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[[Crítica de @marckwire21]] 
Un réquiem es la misa de difuntos de la religión católica, un ruego por las almas de los muertos, reproducido justo antes del entierro o en las ceremonias de conmemoración o recuerdo. Encontrar un sello personal tras más de 100 años de cine no era una tarea fácil. Tras un par de cortos y esa brillante rareza de opera prima llamada 'Pi: Faith in caos' en 1996, el americano Darren Aronofsky estrenaba en el año 2000 fuera de competición durante el festival de Cannes, una producción basada en la novela de mismo nombre publicada por Hubert Selby Jr. en 1978, 'Requiem for a dream'. En el libro de Selby Jr. (que también participó en el guión junto a Aronofsky) se refleja su propia experiencia. Nacido en 1928, en 1943 con 15 años se enroló en el ejército para 4 años más tarde ser enviado de vuelta a Estados Unidos debido a que había contraído tuberculosis y los médicos no le daban mas de un año de vida. Al no existir antibióticos fue tratado con un medicamento experimental, estreptomicina. Durante una operación, los cirujanos le retiraron varias costillas para poder acceder a sus pulmones con la mala suerte que uno de ellos se colapsó. La cirugía salvó a Selby Jr. al estirparle la mitad de uno de sus pulmones que a cambio le dejaría severos y graves problemas respiratorios de por vida. Postrado en la cama durante años fue en esta época cuando Selby Jr. se volvió adicto a los analgésicos y a la heroína que lastrarían su vida hasta llevarlo a la tumba. También fueron los años en los que inició su carrera como escritor; sus dos grandes trabajos 'Last exit Brooklyn' en 1961 y 'Requiem for a dream' han sido adaptados al cine en donde el novelista aparece en pequeños papeles. Seis años después de su primera novela en 1961, fue detenido por posesión de heroína y encerrado tres meses en la cárcel de Los Ángeles, donde se había mudado desde Brooklyn intentando dejar las drogas. A la salida de prisión con 39 años, Selby Jr. estaba completamente limpio y así permaneció hasta el día de su muerte donde incluso se negó a recibir morfina para suavizar los problemas que padecía. Hubert Selby Jr. murió en 2004 fruto de una obstrucción pulmonar crónica. 

El film esta interpretado por Ellen Burstyn, una veterana actriz secundaria que en el año 2000 sólo contaba con su papel como la madre de Linda Blair en 'The Exorcist' de 1979 como trabajo mas sonado. Hace poco la vimos en 'Interstellar'. También Jared Leto en su primer papel protagonista tras aparecer en 'Fight Club', 'Girl interrupted' o 'Urban Legend'. Jennifer Connelly, la eternamente joven actriz norteamericana conocida por sus éxitos  ochenteros 'Phenomena' o 'Labyrinth', venía de participar en 'Dark City' y 'Pollock' entre otras. Marlon Wayans, el pequeño de los Wayans, ese mismo año aparecía en dos cintas mas, 'Dungeons & Dragons' y la primera de la venida a menos saga, 'Scary Movie'. Su participación en el film de Aronofsky no deja de ser una sorpresa y su primer papel dramático.Producida por Artisan Entertainment y Thousand Words. La fotografía corre a cargo del habitual de Aronosfsky, también de Spike Lee y ocasionalmente de Joel Schumacher, Matthew Libatique, el ganador de un Oscar y un BAFTA por 'Black Swan'. Su trabajo en'Requiem for a dream' era el tercero en su carrera tras 'Pi: Faith in Chaos' y 'Tigerland'. La música es obra del grandioso Clint Mansell, compuesta por él e interpretada por Kronos Quartet convierten el tema principal casi en un himno mundialmente reconocido por todos, una banda sonora inolvidable y reversionada para la segunda parte de 'The Lord of the Rings'. Era el segundo trabajo de Mansell y ya se podía intuir en el un gran potencial que como no Aronofsky, supo aprovechar mas tarde haciéndolo su compositor fetiche.

Sara Goldfarb (Ellen Burstyn) es una mujer mayor, viuda y con un hijo que esta a punto de abandonar el nido,  Harry (Jared Leto). Sola en la vida, y tras ser engañada con asistir a un programa de autoayuda al que es adicta, Sara empezará a tomara todo tipo de pastillas recetadas por el medico hasta adelgazar lo suficiente para cuando la llamen del programa. Harry es adicto a la cocaína y a Marion (Jennifer Connelly), su novia. Tyrone (Marlon Wayans), el mejor amigo de Harry y también adicto, le sugiere la idea de empezar a traficar y conseguir el suficiente dinero como para vivir tranquilamente y dejarlo a tiempo.


Difícil año en los Oscar para 'Requiem for a dream' ya que había otra película en cartel con el tema de las drogas como telón de fondo, 'Traffic', con grandes estrellas en los papeles principales. Pero no sólo en el apartado de mejor película lo tuvo difícil para obtener la nominación sino también en uno donde a priori debería haberlo estado, el premio a la mejor banda sonora. En dicha categoría ese año terminaron nominados nombres tan importantes como Hans Zimmer, Ennio Morricone o John Williams: casi nada. Lo sorprendente es que fuera Tan Dun por 'Crouching Tiger Hidden Dragon' quien se llevara la estatuilla finalmente. Tampoco se entiende que Julia Roberts se llevara el galardón a mejor actriz por su papel en 'Erin Brokovich' antes que Ellen Burstyn, incomprensible. Esta fue la única nominación a los Oscar que obtuvo 'Requiem for a dream'. Al margen de estar nominada en la misma categoría para los Globos de Oro que tampoco ganaría, la película sí consiguió hacerse con premios en otros festivales entre los que se encuentran la espiga de oro de la SEMINCI en Valladolid a mejor película, y mejor fotografía y actriz en los Independent Spirit.

No creo que haya otra película para hacer sesión doble con 'Trainspotting' que 'Requiem for a dream'. Ciertamente la cinta de Aronofsky se adentra muchísimo más en el drama, pero ambas son igual de crudas y desgraciadamente realistas. Pocas producciones consiguen dejar tan mal cuerpo en el espectador como lo hace esta, un drama cruel y sombrío tejido desde el inicio con un ritmo frenético y un montaje trepidantemente minucioso. Técnicamente es impecable, la fotografía lúgubre y oscura que aporta Libatique junto a las variaciones del tema principal de la película de Mansell crean en el espectador la misma sensación que tienen los protagonistas respecto a la creencia de que es posible cumplir sus sueños. Las notas del tema 'Lux Aeterna' son calmadas en su inicio creando un malrollismo horrible al que la velocidad y las cada vez mas repetidas notas altas van creando esa falsa expectativa de que el sueño americano se puede conseguir, empezar de 0 y hacerse rico para unos o salir en la televisión y sentirse viva para otra. Olvídense de moralinas y de finales edulcorados porque al igual que en la vida real, en 'Requiem for a dream', no los hay. Cuatro personajes que en realidad son dos pero realmente es uno, la adicción. Adicción a los programas de TV, a las pastillas, a los analgésicos, a las anfetaminas, a la heroína, a la cocaina, al café, a la comida, a todo, todo se convierte en adicción cuando no controlamos su consumo o su uso. 'Requiem for a dream' tiene un montaje vibrante y un increscendo vertiginoso, innumerables planos subjetivos, planos detalle, todo se acelera y no hay vuelta atras. En este apartado, la cinta de Aronofsky es tremenda efectiva, no hay duda que su estrambótico montaje deja en constante sacudida la mente del espectador. Increíble el papel de Ellen Burstyn, magnifica, superlativa, la mejor de todo el film. Su personaje Sara Goldfarb es apaleado por la soledad y usado por un sistema que no entiende de personas y si de números. Inconscientemente crueles y llamativas son sus amigas/vecinas que parecen salidas de una producción de Tim Burton y que empujan definitivamente a Sara. Las féminas protagonistas son las que peor llevan su adicción y quienes acaban siendo carne de cañón o de oveja mejor dicho, en un mundo de lobos. La adicción del personaje de Jennifer Connelly es la que peor cuerpo pone. Marion es la unica que no termina con secuelas exteriores, sino interiores, las peores, ya que su adicción solo acaba de empezar a crecer y no hay vuelta atrás. Jared Leto y Wayans me parecen aceptables, ambos estaban empezando y se nota, el peso de las escenas grandes recae en las veteranas Burstyn y Connelly. Son Sara, Harry, Marion y Tyrone, cuatro personas que bajarán a los infiernos para conocer la realidad del sueño americano y los peligros de las adicciones incontroladas. Un mundo oscuro en el que fácilmente se puede caer como le pasa a Sara, quien cree estar haciendo lo correcto en todo momento. Impactante, distinta y realista, el primer gran trabajo a nivel de crítica y público de Darren Aronofsky confirmaba que había un nuevo director en el barrio, y que su mierda, era buena.
Crítica/análisis de @PaulPorcoRosso
Antes de que empecéis a leer, que sepáis que esta crítica/análisis está repletita de spoilers. Aunque spoiler de un libro que fue escrito hace más de dos mil años... Anda que no habéis tenido tiempo de leerlo (o como mínimo informaros), vagos, que sois unos vagos. Que os esperáis a la película para todo.

Siempre he pensado que la Biblia es el libro más completo de la historia de la literatura. No me refiero a su valor de adoctrinamiento y generación de nuevos adeptos para la religión que se tercie, sino que hablo del valor más puramente literario. En la narración abundan fratricidios, parricidios y matricidios, coprofagia, torturas, sexo, incestos, incontables romances, y mensajes de amor y paz, pero también de miedo y desesperación. Su adaptación al cine en manos de un experto autor será siempre cuanto menos una experiencia interesante: ahí están clásicos mastodónticos como Il Vangelo secondo Matteo de Pier Paolo Pasolini (por cierto, ateo declarado) o cualquiera de las épicas adaptaciones de Cecil B. De Mille (míticas por sus reposiciones constantes en Semana Santa), y la más moderna The Passion of the Christ de Mel Gibson (que levantó ampollas en ateos y cristianos).

Noah sigue la estela de todas las películas de Aronofsky, tratando la obsesión de su personaje protagonista. Noé es un hombre obsesionado con cumplir la voluntad de Dios pase lo que pase, no importa quién se interpone en su camino. Aronofsky se pega a la espalda de su protagonista. Le acosa, le interroga. Le trata como un amigo, como un compañero. Como si el largometraje fuera una manera de conocerle mejor, responder las preguntas que siempre se han tenido sobre él. Y el protagonista vive. Siente, padece, sueña. Y escucha los mensajes de su Creador, el único ante el que tiene que responder. Noé es descendiente de los primeros hombres, y respeta las doctrinas que le han transmitido de generación en generación. Vive bajo ese dogma, con la esperanza de que el ente Creador (Aronofsky no usa en ningún momento la palabra "Dios") le perdone los pecados de su gente y tarde o temprano le deje volver al paraíso. Y eso es efectivamente lo que ocurre. Se le transmite a Noé mediante un sueño poco claro que el mundo está demasiado corrompido, que los hombres no aprecian a su Creador, no intentan redimirse de sus pecados y que la única manera de salvar la humanidad es con agua, porque el agua limpiará sus errores. Pero hay seres que no merecen esta suerte. Como los animales. Todo lo que vuela. Todo lo que se arrastra, repta y serpentea. Elefantes, antílopes, perros. Noé deberá construir un arca de madera enorme de dos pisos con la ayuda de los Ángeles Caídos (que también buscan redención de su Creador), de su sufrida esposa y de sus tres hijos (a los que se les reduce la edad respecto al relato bíblico), y refugiarse en ella junto a su familia cuando el cataclismo acuático llegue.

La primera borrachera de la historia. Por ende, la primera resaca y los
primeros arrepentimientos...

Poco a poco, y con mucha épica de por medio (como la lucha entre Hombres y Ángeles Caídos), Aronofsky retrata las motivaciones de Noé, que solo busca cumplir la voluntad de su Creador. Motivaciones que con el paso del tiempo se convierten en una psicosis paranoide: llega a la conclusión de que nadie merece ser salvado, ni él mismo. Noé sólo ha sido usado para que los animales, que sí respetan la Tierra que les ha otorgado, puedan salvarse, y la humanidad merece extinguirse con el último de los hijos de Noé. Este descenso mental a los infiernos del judío evidencia sus carencias como hombre. Y esa es la parte más importante del relato: Noé es sólo un hombre. Un hombre con fe. No es un héroe, ni un Dios, sólo el hombre adecuado para la tarea que se le encomienda. Vive con la pureza más absoluta intentando redimirse de los errores de sus ancestros. Y eso le convierte en el indicado para el trabajo sucio.

No has visto llover hasta que ves Noah.

Noé no está solo en este relato. Su mujer Emzara, sus hijos Cam, Sem y Jafet, y la adoptada Ila le acompañan durante toda la acción. Emzara aguantando sus delirios y apoyándole en todas sus decisiones como mujer sufrida, Ila y Sem tratando de mantener su relación pese a la infertilidad de ella, y Jafet pululando por ahí como uno más, pero sin intervenir demasiado en el desarrollo de la trama (es el más joven de los tres). Y Cam. Cam es la encarnación del mal de los Hombres en la familia de Noé. Pero ¿porqué? En realidad, por culpa de Noé. Noé, obcecado con el mal de los Hombres y después de haber visto sus rituales y sus actos entre impuros e inhumanos, le entra en la cabeza que ni él mismo debe ser salvado por el Creador (pues se ve reflejado en la maldad humana debido a su obsesión por cumplir los deseos de Dios), y por lo tanto sus hijos no deben tener descendencia. Un golpe demasiado duro para Cam, adolescente en la película, que anhela sobre todas las cosas hallar lo que su hermano Sem ha encontrado: el amor. Y eso genera odio hacia su padre, odio que se incrementa con la ayuda de Tubal Caín (líder de los Hombres y primo de Noé) que lo que busca es el amor de su Creador.

Noé ve los pecados de los Hombres. Como es cercano al infierno en
la Tierra, todo está en llamas.

Está claro que Noé es el máximo protagonista de la cinta, lo que no está tan claro es quién es el antagonista principal. El mismo Noé es el primero: como protagonista, su primera lucha es interna con él mismo, su fe contra su corazón, la obsesión por contentar a su Creador contra el amor que siente por su familia. Otro es Tubal Caín, su némesis externa, más evidente. Este quiere ser Noé, su pecado es la envidia. La envidia y que es el líder de una sociedad que repudia a su Creador por haberles confinado en la Tierra y haberles echado del Paraíso. Descendiente del mismo Caín, ese hombre despreciable que traicionó a su propio hermano, no comprende porque su señor le ha abandonado, porqué no quiere que los suyos se salven. No ve en su forma de vivir la vida una traición al Creador, y eso le sentencia a la muerte por agua. Se va a limpiar su maldad mediante la muerte. Porque Tubal Caín es la maldad personificada. Cuando consigue colarse en el arca y se encuentra con Cam (que acaba de perder a la que hubiera sido su futura mujer por culpa de su padre), este le enseña la maldad al hijo de Noé. Le muestra la venganza, la traición. El método de salvación de la humanidad corrompido por la entrada del Mal en sí mismo.

Matusalén salió de su cueva.

El personaje más misterioso (a la par que importante) del filme es sin duda Matusalén, el abuelo de Noé. Aparece poco, pero cuando lo hace es crucial para hacer avanzar la trama y ayudar a Noé, como un anexo del Creador asentado en la Tierra. Él ayuda a Noé a aclarar sus visiones, le da a este una semilla del paraíso para hacer crecer árboles para construir el arca, y (cuando Emzara se lo pide) le devuelve a Ila la capacidad de engendrar, asegurando así la supervivencia de la humanidad. Tres actos cruciales dignos de un enviado del Creador a la Tierra, ¿no? Un hombre que lleva vivo tanto tiempo acorde con la naturaleza que es capaz de obrar milagros. Gracias a él, además, los Ángeles Caídos (o Vigilantes) ayudan a Noé a construir el arca, y con ello, estos se ganan otra vez la entrada en el cielo. El círculo cerrado: error, penitencia, perdón y redención.


Para los que no conozcan a Aronofsky, igual se quedan sorprendidos con el derroche tanto técnico como narrativo que es Noah, pero a los ya experimentados en su filmografía no les sobresaltará un pelo. La contención no es plato de buen gusto para el autor de Nueva York. Y aquí abundan los montajes nombrados "hip-hop" típicos de su cine, las magníficas partituras de Clint Massell y, como ya he contado ampliamente, su temática habitual. Aronofsky 100%. Bueno. Quizás, la principal diferencia con las anteriores obras del neoyorkino es que el monstruo interior que se concibe dentro del personaje protagonista y le persigue durante toda su vida no conduce en este caso a Noé ni a la locura (como en Black Swan, Pi, Faith in Caos) ni a la muerte (como en Requiem for a Dream, The Wrestler), sino a la redención y por lo tanto eliminación de dicho monstruo.

Otra muestra del poderío visual de Noah.

La confección de este Noé débil en su grandeza tan sumamente humano en esta entrada de los demonios a su psique corre a cargo de un maravilloso Russel Crowe recuperándose del bache que fue Man of Steel con esta medida contención de la sensibilidad que define a la perfección al personaje. Emma Watson, Jenifer Connelly, Logan Lerman, Anthony Hopkins. Todos estos nombres de sobra conocidos cruzan por el metraje y aportan un plus de calidad y credibilidad con sus actuaciones como Ila, Emzara, Cam y Matusalén respectivamente. En realidad sólo Douglas Booth, que interpreta a Sem (el personaje peor definido de la cinta junto a Jafet), se queda un poco atrás en las geniales actuaciones de sus compañeros y compañeras. Y Ray Winstone, que en algunos momentos se pierde en el exceso de un personaje difícil de interpretar. En el apartado visual, la incansable ayuda de Matthew Libatique le sirve como siempre a Aronofsky para devolverle a la superproducción un toque autoral, y dota a las localizaciones, a los escenarios y objetos de una magia propia. Su juego con sombras, contraluces y colores extremos y vivos es otro de los grandes puntos a favor de Noah.

Matthew Libatique se mantiene en el nivel de calidad esperado.

Y más o menos eso es todo lo que tengo que decir sobre esta mastodóntica superproducción de autor. El otro día @PauGarcia179 me comentaba que la "fuga de cerebros" de grandes directores contratados para dirigir películas de la saga de Star Wars que se está retomando ahora con J. J. Abrams, podía significar que nos estábamos perdiendo grandes obras por tener a estos autores dirigiendo blockbusters. No podría estar más en desacuerdo. El fichaje de estos autores (entre los que se encuentran Gareth Edwards, Josh Trank y Rian Johnson) es una muestra de genialidad por parte del CEO de Disney. Por fin los descarados presupuestos de las producciones de verano serán usados para hacer algo digno de su precio. La revolución del blockbuster de calidad ya ha llegado (Dawn of the Planet of the Apes, la increíblemente bien dirigida Godzilla), y se hará fuerte con Star Wars: el modelo Michael Bay ha muerto (más grande, más rápido, más ruidoso). Noah es una película basada en la Biblia, sí. Pero no debe echar para atrás a los que, como yo, son ateos. Ante todo, Noah es cine, y además, cine en mayúsculas. Una de las primeras historias de ciencia ficción de la humanidad, recontada por un autor magnífico.

Título: Noah
Director: Darren Aronofsky
Guión: Darren Aronofsky, Ari Handel
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 2014
Duración: 138 min.
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures / New Regency
Reparto: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Emma Watson, Anthony Hopkins, Ray Winstone, Logan Lerman, Marton Csokas, Dakota Goyo, Douglas Booth
Después de un par de cortometrajes, Darren Aronofsky consiguió llevar a cabo su primer largometraje, 'Pi: Faith in Chaos'. La película, que contaba con un presupuesto de 60.000$, fue financiada gracias a las inversiones de amigos y familiares del director, a quiénes prometió devolverles 150$ (habían invertido 100$) si el film recaudaba dinero. Finalmente, Aronofsky ganó el Premio a Mejor Director en el Festival de Sundance y recaudó más de 3.000.000 de dólares, por lo que no tuvo problemas para devolver el dinero a sus peculiares inversores. 

Max Cohen, es un brillante matemático judío que intenta decodificar el sistema numérico que rige el mercado bursátil, pero sus investigaciones llamarán la atención de una firma de Wall Street y una secta judía, y éstas no pararán de acosar al matemático, que adolece, además, de constantes y brutales jaquecas.

A pesar de que su mentor le advierte, a través de una historia de Arquímedes, que para tener éxito en su búsqueda debe descansar y no obsesionarse, el protagonista parece hacer justamente lo contrario y cada vez se muestra más cerrado en sí mismo, más solitario,  más antisocial. Convencido que todo se puede representar a través de los números, olvida su naturaleza humana y vive solo para las matemáticas, completamente enloquecido.

Sean Gullete hizo un gran trabajo como el matemático Max Cohen
En su ópera prima, el director de 'Black Swan (2010) transmite una atmósfera agobiante que lo siente el protagonista pero lo acabamos sintiendo también nosotros. Sin duda, la fotografía en blanco y negro de Matthew Libatique ayuda a crear ese ambiente opresivo como el piso del protagonista, con su ordenador y otros aparatos y ese lavabo tan sucio y desagradable. Mención aparte merece la música electrónica a cargo de Clint Mansell, pues también tiene buena parte de la culpa de conseguir esa atmósfera de la que hablaba. Además, el trabajo de Sean Gullette como el obsesivo matemático es digno de alabar: la locura la transmite como si fuera algo completamente real. 

Lo anteriormente explicado es probablemente lo mejor de la película, pues 'Pi: Faith in Chaos', al menos para el que esto escribe, es "sólo" un arriesgado ejercicio de estilo del director, sin que la historia pueda llegar a calar en el espectador, absorto en una experiencia sensorial y cinematográfica que no transmite ningún tipo de emoción. Sí consigue mostrar la locura del protagonista, puede incluso que intente caricaturizar los fanáticos religiosos y criticar el materialismo de los tiburones de Wall Street, pero yo no consigo ver aquí grandes reflexiones sobre la vida, la fe o el conocimiento que la temática de la película parece indicar; quizás, es simple y llanamente que mi mente no es capaz de decodificar lo que el director quiere expresar. 

No es la mejor película de Aronofsky, no es 'Black Swan', pero afortunadamente no es algo tan absurdo y pretencioso como 'The Fountain'. Con mucho menos presupuesto y con los pies en el suelo, el cineasta consiguió una obra superior a la protagonizada por Hugh Jackman y Rachel Weisz. 'Pi: Faith in Chaos' es, resumiendo, una valiente e interesante ópera prima con una agobiante atmósfera y una gran interpretación del actor principal, que se confunde con el personaje llegando a transmitir como nadie la obsesión y la locura de quién busca lo inalcanzable.    

Lo mejor: la atmósfera y la interpretación del actor protagonista
Lo peor: que no me transmita nada y al final incluso me deje algo indiferente

Título: Pi: Faith in Chaos (Pi: Fe en el Caos)
Director: Darren Aronofsky
Guión: Darren Aronofsky
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 1998
Duración: 85 min.
País: Estados Unidos
Productora: Harvest Film Works Truth & Soul / Planttain Films  
Reparto: Sean Gullette, Mark Margolis, Ben Shenkman, Pamela Hart, Stephen Pearlman, Samia Shoaib, Ajay Naidu, Kristyn Mae-Anne Lao, Lauren Fox
Crítica de @PaulPorcoRosso
Hasta la fecha su última película, pensada originalmente para ser incorporada como subtrama en su anterior trabajo (The Wrestler, 2008), pero finalmente convertida en largometraje, Black Swan reafirma a Aronofsky como un director con gusto por los personajes turbios (e inexistentes) a los que consigue definir de 'dentro hacia afuera', des de la mente hacia el comportamiento. Por ella, la actriz israelí Natalie Portman, protagonista absoluta del filme, recibió el Óscar a Mejor Actriz Principal (el único que se llevó la película de 5 nominaciones), Óscar discutido, después de las declaraciones de Sarah Lane (doble de Portman), desmentidas más tarde por el mismo Aronofsky. Con o sin polémica, Black Swan es obra maestra y, junto a Requiem for a dream, joya de la corona de su filmografía.

Nina (Portman) vive por y para la danza. Es una excelente bailarina que forma parte de una compañía de ballet en Nueva York a la que han elegido para interpretar a la Reina Cisne en el estreno de la reinterpretación de 'El lago de los cisnes'. Su controladora madre (Barbara Hershey), con la que vive, su rivalidad con otra bailarina, Lily (Mila Kunis), y las exigencias del director de la compañía, Leroy (Vincent Cassel), acercarán peligrosamente a Nina a un estado de confusión mental y nerviosismo a medida que se aproxima el día del estreno de la obra.

Aronofsky se convierte (buscándolo o no) por algo más de 100 minutos en el Haneke más insano, en el primer Polanski y en el Lars von Trier más obsesivo. Todo en uno. Igual que en cuestión de géneros. El filme empieza como un sosegado drama y aumenta en tensión (al igual que el acomplejamiento de la mente de la protagonista) para acabar convirtiéndose en un (muchas veces escalofriante) thriller psicológico. Un viaje en picado hacia los rincones más oscuros de la mente de Nina, una interpretación del duro y desgastante mundo del ballet.

Durante este intenso viaje, asistimos al mejor papel (y mejor interpretación) de Portman: cómo nos habla con la mirada y atrapa a la cámara con sus movimientos hipnóticos. Además está acompañada de un elenco de secundarios que están magníficos, de entre los que cabe destacar a Barbara Hershey, Cassel, y Mila Kunis. La primera, por su magnífica madre obsesiva, el segundo por cómo llena la pantalla con su seca expresión, y la tercera por el derroche de sensualidad del que hace gala. Bien es cierto que esas interpretaciones de poco valdrían si no fueran acompañadas por un brutal trabajo de sonido, la siempre exquisita banda sonora orquestada por Clint Mansell, y la fotografía opresiva, malsana, con clara diferenciación entre blancos y negros de Matthew Libatique. Todos los elementos juntos convierten todas las escenas en una coreografía magnífica, una perfección exultante.

Y esos poco más de cien minutos de música, baile, ritmo, sonido, y, en definitiva, puro cine culminan al final en un apoteosis de perfecta unión entre el bien y el mal, lo viejo y lo joven, lo oscuro y lo luminoso, lo blanco y lo negro. Una transformación dolorosa, un camino a la locura más pura e insana, la obsesión por la perfección llevada hasta el límite. "I was perfect", nos dice Aronofsky en boca de Nina (algo así como el This could be my masterpiece de Tarantino al final de Inglourious Basterds). Una afirmación tan rotunda como, al fin y al cabo, cierta.

Título: Black Swan (Cisne negro)
Director: Darren Aronofsky
Guión: John McLaughlin, Mark Heyman, Andres Heinz
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 2010
Duración: 109 min.
País: Estados Unidos
Productora: Fox Searchlight Pictures
Reparto: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder, Barbara Hershey, Christopher Gartin, Sebastian Stan, Benjamin Millepied, Ksenia Solo, Janet Montgomery, Kristina Anapau, Mark Margolis, Tina Sloan, Marcia Jean Kurtz
Crítica de @PauGarcia179
'The Fountain' (2006) es la siguiente película del director Darren Aronofsky tras el éxito de 'Requiem for a dream' (2000). Podría pensarse que Aronofsky no habría de tener problemas para financiar la película, pero lo cierto es que el filme tuvo graves problemas de producción, cancelándose por un tiempo el proyecto, con cambios de reparto  y reescrituras de guión. Finalmente, el director de la intensa 'Black Swan' (2010) consiguió tener lista su película seis años después con la mitad del presupuesto previsto.

Tommy (Hugh Jackman) es un científico que intena curar  tumores cerebrales a través de la experimentación con monos. Su mujer, Izzi (Rachel Weisz), está enferma de cáncer, y Tommy intentará por todos los medios encontrar una cura para ella, quién escribió un libro cuyo final aún no está escrito.  

La película empieza con una secuencia con el personaje de la novela de Izzi, Tomás, interpretado también por Jackman, que intenta encontrar el Árbol de la vida, la fuente de la vida eterna, para traerla a la Reina de España y recuperar así el control del país que ahora está en manos del Inquisidor, además de conseguir la vida eterna y vivir junto con la Reina (también Rachel Weisz) eternamente. A partir de ahí, la película alterna el presente, con el científico y su mujer, la novela de Izzi y un futuro con Hugh Jackman con tatuajes, cabeza rapada y haciendo ejercicios de meditación y Taichí.


El argumento es extremadamente confuso y da la sensación de no saber qué es lo que realmente está pasando, qué es real y que es puramente simbólico. En una entrevista-conversación entre Hugh Jackman y Rachel Weisz, comentaban que cuando leyeron el guión no tenían una idea muy clara sobre el argumento, pero que la idea de fondo era la necesidad de aceptar la muerte para poder vivir la vida. Si los propios actores no saben de qué va el argumento podéis haceros una idea de lo que va a saber el espectador.


Aronofsky intenta hablarnos de la muerte, de los esfuerzos sobrehumanos que puede llegar a hacer una persona para intentar salvar un ser querido, pero lo cierto es que se pierde en un filme extremadamente fragmentado, sin hilo conductor, sin profundizar demasiado en la historia principal (que suponemos que es la del científico, pero todo puede ser) insistiendo en las desventuras de Tomás el conquistador y de Tom el monje astronauta de cabeza rapada, siendo esta última parte bastante repetitiva para el espectador, estupefacto ante la pantalla sin saber qué demonios le están contando.

Como siempre digo, se agradecen las historias originales que parten de un punto de vista personal y que no responden a fórmulas prefabricadas u objetivos puramente comerciales, ese cine de autor que resiste y que a pesar de las superproducciones, de esas películas fácilmente digeribles que se ven sin pensar y que luego se olvidan, ahí sigue, con una voz clara y firme que dice que el cine es algo más que un pasatiempo mundano que se consume para evadirse de la realidad.


Sin embargo, que sea cine de autor, original y diferente, no quiere decir, obviamente, que sea una buena película, y, para el que esto escribe, este es el caso de 'The Fountain', una propuesta atrevida que lamentablemente se queda en un intento, pues tanto su mensaje como su argumento llega confuso al espectador, que debido a lo fragmentado de la trama es incapaz de adentrarse en esta historia de amor, de vida y muerte.

Lo mejor: El intento de Aronofsky de hacer algo diferente, innovador, poco convencional y con un mensaje que trascienda.
Lo peor: Que se quede en eso, en un intento y no llegue a ser una buena película de autor.  

Título: 'The Fountain'
Director: Darren Aronofsky
Guión: Darren Aronofsky, Ari Handel
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 2006
Duración: 96 min
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. Pictures / Regency Enterprises
Reparto: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Sean Patrick Thomas, Donna Murphy, Cliff Curtis, Mark Margolis, Stephen McHattie, Ethan Suplee
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