nunca se ha hecho", la más comercial y experimental de su carrera, según el propio director. 

Nick Chambers es un chico que ha ganado un concurso para cenar con Jill Goddard, la actriz de moda del momento que estrena la película Dark Sky. Sin embargo, en el último momento le llama un tal Chord para comunicarle que al final el concurso se ha cancelado. Como contrapartida, Chord le ofrece la posibilidad de espiar a su actriz favorita sin que ésta se de cuenta. 




Como a estas alturas todo el mundo sabrá, la película se compone a partir de lo que se ve en una pantalla de ordenador, a través del portátil de Nick Chambers. Esta decisión formal se ajusta a la temática tecnológica de la película y también al género que pertenece, puesto que a través de esas ventanas que van apareciendo en el portatil de Chambers, Vigalondo capta una atmósfera de tensión propia del género y logra transmitir la pesadilla en la que se convierte la llamada de Chord. En todo caso, la propuesta puede gustar más o menos, pero hay que aplaudir, por un lado, la valentía de Vigalondo por utilizar ese sistema en una película tan comercial, y por otro, la solidez de la propuesta, pues técnicamente es perfecta. 

Con unas creíbles interpretaciones de Elijah Wood y Sasha Grey, amén de una inquietante actuación vocal de Neil Maskell (al que vimos en la serie 'Utopia'), la trama puede resultar más o menos creíble para el espectador, pero si hacemos un esfuerzo para entrar en el universo de la película, podremos disfrutar de una correcta película de género que no hace daño a nadie. El film, por cierto, tiene un inicio de lo más curioso y delirante, con participación de Carlos Areces incluido, que nos hará preguntarnos si nos hemos equivocado de película. Pero finalmente entramos de lleno en el relato, que se va construyendo a base de golpes de efectos, entre los que aparece un inesperado toque de comedia (con los tres franceses, aunque quizás están un poco desaprovechados) que volverá casi al final de la película (momento Suicide). Lamentablemente, cuando parece que el desenlace se aproxima, Vigalondo alarga innecesariamente el film, añadiendo un giro totalmente inverosímil que rompe el pacto con los espectadores para aceptar lo menos creíble de la película. 



En una película que nada tiene de terror, sí encontramos uno de los momentos más aterradores e inquietantes, no por los sustos fáciles y tramposos que vemos en la mayoría de las películas de terror, sino por la escena en la que la vida o la muerte de cierto personaje depende de los usuarios de Internet, anónimos e indiferentes a la realidad. La vida de una persona o la predilección por lo morboso forman una dicotomía que hiela los corazones de los espectadores y reflexionan, incómodos, sobre la bondad o maldad de la naturaleza humana. 


'Open Windows' es una correcta película de género que suma interés por la originalidad de su propuesta, y sólo falla en un alargado tramo final que tampoco estropea un film con suficientes alicientes para darle una oportunidad y disfrutar de un entretenido producto comercial que por una vez no viene del otro lado del charco. 
Título: Foxfire
Director: Laurent Cantet
Guión: Laurent Cantet
Fotografía: Pierre Milon
Duración: 143 min.
Año: 2012
País: Francia
Productora: Foxfire Productions / Haut et Court / Memento Films International / The Film Farm
Reparto: Raven Adamson, Katie Coseni, Madeleine Bisson, Claire Mazerolle, Rachel Nyhuus, Paige Moyles, Lindsay Rolland-Mills, Alexandria Ferguson, Chelsee Livingston, Tamara Hope, Rick Roberts, Briony Glassco
Crítica de @PaulPorcoRosso

Competidora en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y ganadora del premio a la mejor actriz para Katie Coseni, Foxfire fue generalmente maltratada por la crítica profesional. Su director, el mítico realizador francés Laurent Cantet, adapta para esta película la novela Puro Fuego: confesiones de una banda de chicas de Joyce Carol Oates. La acción se sitúa en Nueva York, 1953. Un grupo de chicas adolescentes se niegan a ser sometidas a una sociedad que las ata y las anula como seres humanos, esperando su silencio y sumisión al sistema. Formarán la sociedad secreta femenina "Foxfire", que tiene como lema vivir bajo sus propias leyes y reglas para siempre. Pese a que todo empieza como una locura de juventud, poco a poco se vuelve peligroso y serio a medida que la banda crece en número y poder.


¡Alerta! ¡Lector/a, no se deje llevar por la sinopsis! Foxfire es como el perro del hortelano: ni come ni deja comer. Es cine neutro, largo y cansino. Pese a un buen material de base (la novela de Joyce Carol Oates), un buen arranque y una ambientación y diseño de producción muy cuidadas al detalle (potenciadas por la fotografía de Pierre Milon), la película del francés Cantet acaba por resultar una amalgama de temas vistos de refilón sin profundizar en ninguno de ellos. Resulta paradójica pues la excesiva duración de la cinta: se planea la superficie de muchos conflictos (como las relaciones homosexuales, el racismo) sin entrar de lleno en ellos, y se invierte demasiado tiempo en no hacerlo. De entre sus muchos defectos, el que más me enerva es el retrato que Cantet hace del género masculino. Según Foxfire el hombre es una figura plana y sin ninguna arista (aunque tampoco hay una evolución de los personajes femeninos pese a pasar por la cárcel y sufrir un intento de violación), casi un animal, un ser degenerado e irrazonable. Entiendo que es crucial para intentar que sintamos empatía por sus personajes (la banda), pero ni así lo consigue.


Tampoco es fácil entrever el mensaje que plantea mandar Cantet con esta película. ¿Es simplemente cine de época o busca mostrar la pérdida de inocencia de sus protagonistas? ¿No te fíes de los hombres? Al final, todo queda como el diario de una quinceañera, y el tufo a telefilme obliga al público a abandonar la sala. 143 minutos perdidos en una sala a oscuras con un montón de desconocidos (tanto en la pantalla como en las butacas colindantes). Cine de una calidad tan mediocre que no permite disfrutar de sus evidentes fallos (véase Sharknado) ni emocionarse con sus bellos momentos. Ni come, ni deja comer.

Lo mejor: la ambientación, la fotografía, el arranque.
Lo peor: su excesiva duración, su mensaje diluido.


Crítica original en Pandora Magazine
Título: Another me
Director: Isabel Coixet
Guión: Isabel Coixet
Fotografía: Jean-Claude Larrieu
Año: 2014
Duración: 86 min.
País: Reino Unido
Productora: Coproducción Reino Unido-España; Rainy Day Films / Tornasol Films
Reparto: Sophie Turner, Geraldine Chaplin, Claire Forlani, Jonathan Rhys Meyers, Rhys Ifans, Ivana Baquero, Gregg Sulkin, Leonor Watling, Sara Lloyd-Gregory, Charlotte Vega
Crítica por @PaulPorcoRosso 

Another me podría formar un tríptico sobre la identidad juntamente con The Double y Enemy. Las tres películas, estrenadas en un corto período de tiempo, versan sobre el mismo tema: el quiénes somos y qué es nos hace diferentes. Pero mientras Enemy con increíble tensión y pulso narrativo, y The Double con un finísimo humor negro triunfan en hacer llegar el mensaje al espectador, Another me se hunde a todos los niveles menos el interpretativo, y sus intentos de mostrar la crisis de identidad más o menos presente en todos los adolescentes se pierden en un guión desesperadamente malo. El filme narra la historia de Fay (Sophie Turner), una joven adolescente con una vida aparentemente perfecta hasta que todo empieza a torcerse: su padre enferma, su madre tiene un affaire con alguien muy cercano a Fay... Para colmo, empieza a tener la sensación de que alguien la está siguiendo, alguien que es exactamente igual que ella, una persona que no se conforma con tener su mismo aspecto, sino que quiere tener su vida entera y suplantarla.

Pese a sus fallos, la película de Coixet nos descubre el talento que la teatral
Sansa Stark esconde bajo esos ropajes invernales.

Si extraemos el elemento paranormal del guión de Coixet, el argumento del filme es un drama decente: una adolescente lucha para hacer frente a una situación familiar muy complicada con su padre enfermo y deprimido y una madre adúltera, a su primer amor, a la crisis económica y a un papel importante en una obra de teatro (que le ha dado el profesor con el que su madre es adúltera). Me interesa más esta película que el desastroso ejercicio de estilo que es Another me. Pero la película es como es: el añadido de una capa sobrenatural no se une bien al elemento dramático, y todo intento de hacer que el filme sea un reflejo de las ansiedades de la adolescente en pleno proceso de convertirse adulta queda en menos y nada: no consigue generar empatía y mucho menos los escalofríos que imagino pretende que sintamos (y yo soy de los fáciles de asustar), ni define bien la psicología de ninguno de los personajes. Todos los elementos a los que Coixet sabe recurrir para asustar al espectador no son más que puertas que se cierran, luces que se apagan, ventanas que se rompen o otros clichés del género arrojados a la pantalla y a los altavoces sin criterio alguno. Incluso elementos con los que busca generar tensión y desconcierto (gente que dice haber visto a Fay en lugares donde no ha estado o caras borrosas en fotografías) resultan gastados e indignantes.

En esta ocasión, Coixet dirige bien a sus actores (y actrices), pero falla en
todo lo demás.

Eso sí, en el sector interpretativo todos los actores cumplen en sus respectivos roles, destacando por encima de todos a la protagonista Sophie Turner (Sansa Stark para los seguidores de Game of Thrones, desconocida para todos los demás), que deja con ganas de verla interpretando un papel más serio en una película mejor. Pero como es de suponer, unas actuaciones que se sitúan en el espectro de correctas a buenas son incapaces de salvar tanto las debilidades del guión como una dirección mediocre de Isabel Coixet. Aunque visualmente es poderosa y el director de fotografía Jean-Claude Larrieu logra una conseguida composición de planos, esta belleza de las imágenes no es más que eso: una belleza vacía.

Isabel Coixet es, como ya ha demostrado en varias ocasiones, una directora que no va corta de talento. Pero en este filme parece haberlo extraviado con un guión muy flojo (de su autoría) casi cómico sin pretenderlo, y en la búsqueda de un público (adolescente) que no le corresponde. Another me es una pérdida de tiempo para el espectador, y la desagradable sensación de que Coixet puede haber perdido el norte.

Lo mejor: descubrir que Sophie Turner tiene más registros que la cara de palo con la que se pasea por Poniente en Game of Thrones.
Lo peor: de entre todos los elementos que fallan en Another me, el peor de todos es su desastroso guión.
Título: The Immigrant
Director: James Gray
Guión: James Gray, Ric Menello
Fotografía: Darius Khondji
Año: 2013
Duración: 117 min.
País: Estados Unidos
Productora: Kingsgate Films / Worldview Entertainment / Keep Your Head Productions
Reparto: Marion Cotillard, Joaquin Phoenix, Jeremy Renner, Angela Sarafyan, Anoni Corone, Dylan Hartigan, Dagmara Dominczyk
Crítica de @PaulPorcoRosso

James Gray escribe y dirige su quinto largometraje, The Immigrant, en el que colabora una vez más con el habitual en su filmografía Joaquin Phoenix. The Immigrant es un relato sobre el sentido de la familia en el que el crimen y la religión están muy presentes. Es la historia de una inmigrante polaca, Ewa (Marion Cotillard), que huye junto a su hermana Magda de Polonia por los estragos que ha causado en el país la primera Guerra Mundial y emigran a los Estados Unidos, concretamente a la ciudad de Nueva York. Al llegar a Ellis Island ponen en cuarentena a Magda (enferma de tuberculosis), y deportan a Ewa de vuelta a Polonia. Bruno (Phoenix), un americano que se encuentra en Ellis Island le ofrece a Ewa la entrada al país a cambio de que trabaje en un cabaret. Poco a poco, su trabajo requerirá cada vez menos escrúpulos...


The Immigrant es cine de alta categoría, sin dudarlo. Una historia conocida, pero con un bellísimo envoltorio y un sabor completamente nuevo: Gray mantiene durante gran parte del metraje un ritmo moderado con situaciones controladas y contención magnífica. No hay ningún sobresalto, ni elementos electrizantes que den el "sí debo" a entrar en la lista de las mejores películas del año. Digo el "sí debo", porque el "sí quiero" se presupone y se evidencia en los últimos 35-40 minutos de película: el desenlace contiene la mayor parte de carga dramática del metraje, y es lo que hace pasar la película de una experiencia interesante a un altísimo notable drama de época. El final, mediante el uso de un espejo, muestra a dos personajes dirigiéndose a direcciones que sabemos que son opuestas pero se nos enseñan como una misma en el plano. Dos caminos que llevan al mismo sitio: a la decadencia, a la pobreza, a la depresión. Huir o quedarse, qué más da: un sueño americano roto, una desilusión tras otra, ilusos que creen que "la Tierra de las oportunidades y el hogar de los valientes" es el país de las esperanzas. No hay sueños posibles en la isla de Ellis, es más: allí es donde se rompen.


The Immigrant es una película eminentemente interior, muy teatral. Darius Khondji mediante la fotografía consigue yuxtaponer amarillos anaranjados con grises negreceos. Luces, sombras y siluetas que funcionan a la perfección en espacios pequeños y estrechos, pero no tanto en exteriores. Eso sí, tanto en interior como en exterior el magnífico trabajo de sus actores remarca la descarga dramática del autor. Marion Cotillard sufre, como su personaje, y cautiva con su mirada perdida puesta en su hermana y la isla de Ellis; y Joaquin Phoenix confirma una vez más que es uno de los actores más preparados de la actualidad. Después de amenazar con dejar el cine en 2008 con el mockumentary de Casey Affleck, Phoenix ha demostrado ser capaz de encadenar recital interpretativo con recital interpretativo (Her, The Master, ahora The Immigrant). También es destacable Jeremy Renner, un buen actor con malas elecciones de papeles, aunque su personaje en esta película es sólo un escalón más hacia el clímax dramático. The Immigrant no se cuela en las listas de lo mejor del pasado año por la dura competencia y un arranque medido a fuego muy lento. Pero una cosa es segura: es cine del grande. Del que debería aspirar a premios.

Lo mejor: el reparto y sus actuaciones, la fotografía, ese plano final.
Lo peor: poca fuerza del personaje de Renner, a la película le falta "desatarse" en su primera mitad.

P. S.: ¿Qué es el título que le han puesto en España a una película que podría haberse titulado perfectamente como La Inmigrante? Una carcajada en la cara de James Gray, una broma de mal gusto del traductor, una traducción de alguien que no ha ni atendido ni entendido al filme. Un insulto a la película y a sus guionistas, porque precisamente la isla de Ellis es donde todos los sueños se tuercen y se hacen pedazos.
Título: Transcendence
Director: Wally Pfister
Guión: Jack Paglen, Jordan Goldberg, Alex Paraskevas, Wally Pfister
Fotografía: Jess Hall
Año: 2014
Duración: 119 min.
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. Pictures / Alcon Entertainment
Reparto: Johnny Depp, Rebecca Hall, Paul Bettany, Kate Mara, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Cole Hauser, Clifton Collins Jr., Josh Stewart, Olivia Taylor Dudley


Crítica por @PauGarcia179


Wally Pfister, el director de fotografía de la mayoría de las películas de Christopher Nolan, debuta en la dirección con 'Transcendence'. Con la ayuda del director de 'Batman Begins' en labores de producción, saca adelante esta película que cuenta con algunos de los actores habituales de Nolan , como Cillian Murphy y Morgan Freeman. 

Will Caster es el más importante investigador en materia de inteligencia artificial. Aunque obtiene elogios y  despierta admiración entre muchos, también se ha ganado antipatías desde los sectores más anti-tecnológicos. Después de una conferencia, Caster es víctima de un atentado que le deja al borde de la muerte. Para salvar su consciencia, su mujer y un amigo (también científicos como Caster), deciden conectarlo a una inteligencia artificial.

Hay que reconocerlo: el inicio es prometedor. Se nos presenta, mediante un flashforward, un futuro en el que la tecnología ya no se utiliza. Sin duda, ese principio despierta el interés del espectador y genera expectativas para saber qué ha pasado para llegar a esta situación, pero cuando salimos del flashforward y empieza la narración lineal, las cosas se empiezan a torcer. 



Para empezar, tenemos que aguantar la lamentable actuación de Johnny Depp, que parece sumarse a la escuela interpretativa de Colin Farrell y Ben Affleck. Gracias a su anti-actuación, consigue despertar en el espectador la más absoluta indiferencia por lo que pueda pasarle al personaje que interpreta. Es cierto que los guionistas tampoco acaban de dibujar bien al personaje, pero ni el actor, ni el propio director consiguen imprimirle un poco de alma.  El resto de personajes tampoco acaban de estar bien retratados, y por ejemplo vemos pasar por ahí a Cillian Murphy, correcto (pero vacío) como policía del FBI y a Morgan Freeman, que hace creíbles sus líneas de diálogo por muy absurdas que puedan ser. El amigo científico es quizás el mejor personaje, con sus dudas y sus humanas contradicciones, y además Paul Bettany está creíble en todo momento. Rebecca Hall también se esfuerza en dar un poco de vida a Evelyn, la mujer del protagonista, pero aunque lo intenta no puede hacer verosímil la historia de amor si su pareja argumental nos importa un rábano y el actor que lo interpreta no se toma en serio su actuación. 


'Transcendence' intenta hablar sobre los peligros de la tecnología y en concreto de la inteligencia artificial, planteando que ésta se podría volver en nuestra contra. Stephen Hawking (entre otros científicos) reflexionaba sobre esto en un artículo publicado en The Independent, y advertía de los peligros de la inteligencia artificial: "El éxito en la creación de IA podría ser el más grande acontecimiento de la humanidad. Desafortunadamente, también podría ser el último."  Y es algo que también pretende transmitir la película, pero la verdad es que el guión está tan plagado de errores y la ejecución resulta tan inverosímil que no nos lo podemos tomar en serio, a pesar de sus aires de grandilocuencia y solemnidad, que justamente actúan en su contra. 

Está muy bien querer dar un poco de cuerpo, de reflexión a la película, faltaría más, pero si se opta por el camino de la seriedad y la trascendencia, el guión tiene que estar a la altura de esa ambición. Por desgracia, aquí es tan poco consistente que roza lo ridículo. Y es que seguramente, el director acaba transmitiendo lo contrario a sus intenciones: si quiere que el espectador se inquiete y se formule preguntas, el planteamiento tiene que ser mínimamente verosímil; si no lo es, le resta importancia al debate propuesto e instala a los espectadores en una falsa tranquilidad respecto a la inteligencia artificial. Esa falsa tranquilidad, esa burbuja de indiferencia que invita al conformismo puede ser peligrosa, como advierten los científicos en el artículo de The Independent, porque la inteligencia artificial ya es una realidad y avanza rápidamente. 



'Transcendence' no funciona ni como película de ciencia-ficción, ni de acción (demasiado aburrida para ser un blockbuster) ni tampoco como historia romántica, porque pese al noble intento de Rebecca Hall de insuflar vida a su personaje ahí está Johnny Depp para neutralizar lo conseguido por su compañera de reparto y hacer totalmente inviable la conexión emocional del espectador con los protagonistas del film. Los aires de trascendencia y solemnidad solo se palpan en la superficie y en el fondo no hay más, de manera que la película se convierte en un frívolo intento de reflexión acerca de la tecnología y la inteligencia artificial. 

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