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Crítica de @PauGarcia179
David Fincher dirigía en 2008 ‘The Curious Case of Benjamin Button’, historia basada en un relato de Francis Scott Fitzgerald con guión de Eric Roth (autor de los libretos de ‘Forrest Gump’, y ‘Munich’, entre otros). Tras rodar ‘Zodiac’, una de sus mejores películas, Fincher se atrevía con un proyecto difícil que, según el que esto escribe, acabaría llevando a buen puerto, aunque no esté al nivel de ‘Seven’, ‘Fight Club’ o la reciente ‘GoneGirl’. La película cuenta con una premisa curiosa, intrigante y atractiva: Benjamin Button es un hombre extraordinario que nació siendo anciano y que con los años rejuvenece en vez de envejecer como el resto de mortales. A partir de esta premisa y como excusa argumental, la película describe la vida de Button, sus particularidades debido a su extraña condición pero también como un ser humano cualquiera. En ese sentido, David Fincher consigue dotar a su historia de una gran verosimilitud a pesar del elemento fantástico que da pie a la película.

Aunque pocas veces se ha visto un protagonismo tan absoluto del personaje principal, lo cierto es que el filme consigue capturar la vida de muchos personajes del film que no llegan ni a secundarios, pero que Fincher sabe imprimirles magia y verdad en sus pocos momentos estelares. De la misma forma, es realmente sobrecogedor el inicio del relojero que homenajea con un gran reloj en marcha atrás a los jóvenes muertos en la guerra ("para volver al pasado y que regresen a sus vidas"), o una de las secuencias que conecta las casualidades de distintas vidas cruzadas y que nos viene a remarcar la aleatoriedad que gobierna nuestras vidas. A estas alturas parece redundante señalar la excelencia técnica de David Fincher y su impecable realización, pero nunca está de más alabar el que es sin duda uno de los grandes contadores de historias del cine actual. El metraje puede resultar alargado (dura nada menos que 2h y 47 minutos), y el ritmo no es el mismo que, por ejemplo, ‘Gone Girl’, pero si el espectador conecta con la historia, quedará hipnotizado ante este despliegue de detalles y vida en fotogramas.


Al contrario que ‘Panic Room’, que indignaba por su superficialidad, aquí David Fincher se pone trascendental y entrega una película de gran profundidad que reflexiona sobre el paso del tiempo sirviéndose como excusa de la condición de Benjamin Button, y aunque el filme expresa la certeza que aunque el reloj vaya adelante o hacia atrás (en el caso de Benjamin Button), los años pasan y no vuelven, quedan muestras de optimismo que llenan de esperanza los corazones de los espectadores. No es casualidad que el filme acabe con una imagen del gran reloj del principio de la película, que en realidad sirve de resumen de la tesis que acompaña el filme. 

A todo esto no podemos olvidar mencionar la fantástica labor de la dirección artística y de maquillaje, pues al contrario que en otras películas (estoy pensando en ‘Jersey Boys'), se refleja la vejez de forma auténtica en los actores que no tienen la edad de los personajes que interpretan, especialmente cuando el paso del tiempo se tiene que reflejar en su aspecto físico. La banda sonora, a cargo de Alexandre Desplat, también se erige como uno de los aciertos de la película, pues acompaña la narración de forma asombrosa y refuerza, cuando debe, los momentos más emotivos.

Con ésta su séptima película, David Fincher ofrece un relato emotivo, reflexivo y cargado de vida, profundidad y sentimiento que se aleja de la historia criminal -su aparente especialidad- demostrando al mundo que sabe contar otro tipo de historias,.
[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
La delgada línea que separa realidad y ficción ya ha sido tratada por Fincher a lo largo de toda su filmografía. 'The Game', 'Fight Club', la recientemente estrenada 'Gone Girl' son claros ejemplos. Pero en todas ellas se sufre de sobre-explicación: la vida real y la reinterpretación de la misma por parte de sus personajes se separan de forma evidente en el clímax de la película, para despejar dudas al espectador y que vuelva a su hogar con la lección aprendida. Todo lo contrario ocurre en 'Zodiac': los hechos reales y las falsas pistas alimentan las dudas de policía, medios de comunicación y sobre todo espectador sobre donde se encuentra y donde termina la estela del verdadero asesino del Zodiaco, creando la sensación más de documento histórico que de experiencia fílmica: los crímenes que este cometió durante casi dos décadas, mantuvieron aterrorizados a los habitantes del norte de California. Pero lo que hizo que entrara en el imaginario colectivo de la ciudad y cautivó a Fincher a la hora de realizar esta película de 2007 fue la relación que el peculiar homicida mantuvo tanto con los inspectores de policía como con la prensa local. El criminal mandaba mensajes en clave con referencias a la ópera, al cine o a la astrología (lo que le hizo ganarse tan reconocible apodo), amenazaba con sembrar escuelas de cadáveres, y llegó a atribuirse un total de 37 crímenes sin resolver repartidos por ciudades de todo el norte de California (de los cuales 7 han sido confirmados como suyos y 6 más se tienen archivados como posibles).

Muchos aseguraron haberle conocido, y cientos de aficionados elaboraron diversas hipótesis sobre la identidad del asesino: algunas aventuran que fue arrestado por otros delitos, otros que el susodicho ya había fallecido. Pero la policía de San Francisco nunca confirmó la veracidad de ninguna de estas versiones. Los sufridos investigadores del caso de este asesino en serie siguieron diversas investigaciones, la más fiable la que apuntaba a Arthur Leigh Allen como principal sospechoso. Todas ellas fueron derrocadas (esta última por diferencias con las huellas dactilares y la caligrafía) y aún a día de hoy permanece como una incógnita a resolver. En esta narración coral, retrato de los veinte años de actividad del asesino del Zodiaco, el personaje de Gyllenhaal (que como todos, completa una superlativa actuación) es lo más parecido al espectador, que encuentra en 'Zodiac' un ensayo sobre la obsesión absorbente que atrapa a todos sin dejarles escapar: no es ni un thriller (aunque es tenso) ni una película de intriga (aunque la tiene), pero la atmósfera fincheriana campa a sus anchas por toda la película y provoca la inmersión inmediata de todo aquél que se atreva a inmiscuirse en el proceso investigativo a seis (a veces ocho) manos. 'Zodiac' es un drama sobre una investigación policial sin rumbo ni fin, así que a lo mejor es más apropiado hablar de ella como una investigación dramática.


Una larga (sobretodo) descripción de cómo se recogen pruebas, y lo enfermizo que es el trabajo policial: lento, cansino, minucioso. Descubrir que todo detalle, por pequeño que sea, puede ser determinante a la hora de evitar la muerte de más personas, y lo fatal que es reencontrar ese detalle tiempo más tarde de cuando se tendría que haber hecho. Conocer de primera mano cuál es la inmensa frustración que supone darse de bruces contra puertas cerradas, puertas tapiadas y calles sin salida. Fincher consigue plasmar con elegancia, profundidad, excelencia técnica y sin emitir juicios morales los principales temas de su filmografía: el miedo a lo desconocido y la fascinación por las zonas oscuras del alma del ser humano con este relato sobre un psycho-killer que extiende el pánico entre la población.

La crónica de una época y el clasicismo narrativo aunados en este primer filme moderno de Fincher se aleja finamente de la pirotecnia de obras como 'Fight Club' o 'The Game' y se convierte en todo lo que 'La dalia negra' de Brian De Palma quiso ser pero no pudo. Otra imperdible obra del realizador americano.
[[Crítica de @PauGarcia179]]
Era el año 2002 y había mucha expectación por ver lo nuevo de David Fincher tras sorprender a propios y extraños con ‘Fight Club’, esa obra maestra protagonizada por Edward Norton y Brad Pitt. Finalmente, David Fincher se decidió por dirigir ‘Panic Room’, cuyo libreto lo firma David Koepp, cineasta responsable del guión de ‘Carlito’s Way’ (Brian de Palma, 1993), entre muchos otros. ‘Panic Room’ explica la historia de Meg Altman –recién separada- y de su hija Sarah, que se trasladan a una mansión de Nueva York escandalosamente lujosa. Sin embargo, tres ladrones invaden su hogar y madre e hija se esconden en “la habitación del pánico”, un refugio con cuatro muros de hormigón, línea telefónica independiente y monitores para controlar el resto de la casa. 


La película empieza con unos planos de la ciudad de Nueva York mientras los títulos de crédito se adaptan al paisaje urbano sobrepoblado de irritante publicidad, para pasar inmediatamente a lo importante del asunto: la descripción de la nueva casa. El problema es que ni David Fincher ni el guionista se toman la molestia de describir mínimamente los personajes. No sabemos nada de la supuesta protagonista, la mujer interpretada por Jodie Foster, ni de su hija en la ficción, interpretada aquí con solvencia por una jovencísima Kristen Stewart (bastante antes de dejarse vampirizar accediendo a protagonizar ‘Twilight’ y sus interminables secuelas). Lo único salvable en la descripción de personajes es el momento de peligro en el que Sarah, la hija, recita los títulos de los álbumes de The Beatles en voz alta para mantener la calma, uno de esos detalles que dan vida a los personajes.

El buen hacer de las dos actrices consigue que nos creamos los personajes y que su devenir en la historia nos importe mínimamente. Por otra parte, en la banda de ladrones tenemos al malo malísimo de turno (Dwight Yoakam), al malo que en realidad es bueno que hemos visto en 300 películas antes que esta (Forest Whitaker) y al supuesto líder de la banda, un niñato pijo interpretado por Jared Leto. Más allá de que Whitaker consigue que le creamos como una buena persona, poco hay que destacar en las interpretaciones de los ladrones.

El malo que es bueno, el malo malísimo y el pijo
Con un desarrollo tan pobre e inverosímil, con esa inexistente descripción de personajes (problemas que ya estaban en el guión), ¿qué vio David Fincher en esta historia para querer llevarla a la gran pantalla, después de haber logrado una obra como ‘Fight Club’? La respuesta la podemos encontrar en ciertos billetes de color verde, o quizás (siendo muy benévolos con el director), la voluntad de transformar un guión más bien mediocre en un digno producto audiovisual que cautivara al espectador no con una gran historia ni personajes, sino con su puesta en escena y estilo.

A favor de David Koepp, el guionista, hay que decir que entre las páginas del libreto ya había atisbos de tensión, suspense y atmósfera asfixiante, elementos que Fincher refuerza sobremanera a través de su atractivo estilo y experta puesta en escena. También, suponemos, debió de ser un reto para el director el rodar en prácticamente todo el filme en un mismo lugar, una mansión cuyo lujo y exuberancia encierra un reverso oscuro cuando se revela contra los personajes que en él habitan.

De acuerdo, 'Panic Room' es entretenida y se sigue con interés. Pero a pesar de esa tensión bien conseguida, de la solvencia de las interpretaciones y del fascinante estilo de David Fincher, el filme encierra en su excelsa forma el más absoluto de los vacíos, una película hueca de una superficialidad alarmante que la condenan en el limbo de las películas bien realizadas pero que no dejan en el espectador el más mínimo poso o recuerdo tras su visionado.  
[[Crítica de @marckwire21]]
Difícil empresa a la que se enfrentó David Fincher tras reinventar el género thriller cuando dirigió en 1995, 'Seven'. Aunque la historia que precede a 'The Game' viene de antes: concretamente casi 4 años antes que el film protagonizado por Pitt y Freeman viera la luz. En 1991 John Brancato y Michael Ferris ('Terminator 3 y 4', 'Surrogates') escribieron el guión original de la película que terminó comprando Metro Goldwyn Mayer para posteriormente ser usado por la productora Propaganda Films. En ella, Kyle MacLachlan y Bridget Fonda iban a ser los protagonistas, dirigidos por Jonhatan Mostow, pero el rodaje que supuestamente iba a comenzar a principios de 1993 sufrió un nuevo cambio unos meses antes ya que, en 1992 el proyecto pasó a manos de Polygram Filmed Entertaiment sin Mostow al mando en la dirección y convertido en productor ejecutivo de la misma. Fue Steve Golin (productor de 'Being John Malkovich', 'Eternal sunshine of the spotless mind', 'Babel') quien compró el guión a MGM y se lo entregó a un Fincher que venía de rodar 'Alien 3'. La experiencia al frente de la tercera entrega de la famosa saga de ciencia-ficción se resume en esta frase que el director dijo: 'I thought I'd rather die of colon cancer than do another movie.' En su mesa estaban ambas propuestas y el realizador americano decidió empezar con 'The Game' antes que con 'Seven', pero cuando Brad Pitt dio el ok a protagonizar la película, esta obtuvo prioridad.

Este hecho le fue de perlas a 'The Game', pues el éxito de 'Seven' ayudó a incrementar el presupuesto que la productora le tenía asignado inicialmente. El director solicitó la ayuda de Andrew Kevin Walker con quien terminaba de trabajar para adaptar y pulir detalles del guión original de 'The Game' en el que, entre otras cosas, ambos dieron al personaje de Nicholas Van Orton el matiz perfecto para crear un hombre totalmente apático, cínico y odioso a más no poder. La elección y visto bueno de Michael Douglas para el papel protagonista fue el pistoletazo de salida para empezar a rodar la producción pese a que este al principio se mostrara un poco reticente debido a la escasa fama de la distribuidora por aquel entonces. Un año antes de su estreno, en el Festival de Cannes de 1996, Polygram anunció que Jodie Foster sería la coprotagonista junto a Douglas, pero Fincher se sentía incómodo poniendo a una estrella de su calibre en un rol secundario e incluso pensó en reescribir el papel de Conrad Van Orton y convertirlo en la hija del mismo para que Foster pudiera interpretarlo. Tras hablar con ella se descubrió un problema de fechas ya que la actriz norteamericana iba a rodar próximamente la adaptación de la novela de Carl Sagan 'Contact' con Zemeckis y le era imposible participar en la película. Tras el no de Foster se preguntó a Jeff Bridges, pero este no aceptó, quizás porque se acababa de estrenar su último trabajo a finales de 1996 'The love has two faces', y tenía en su mano el papel de The Dude en 'The Big Lebowski'. Finalmente sería Sean Penn quien daría vida a Conrad Van Orton. El film se estrenó el 12 de septiembre de 1997. Habían pasado ya seis años desde que Brancato y Ferris escribieran aquel primer guión.


Un inversor económico millonario, irascible, cínico y lleno de manías llamado Nicholas Van Orton (Michael Douglas) recibe durante una reunión con su hermano Conrad (Sean Penn), una invitación exclusiva para participar en CRS, una empresa dedicada al entretenimiento capaz de ofrecer la experiencia definitiva a clientes en busca de sensaciones nuevas. Aunque al principio Nicholas se muestra reacio termina aceptando la invitación de Conrad y se inscribe en el CRS. A partir de ese momento una serie de sucesos extraños empezaran a ocurrir en la vida del arisco millonario donde nada ni nadie es lo que parece ser.

Tras parir 'Alien 3', Fincher tuvo gemelas. Dos bellas y hermosas cintas a las que el realizador americano crió y aplicó todos sus conocimientos, aunque no de manera equitativa. Con la llegada de la pubertad y tras ello la madurez, la más joven de ambas rápidamente encontró pareja estable en detrimento de la mayor, que seguía soltera y sin tener claro que hacer con su vida. El éxito personal y sobretodo profesional de 'Seven' sobrevino en una inyección de moral y ánimo para su hermana mayor ayudándole por fin a salir de esa depresión en la parecía estar a punto de abocarse. Una vez la vida de 'Game' se estabilizó tanto a nivel sentimental como profesional pudo al fin, sentirse libre, sentirse película. La sensación que siempre me produce ver este tercer trabajo de Fincher es la de que 'Seven' se llevó todas las buenas ideas o mejor dicho, se benefició de todas las grandes ideas que tanto Fincher como su guionista Andrew Kevin Walker fueron capaces de aplicarle. Para muestra un botón, el giro final, en una es la pieza comercial que la elevó a lo más alto y en la otra es, de largo, la parte menos creíble y el estorbo más grande del film. Ni comparo ni afirmo que sean similares, iguales o que ambas me transmitan las mismas sensaciones. 'Seven' es una obra maestra de principio a fin y 'The Game'...es la hermana fea. No hay más. 'The Game' es Danny de Vito en 'Twins'.


Esta pieza de relojería fabricada con esmero por Fincher basa todo su potencial en el despiste, en mostrar la cantidad justa y necesaria de información para que el espectador no sepa más de lo debido hasta llegar a la escena final. El realizador americano no trata en ningún momento de que empaticemos con Nicholas, al contrario, en ciertos momentos nos causa hasta molestia algunos de su comportamientos. Fincher quiere que acompañemos y nos sintamos tan desorientados como él, que no sepamos más que lo que el propio Van Orton sabe de lo que está pasando. 'The Game' es un thriller que no aspiraba a otra cosa que a estar en la lista de los mejores thrillers de la historia aportando un nuevo giro de tuerca con su final, un simple juego, valga la redundancia, que Fincher rodó como tal. Una vez la maquinaria de situaciones extrañas se pone a funcionar, el personaje de Michael Douglas entra en una espiral donde el tiempo parece no pasar, el drama viene fijado por la relación con su hermano Conrad, extrovertido, despreocupado y al que Nicholas ayudó en el pasado sumado al suicidio de su padre que por desgracia presenció. Todos los factores dramáticos incrementan esa soledad arisca de Van Orton, su trato con todo el mundo sin excepción es de lo mas repulsivo, seco y antipático. Las escenas con la camarera, con su ama de llaves, con su ex-mujer, con el mendigo del callejón, con el hombre que le pide papel en el baño. Típico triunfador que no acepta la derrota, inmerso en su propios pensamientos. El final es la parte más floja aunque todo en la película este enfocado a él, las pocas situaciones y diálogos que se dan en los 20 minutos finales están más que cogidos por los pelos, los 'y si...' se multiplican en cualquier conversación cinéfila que salga este film nombrado. El suspense hasta ese punto esta generado más por la potencia de sus imágenes visuales y su banda sonora que por la historia en cuestión y donde el espectador, llegado a ese punto, anda ya más que desorientado, anda agotado. Verdaderamente hay quien la considera la peor película de David Fincher, quizás estén en lo cierto, desde luego las tiene mejores como fueron 'Seven', 'Fight Club' o la actual 'Gone Girl', pero si todas las películas malas tuvieran la elegancia y atención al detalle que tiene esta 'The Game' o mismamente 'Panic Room', yo, me doy por satisfecho. Tramposamente entretenida o entretenidamente tramposa. En cualquier caso, hay que reconocer que el primer visionado es el mejor, los siguientes son inútiles, los pocos detalles nuevos que se descubren son inservibles para renovar la valoración. 

La banda sonora está firmada por el ganador de 3 Oscar de la academia y habitual de Fincher, Howard Shore. Sus oscuras composiciones para 'The Game' son geniales aunque algo repetitivas, el piano pausado incrementa ese mundo solitario de Nicholas Van Orton en las escenas que este se encuentra sólo en la mansión y es el mismo piano con esas notas continuas y alejadas del resto las que en los momentos de suspense lo aísla dejándolo a merced de las circunstancias. Nada estridente y con un pulso firme es una de las piezas de la balanza para que 'The Game' mantenga un tono general que acompañado de la fotografía potente de un primerizo Harry Savides, que venía de estrenarse con 'Heaven´s Prisoners', lleven a muchos de los detractores de este film a despreciarla como les gustaría. Un thriller pulido y perfeccionado durante años como si de un reloj suizo se tratara y quizás sea esto mismo lo que le resta interés, quiero decir, un reloj clásico por muy perfecto que sea no pasa de dar la hora y poco mas, quizás cuando la alarma suene salga un pájaro, o una princesa, o un caballero armado, pero de ahí, no pasa, es un reloj y su función es dar la hora, como la de 'The Game' es embaucar al espectador con un guión donde 2+2 no son 4 sino 25, donde la suma de los factores sí altera el producto. Un simple juego, un juego de transición que Fincher matizó tanto como le fue posible y del que sinceramente nadie podría haber sacado más jugo.
Crítica de @PaulPorcoRosso
Puede ser que Seven sea el descendiente directo al cine de aquella obra maestra que confeccionó Lynch para el formato doméstico sobre el asesinato de Laura Palmer. No digo que sea porque Fincher se fijó en Twin Peaks para elaborar la que, para mí, es su gran obra maestra, sino porque la atmósfera constante que consiguen crear tanto él como el director de fotografía iraní Darius Khondji (cuyo trabajo hemos visto este año en The Immigrant) es claramente heredado del sentimiento que hizo grande aquella serie de principios de los noventa: el enemigo está en el ambiente. El mal en estado puro está presente no sólo en cada esquina, sino que rodea a los personajes en forma de estado de ánimo, climatología y suciedad. Seven es EL thriller, y también hereda, como todo thriller que se precie un mínimo, de aquella rareza de los ochenta llamada El elemento del crimen que puso en el panorama cinéfilo mundial a un joven e irreverente danés de 28 años, Lars von Trier. Las referencias con las que estoy jugando no son, parafraseando al conde Drácula, cosa de risa, y si así lo dejo escrito es porque así lo creo.

El asesino de la cinta, el llamado Dole (Spacey), resulta tan particular que la película (y con ella la audiencia) se rinde a sus pies y a su pesimista visión sobre el ser humano con apenas 20 minutos en pantalla. Sí, la actuación del que cuatro años más tarde sería el ganador del Oscar por su participación en la superlativa American Beauty es de aúpa, pero lo que hace que Dole se meta en el bolsillo a todo el mundo es el concepto de sus asesinatos. Cada muerte, cada caso, cada aberrante construcción de espacios grotescos y sádicos encierra a la bestia en la que se ha convertido un ser humano como resultado de su vida en una civilización en decadencia, materializada en las calles sucias y abarrotadas de una ciudad eternamente lluviosa sin nombre. Sommerset (Freeman) es el viejo maestro, y Mills (Pitt) es el alumno que, después de una intensa investigación que cambiará su vida para siempre, se convertirá en el propio asesino.


La contribución de Ficher al filme es más que una excelente dirección de actores, que consigue sacar lo mejor de cada uno de ellos (con mención especial a Morgan Freeman, cuyo Sommerset es la fotografía que sale al lado de la definición de 'detective cansado' en cualquier diccionario), es la pausa y meticulosidad que le otorga a la cinta en aras de la creación de ambiente. La cámara de Fincher son, mayormente, lo mismo que los ojos analizadores y expertos de Sommerset: cada rocambolesco y barroco espacio al que asistimos es observado con planos reflexivos, casi contemplativos, a veces con la deliciosa partitura de Shore acompañando, a veces con las melodías de Bach, y en general con la música de la realidad. Gritos, sollozos, verdades como puños de Freeman a Pitt y luego de Freeman  a Paltrow.

En definitiva, Seven es toda una obra magna del thriller, con la que muchos autores posteriores han querido reflejarse pero no han podido sino parecer una burda copia barata ante tan mastodóntica producción. Irrepetible y mágica.
[[Crítica de @PauGarcia179]]
Tras la adaptación cinematográfica –y remake- del bestseller de Stieg Larsson, David Fincher, como tantos otros directores actuales (Gus Van Sant, Martin Scorsese y hasta Lars von Trier) probó suerte en la televisión dirigiendo los dos primeros capítulos de ‘House of Cards’. Se ha confirmado que también adaptará la versión americana de ‘Utopia’, otra serie inglesa, pero actualmente podemos disfrutar de su último trabajo en las salas de cine de nuestro país, una maravilla llamada ‘Gone Girl’. 

El día de su quinto aniversario de boda, Nick denuncia la desaparición de su esposa Amy. Muy querida en la ciudad, la desaparición de Amy despertará la atención de los medios de comunicación y aunque al principio los dos parecían formar la pareja ideal, Nick será considerado, en un insoportable clima de atención mediática, uno de los principales sospechosos del secuestro o asesinato de Amy. 

David Fincher es probablemente uno de los directores más perfeccionistas de la actualidad; como Stanley Kubrick en su tiempo, a Fincher no le importa repetir un plano 50 veces si a la 50ª toma consigue crear esa magia cinematográfica o capturar verdad en sus fotogramas. Si un actor quiere trabajar con el director de ‘Fight Club’, ya sabe que tendrá que llenar todas las reservas de paciencia. Por el contrario, existen cineastas como Clint Eastwood, que confiesa que si tiene listo un plano en 2 tomas, mejor que en 4. El director de ‘Unforgiven’ llegó a declarar que si un realizador necesita rodar tantas tomas, quizás “es que no sabe lo que quiere”. En cualquier caso, ese perfeccionismo de Fincher le lleva a rozar la excelencia técnica en cada uno de los planos en ‘Gone Girl’, con un sentido de la composición de plano perfecto al que ayuda, sin duda, el gran trabajo de fotografía realizado por Jeff Cronenweth (con ésta, su cuarta colaboración con Fincher). Como viene siendo habitual en los films del director de ‘The Social Network’, el montaje de ‘Gone Girl’ es una maravilla, y combina de forma elegante y ágil diferentes espacios, tiempos y personajes del relato. 


Además, aquí David Fincher hace gala de un extraordinario pulso narrativo, aderezado, obviamente, por el gran montaje que comentaba. La premisa –desaparición de una mujer- no es el tema más original, pero el director consigue captar el interés del espectador en las casi dos horas y media de metraje, lo cual nos da una idea de la capacidad de Fincher como contador de historias. Pero no creáis que lo único destacable es el bonito envoltorio y la excelencia técnica –como si esto fuera poco-, porque además de una bien conseguida atmosfera –reforzada por la gran banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross, la película también nos ofrece un recital interpretativo de –ojo a esto- Ben Affleck, que no parece el mismo que traspasaba los límites de la anti-actuación en ‘Argo’, y de Rosamund Pike.

Todo esto lo encontramos en esta película adaptada por Gillian Flynn de su propia novela en la que tanto ella como Fincher ofrecen una visión crítica del matrimonio al tiempo que aprovechan para afilar sus dardos en contra de esos medios de comunicación que básicamente se hacen de oro vendiendo las miserias de la gente. La película, pues, es provocadora, incómoda y, curiosamente, con un negrísimo y sutil sentido del humor (en ese aspecto el papel de Tyler Perry aporta su grano de arena interpretando al abogado) que suman puntos positivos para la que es, sin duda, una de las mejores películas del año y también del propio director. 

'Gone Girl' es una película que pese a su ordinaria premisa tiene un desarrollo de lo más original, es un film bien servido por David Fincher que de buen seguro molestará a las mentes más conservadoras y a los medios de comunicación a los que se critica en la cinta. En cierta forma, pues, 'Gone Girl' cumple esa genial máxima de Lars von Trier de "el cine debe ser como una piedra en el zapato''.


Título: Gone Girl
Director: David Fincher
Guión: Gillian Flynn
Fotografía: Jeff Cronenweth
Duración: 145 min.
Año: 2014
País: Estados Unidos
Productora: 20th Century FOX / New Regency
Reparto: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Kim Dickens
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