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[[Crítica de @marckwire21]] 
Un réquiem es la misa de difuntos de la religión católica, un ruego por las almas de los muertos, reproducido justo antes del entierro o en las ceremonias de conmemoración o recuerdo. Encontrar un sello personal tras más de 100 años de cine no era una tarea fácil. Tras un par de cortos y esa brillante rareza de opera prima llamada 'Pi: Faith in caos' en 1996, el americano Darren Aronofsky estrenaba en el año 2000 fuera de competición durante el festival de Cannes, una producción basada en la novela de mismo nombre publicada por Hubert Selby Jr. en 1978, 'Requiem for a dream'. En el libro de Selby Jr. (que también participó en el guión junto a Aronofsky) se refleja su propia experiencia. Nacido en 1928, en 1943 con 15 años se enroló en el ejército para 4 años más tarde ser enviado de vuelta a Estados Unidos debido a que había contraído tuberculosis y los médicos no le daban mas de un año de vida. Al no existir antibióticos fue tratado con un medicamento experimental, estreptomicina. Durante una operación, los cirujanos le retiraron varias costillas para poder acceder a sus pulmones con la mala suerte que uno de ellos se colapsó. La cirugía salvó a Selby Jr. al estirparle la mitad de uno de sus pulmones que a cambio le dejaría severos y graves problemas respiratorios de por vida. Postrado en la cama durante años fue en esta época cuando Selby Jr. se volvió adicto a los analgésicos y a la heroína que lastrarían su vida hasta llevarlo a la tumba. También fueron los años en los que inició su carrera como escritor; sus dos grandes trabajos 'Last exit Brooklyn' en 1961 y 'Requiem for a dream' han sido adaptados al cine en donde el novelista aparece en pequeños papeles. Seis años después de su primera novela en 1961, fue detenido por posesión de heroína y encerrado tres meses en la cárcel de Los Ángeles, donde se había mudado desde Brooklyn intentando dejar las drogas. A la salida de prisión con 39 años, Selby Jr. estaba completamente limpio y así permaneció hasta el día de su muerte donde incluso se negó a recibir morfina para suavizar los problemas que padecía. Hubert Selby Jr. murió en 2004 fruto de una obstrucción pulmonar crónica. 

El film esta interpretado por Ellen Burstyn, una veterana actriz secundaria que en el año 2000 sólo contaba con su papel como la madre de Linda Blair en 'The Exorcist' de 1979 como trabajo mas sonado. Hace poco la vimos en 'Interstellar'. También Jared Leto en su primer papel protagonista tras aparecer en 'Fight Club', 'Girl interrupted' o 'Urban Legend'. Jennifer Connelly, la eternamente joven actriz norteamericana conocida por sus éxitos  ochenteros 'Phenomena' o 'Labyrinth', venía de participar en 'Dark City' y 'Pollock' entre otras. Marlon Wayans, el pequeño de los Wayans, ese mismo año aparecía en dos cintas mas, 'Dungeons & Dragons' y la primera de la venida a menos saga, 'Scary Movie'. Su participación en el film de Aronofsky no deja de ser una sorpresa y su primer papel dramático.Producida por Artisan Entertainment y Thousand Words. La fotografía corre a cargo del habitual de Aronosfsky, también de Spike Lee y ocasionalmente de Joel Schumacher, Matthew Libatique, el ganador de un Oscar y un BAFTA por 'Black Swan'. Su trabajo en'Requiem for a dream' era el tercero en su carrera tras 'Pi: Faith in Chaos' y 'Tigerland'. La música es obra del grandioso Clint Mansell, compuesta por él e interpretada por Kronos Quartet convierten el tema principal casi en un himno mundialmente reconocido por todos, una banda sonora inolvidable y reversionada para la segunda parte de 'The Lord of the Rings'. Era el segundo trabajo de Mansell y ya se podía intuir en el un gran potencial que como no Aronofsky, supo aprovechar mas tarde haciéndolo su compositor fetiche.

Sara Goldfarb (Ellen Burstyn) es una mujer mayor, viuda y con un hijo que esta a punto de abandonar el nido,  Harry (Jared Leto). Sola en la vida, y tras ser engañada con asistir a un programa de autoayuda al que es adicta, Sara empezará a tomara todo tipo de pastillas recetadas por el medico hasta adelgazar lo suficiente para cuando la llamen del programa. Harry es adicto a la cocaína y a Marion (Jennifer Connelly), su novia. Tyrone (Marlon Wayans), el mejor amigo de Harry y también adicto, le sugiere la idea de empezar a traficar y conseguir el suficiente dinero como para vivir tranquilamente y dejarlo a tiempo.


Difícil año en los Oscar para 'Requiem for a dream' ya que había otra película en cartel con el tema de las drogas como telón de fondo, 'Traffic', con grandes estrellas en los papeles principales. Pero no sólo en el apartado de mejor película lo tuvo difícil para obtener la nominación sino también en uno donde a priori debería haberlo estado, el premio a la mejor banda sonora. En dicha categoría ese año terminaron nominados nombres tan importantes como Hans Zimmer, Ennio Morricone o John Williams: casi nada. Lo sorprendente es que fuera Tan Dun por 'Crouching Tiger Hidden Dragon' quien se llevara la estatuilla finalmente. Tampoco se entiende que Julia Roberts se llevara el galardón a mejor actriz por su papel en 'Erin Brokovich' antes que Ellen Burstyn, incomprensible. Esta fue la única nominación a los Oscar que obtuvo 'Requiem for a dream'. Al margen de estar nominada en la misma categoría para los Globos de Oro que tampoco ganaría, la película sí consiguió hacerse con premios en otros festivales entre los que se encuentran la espiga de oro de la SEMINCI en Valladolid a mejor película, y mejor fotografía y actriz en los Independent Spirit.

No creo que haya otra película para hacer sesión doble con 'Trainspotting' que 'Requiem for a dream'. Ciertamente la cinta de Aronofsky se adentra muchísimo más en el drama, pero ambas son igual de crudas y desgraciadamente realistas. Pocas producciones consiguen dejar tan mal cuerpo en el espectador como lo hace esta, un drama cruel y sombrío tejido desde el inicio con un ritmo frenético y un montaje trepidantemente minucioso. Técnicamente es impecable, la fotografía lúgubre y oscura que aporta Libatique junto a las variaciones del tema principal de la película de Mansell crean en el espectador la misma sensación que tienen los protagonistas respecto a la creencia de que es posible cumplir sus sueños. Las notas del tema 'Lux Aeterna' son calmadas en su inicio creando un malrollismo horrible al que la velocidad y las cada vez mas repetidas notas altas van creando esa falsa expectativa de que el sueño americano se puede conseguir, empezar de 0 y hacerse rico para unos o salir en la televisión y sentirse viva para otra. Olvídense de moralinas y de finales edulcorados porque al igual que en la vida real, en 'Requiem for a dream', no los hay. Cuatro personajes que en realidad son dos pero realmente es uno, la adicción. Adicción a los programas de TV, a las pastillas, a los analgésicos, a las anfetaminas, a la heroína, a la cocaina, al café, a la comida, a todo, todo se convierte en adicción cuando no controlamos su consumo o su uso. 'Requiem for a dream' tiene un montaje vibrante y un increscendo vertiginoso, innumerables planos subjetivos, planos detalle, todo se acelera y no hay vuelta atras. En este apartado, la cinta de Aronofsky es tremenda efectiva, no hay duda que su estrambótico montaje deja en constante sacudida la mente del espectador. Increíble el papel de Ellen Burstyn, magnifica, superlativa, la mejor de todo el film. Su personaje Sara Goldfarb es apaleado por la soledad y usado por un sistema que no entiende de personas y si de números. Inconscientemente crueles y llamativas son sus amigas/vecinas que parecen salidas de una producción de Tim Burton y que empujan definitivamente a Sara. Las féminas protagonistas son las que peor llevan su adicción y quienes acaban siendo carne de cañón o de oveja mejor dicho, en un mundo de lobos. La adicción del personaje de Jennifer Connelly es la que peor cuerpo pone. Marion es la unica que no termina con secuelas exteriores, sino interiores, las peores, ya que su adicción solo acaba de empezar a crecer y no hay vuelta atrás. Jared Leto y Wayans me parecen aceptables, ambos estaban empezando y se nota, el peso de las escenas grandes recae en las veteranas Burstyn y Connelly. Son Sara, Harry, Marion y Tyrone, cuatro personas que bajarán a los infiernos para conocer la realidad del sueño americano y los peligros de las adicciones incontroladas. Un mundo oscuro en el que fácilmente se puede caer como le pasa a Sara, quien cree estar haciendo lo correcto en todo momento. Impactante, distinta y realista, el primer gran trabajo a nivel de crítica y público de Darren Aronofsky confirmaba que había un nuevo director en el barrio, y que su mierda, era buena.
[[Crítica de @marckwire21]]
'The Wrestler' es la cuarta película del imaginativo director descendiente de polacos, Darren Aronofsky. Se estrenó a finales de 2008 y principios de 2009, dos años más tarde desde su controvertido último trabajo, 'The Fountain'. Aronofsky y Mansell. Estos dos nombres deberían ser suficiente razón como para verla, pero estamos ante un caso especial donde sí se aprecia la mano de Aronofsky, pero la de Mansell no pasa más allá de una banda sonora de acompañamiento mínimamente audible y jugosa. La fotografía corre a cargo de Maryse Alberti que recibió el premio por su composición en los Independent Spirit Awards. Pero... poco importa, ya que el propio personaje principal, Robin Ramzinski aka Randy 'The Ram' Robinson (El Carnero), empaña cualquier otro trabajo realizado en la película. Mickey Rourke da vida a este luchador de wrestling regalándonos posiblemente la mejor interpretación de su vida, la culminación de una carrera llena de titubeos en la que después de estar relegado al ostracismo tras ser un mito de acción y erótico en los años 80-90 ('Angel Heart', 'Nine 1/2 Weeks' o 'Wild Orchid') resurgió cual ave fénix mostrándonos todos esos matices que hicieron de su carisma e interpretaciones, un ídolo. El papel iba a ser para Nicolas Cage, y por suerte para todos, al final fue Rourke el elegido. Grandioso acierto. Apuntar también que Rourke fue boxeador durante mucho tiempo. Aunque lo parezca, no está basada en ninguna historia real y tampoco es la biografía de 'The last warrior' ni de Hulk Hogan. En un top ten de películas de deportes, es imposible que este film de Aronofsky quedara fuera, por mucho que pasen los años, es la 'Toro Salvaje' del wrestling: épica, desgarradora y enternecedora al mismo tiempo. Premiada en varios festivales sobretodo por su parte actoral donde Rourke hizo su agosto llevándose el BAFTA a mejor actor y una nominación en los Oscar. Que no lo ganara fue culpa de Sean Penn y su interpretación en 'My name is Harvey Milk', de la cual no puedo opinar porque no la he visto. Marisa Tomei estuvo nominada a mejor actriz secundaria.

'The Wrestler' nos cuenta el final de la carrera de un luchador de wrestling muy famoso en los años 80, y actualmente en plena decadencia, el cual tiene una vida bastante complicada con una hija "abandonada" por su carrera, enamorado de una stripper entrada en años y los problemas físicos acarreados tras tanto tiempo recibiendo golpes y más golpes en el ring. Mickey Rourke protagoniza el film acompañado de Marisa Tomei dando vida a la stripper Casidy/Pam y Evan Rachel Wood como su hija Stephanie Robinson.


El carácter de Randy es muy diferente al que a priori os podáis imaginar, podríamos sintetizarlo en la frase: tiene un corazón que no le cabe en el pecho. Muestras de ello son las escenas con los niños, con la stripper de la que esta enamorado, con su hija (las escenas más dramáticas), incluso las conversaciones con otros luchadores antes de los combates, denota ser amable, cariñoso, que se "cuida" dada la vida que ha llevado, lleno de amor. Hablamos de un luchador de wrestling, no quiero decir que no tengan sentimientos este tipo de luchadores, pero es muy chocante esa actitud tan tierna en un tipo tan grande de aspecto físico idéntico casi al famoso luchador ochentero antes citado, 'The last warrior'. Emociona. La interpretación de Mickey Rourke es brutal, os creeréis que estáis viendo a un autentico luchador de este deporte. ¿Porqué es apodado "el Carnero"? Por su ataque especial, con el que remata a los contrarios, subiendo a la esquina del cuadrilátero y lanzándose con los codos por delante noqueando a cualquier contrincante. Los detalles sobre el mundo del wrestling son reveladores, dando un buen ejemplo en el combate final contra Ayatollah (Ernest Miller), asemejándose a aquellos míticos combates de los 80 que algunos, como yo, vivimos personalmente, 'The last warrior' vs. Hulk Hogan o Los Sacamantecas (The Bushwhackers) vs. El enterrador. Dejando a un lado la nostalgia, como dije, los detalles sobre este mundo son magníficos y ayudan mucho a meterse en situación. Solamente los créditos iniciales son una gran muestra de ello asi como el vídeojuego de Nintendo con The Jam vs Ayatollah o los entresijos y tretas preparadas por los luchadores antes de los combates. Randy viste un plumón, descosido por un brazo, como su cuerpo, como su vida, sucio, con pinta de no haber sido lavado nunca, embutiendo las carnes de una vieja leyenda dispuesta a luchar por esa ultima esperanza de tener una vida normal junto a su adorada stripper y conseguir la reconciliación con su olvidada hija. Pero a veces o casi siempre, la vida, no es como queremos y Randy lo termina por aceptar volviendo a los rings por última vez, donde se siente vivo, donde lo aman... el desenlace final os emocionará.

Los secundarios están más bien como adorno obteniendo mas protagonismo Marisa Tomei (Pam), la stripper de la cual esta enamorado Randy y por la que es capaz de todo que la propia hija de este. Realmente hay ciertos paralelismos entre la vida de la stripper y la vida del luchador, cada uno en su ambiente, cada uno con su estilo de vida, y ambos cansados de darlo todo por su público sin obtener ninguna recompensa después de tantos años frente a ellos. Adoro esa escena en la que Pam sube al escenario para bailar en la barra y se da cuenta que nadie está por ella, que nadie la mira, como cambia su mirada en cuanto ve a Randy entrar en el bar, igualaría esta escena a la vivida por Randy en la convención de fans cuando ve al resto de sus excompañeros a cuál más estropeado. Aun así, Pam se muestra mas indecisa y su tardanza en abrir los ojos será crucial en el destino de Randy. La hija, Evan Rachel Wood (Stephanie) es un adorno interesante, con un par de escenas y poco más consigue transmitir la tristeza encubierta en odio hacia su padre, imposible valorar el trabajo de Evan Rachel Wood ya que no pasa de 10 minutos en pantalla juntando todas sus intervenciones. Destacaría algunas escenas como la conversación con el niño y el "Call of Duty", la entrada en la charcuteria de un Randy dispuesto a comenzar una nueva vida (los gritos del público hasta antes de pasar la cortina de plástico) o la explosión de rabia en la charcuteria tras la insistencia de un cliente al reconocerlo. Mención especial para el polvo con la rubia, no por la escena en si, sino por la habitación donde luego despierta Randy con los posters de bomberos, impagable. En cuanto a la música y la frustación tras ver a Mansell en los créditos y después escuchar lo inútil de su aportación a la película no queda mucho mas que añadir, la banda sonora no original esta compuesta sobretodo por grupos de rock de los 80 con algún tema mas de The Scorpions, Guns ´N Roses o Cinderella, poco remarcable pero muy acorde con el film. La película arranca con un tema bastante conocido como es el "Bang Your Head" por Quiet Riot, de 1983, canción que es usada también por Randy en sus actuaciones. Al final de la película un grande como Bruce Springsteen acompaña los créditos finales con el tema principal titulado igual que la película, "The Wrestler". La verdad que realmente no sé hasta que punto hubiera hecho bien una banda sonora autentica y palpable de Mansell, quizás le hubiera dado un enfoque más oscuro, y la película en sí no lo necesita a mi modo de ver ya que Rourke lo abarca todo.


Existen películas en las cuales al igual que en el universo, un día, coinciden varios fenómenos dando lugar a un suceso extraordinario, algo fuera de lo habitual, que llama mecanismo la atención y que por alguna extraña razón, perdura en la memoria de aquellos que tienen la suerte de presenciarlo. Es exactamente, lo que ocurre en esta película. Da igual que no te guste el wrestling, da igual que odies ese deporte convertido en show, da igual que no soportes a Mickey Rourke, todo, absolutamente todo da igual porque, durante aproximadamente 100 minutos, vivirás, sufrirás y padecerás lo que Randy vive, sufre y padece. La historia de una bestia que conmueve.
[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
La delgada línea que separa realidad y ficción ya ha sido tratada por Fincher a lo largo de toda su filmografía. 'The Game', 'Fight Club', la recientemente estrenada 'Gone Girl' son claros ejemplos. Pero en todas ellas se sufre de sobre-explicación: la vida real y la reinterpretación de la misma por parte de sus personajes se separan de forma evidente en el clímax de la película, para despejar dudas al espectador y que vuelva a su hogar con la lección aprendida. Todo lo contrario ocurre en 'Zodiac': los hechos reales y las falsas pistas alimentan las dudas de policía, medios de comunicación y sobre todo espectador sobre donde se encuentra y donde termina la estela del verdadero asesino del Zodiaco, creando la sensación más de documento histórico que de experiencia fílmica: los crímenes que este cometió durante casi dos décadas, mantuvieron aterrorizados a los habitantes del norte de California. Pero lo que hizo que entrara en el imaginario colectivo de la ciudad y cautivó a Fincher a la hora de realizar esta película de 2007 fue la relación que el peculiar homicida mantuvo tanto con los inspectores de policía como con la prensa local. El criminal mandaba mensajes en clave con referencias a la ópera, al cine o a la astrología (lo que le hizo ganarse tan reconocible apodo), amenazaba con sembrar escuelas de cadáveres, y llegó a atribuirse un total de 37 crímenes sin resolver repartidos por ciudades de todo el norte de California (de los cuales 7 han sido confirmados como suyos y 6 más se tienen archivados como posibles).

Muchos aseguraron haberle conocido, y cientos de aficionados elaboraron diversas hipótesis sobre la identidad del asesino: algunas aventuran que fue arrestado por otros delitos, otros que el susodicho ya había fallecido. Pero la policía de San Francisco nunca confirmó la veracidad de ninguna de estas versiones. Los sufridos investigadores del caso de este asesino en serie siguieron diversas investigaciones, la más fiable la que apuntaba a Arthur Leigh Allen como principal sospechoso. Todas ellas fueron derrocadas (esta última por diferencias con las huellas dactilares y la caligrafía) y aún a día de hoy permanece como una incógnita a resolver. En esta narración coral, retrato de los veinte años de actividad del asesino del Zodiaco, el personaje de Gyllenhaal (que como todos, completa una superlativa actuación) es lo más parecido al espectador, que encuentra en 'Zodiac' un ensayo sobre la obsesión absorbente que atrapa a todos sin dejarles escapar: no es ni un thriller (aunque es tenso) ni una película de intriga (aunque la tiene), pero la atmósfera fincheriana campa a sus anchas por toda la película y provoca la inmersión inmediata de todo aquél que se atreva a inmiscuirse en el proceso investigativo a seis (a veces ocho) manos. 'Zodiac' es un drama sobre una investigación policial sin rumbo ni fin, así que a lo mejor es más apropiado hablar de ella como una investigación dramática.


Una larga (sobretodo) descripción de cómo se recogen pruebas, y lo enfermizo que es el trabajo policial: lento, cansino, minucioso. Descubrir que todo detalle, por pequeño que sea, puede ser determinante a la hora de evitar la muerte de más personas, y lo fatal que es reencontrar ese detalle tiempo más tarde de cuando se tendría que haber hecho. Conocer de primera mano cuál es la inmensa frustración que supone darse de bruces contra puertas cerradas, puertas tapiadas y calles sin salida. Fincher consigue plasmar con elegancia, profundidad, excelencia técnica y sin emitir juicios morales los principales temas de su filmografía: el miedo a lo desconocido y la fascinación por las zonas oscuras del alma del ser humano con este relato sobre un psycho-killer que extiende el pánico entre la población.

La crónica de una época y el clasicismo narrativo aunados en este primer filme moderno de Fincher se aleja finamente de la pirotecnia de obras como 'Fight Club' o 'The Game' y se convierte en todo lo que 'La dalia negra' de Brian De Palma quiso ser pero no pudo. Otra imperdible obra del realizador americano.
[[Crítica de @marckwire21]]
Difícil empresa a la que se enfrentó David Fincher tras reinventar el género thriller cuando dirigió en 1995, 'Seven'. Aunque la historia que precede a 'The Game' viene de antes: concretamente casi 4 años antes que el film protagonizado por Pitt y Freeman viera la luz. En 1991 John Brancato y Michael Ferris ('Terminator 3 y 4', 'Surrogates') escribieron el guión original de la película que terminó comprando Metro Goldwyn Mayer para posteriormente ser usado por la productora Propaganda Films. En ella, Kyle MacLachlan y Bridget Fonda iban a ser los protagonistas, dirigidos por Jonhatan Mostow, pero el rodaje que supuestamente iba a comenzar a principios de 1993 sufrió un nuevo cambio unos meses antes ya que, en 1992 el proyecto pasó a manos de Polygram Filmed Entertaiment sin Mostow al mando en la dirección y convertido en productor ejecutivo de la misma. Fue Steve Golin (productor de 'Being John Malkovich', 'Eternal sunshine of the spotless mind', 'Babel') quien compró el guión a MGM y se lo entregó a un Fincher que venía de rodar 'Alien 3'. La experiencia al frente de la tercera entrega de la famosa saga de ciencia-ficción se resume en esta frase que el director dijo: 'I thought I'd rather die of colon cancer than do another movie.' En su mesa estaban ambas propuestas y el realizador americano decidió empezar con 'The Game' antes que con 'Seven', pero cuando Brad Pitt dio el ok a protagonizar la película, esta obtuvo prioridad.

Este hecho le fue de perlas a 'The Game', pues el éxito de 'Seven' ayudó a incrementar el presupuesto que la productora le tenía asignado inicialmente. El director solicitó la ayuda de Andrew Kevin Walker con quien terminaba de trabajar para adaptar y pulir detalles del guión original de 'The Game' en el que, entre otras cosas, ambos dieron al personaje de Nicholas Van Orton el matiz perfecto para crear un hombre totalmente apático, cínico y odioso a más no poder. La elección y visto bueno de Michael Douglas para el papel protagonista fue el pistoletazo de salida para empezar a rodar la producción pese a que este al principio se mostrara un poco reticente debido a la escasa fama de la distribuidora por aquel entonces. Un año antes de su estreno, en el Festival de Cannes de 1996, Polygram anunció que Jodie Foster sería la coprotagonista junto a Douglas, pero Fincher se sentía incómodo poniendo a una estrella de su calibre en un rol secundario e incluso pensó en reescribir el papel de Conrad Van Orton y convertirlo en la hija del mismo para que Foster pudiera interpretarlo. Tras hablar con ella se descubrió un problema de fechas ya que la actriz norteamericana iba a rodar próximamente la adaptación de la novela de Carl Sagan 'Contact' con Zemeckis y le era imposible participar en la película. Tras el no de Foster se preguntó a Jeff Bridges, pero este no aceptó, quizás porque se acababa de estrenar su último trabajo a finales de 1996 'The love has two faces', y tenía en su mano el papel de The Dude en 'The Big Lebowski'. Finalmente sería Sean Penn quien daría vida a Conrad Van Orton. El film se estrenó el 12 de septiembre de 1997. Habían pasado ya seis años desde que Brancato y Ferris escribieran aquel primer guión.


Un inversor económico millonario, irascible, cínico y lleno de manías llamado Nicholas Van Orton (Michael Douglas) recibe durante una reunión con su hermano Conrad (Sean Penn), una invitación exclusiva para participar en CRS, una empresa dedicada al entretenimiento capaz de ofrecer la experiencia definitiva a clientes en busca de sensaciones nuevas. Aunque al principio Nicholas se muestra reacio termina aceptando la invitación de Conrad y se inscribe en el CRS. A partir de ese momento una serie de sucesos extraños empezaran a ocurrir en la vida del arisco millonario donde nada ni nadie es lo que parece ser.

Tras parir 'Alien 3', Fincher tuvo gemelas. Dos bellas y hermosas cintas a las que el realizador americano crió y aplicó todos sus conocimientos, aunque no de manera equitativa. Con la llegada de la pubertad y tras ello la madurez, la más joven de ambas rápidamente encontró pareja estable en detrimento de la mayor, que seguía soltera y sin tener claro que hacer con su vida. El éxito personal y sobretodo profesional de 'Seven' sobrevino en una inyección de moral y ánimo para su hermana mayor ayudándole por fin a salir de esa depresión en la parecía estar a punto de abocarse. Una vez la vida de 'Game' se estabilizó tanto a nivel sentimental como profesional pudo al fin, sentirse libre, sentirse película. La sensación que siempre me produce ver este tercer trabajo de Fincher es la de que 'Seven' se llevó todas las buenas ideas o mejor dicho, se benefició de todas las grandes ideas que tanto Fincher como su guionista Andrew Kevin Walker fueron capaces de aplicarle. Para muestra un botón, el giro final, en una es la pieza comercial que la elevó a lo más alto y en la otra es, de largo, la parte menos creíble y el estorbo más grande del film. Ni comparo ni afirmo que sean similares, iguales o que ambas me transmitan las mismas sensaciones. 'Seven' es una obra maestra de principio a fin y 'The Game'...es la hermana fea. No hay más. 'The Game' es Danny de Vito en 'Twins'.


Esta pieza de relojería fabricada con esmero por Fincher basa todo su potencial en el despiste, en mostrar la cantidad justa y necesaria de información para que el espectador no sepa más de lo debido hasta llegar a la escena final. El realizador americano no trata en ningún momento de que empaticemos con Nicholas, al contrario, en ciertos momentos nos causa hasta molestia algunos de su comportamientos. Fincher quiere que acompañemos y nos sintamos tan desorientados como él, que no sepamos más que lo que el propio Van Orton sabe de lo que está pasando. 'The Game' es un thriller que no aspiraba a otra cosa que a estar en la lista de los mejores thrillers de la historia aportando un nuevo giro de tuerca con su final, un simple juego, valga la redundancia, que Fincher rodó como tal. Una vez la maquinaria de situaciones extrañas se pone a funcionar, el personaje de Michael Douglas entra en una espiral donde el tiempo parece no pasar, el drama viene fijado por la relación con su hermano Conrad, extrovertido, despreocupado y al que Nicholas ayudó en el pasado sumado al suicidio de su padre que por desgracia presenció. Todos los factores dramáticos incrementan esa soledad arisca de Van Orton, su trato con todo el mundo sin excepción es de lo mas repulsivo, seco y antipático. Las escenas con la camarera, con su ama de llaves, con su ex-mujer, con el mendigo del callejón, con el hombre que le pide papel en el baño. Típico triunfador que no acepta la derrota, inmerso en su propios pensamientos. El final es la parte más floja aunque todo en la película este enfocado a él, las pocas situaciones y diálogos que se dan en los 20 minutos finales están más que cogidos por los pelos, los 'y si...' se multiplican en cualquier conversación cinéfila que salga este film nombrado. El suspense hasta ese punto esta generado más por la potencia de sus imágenes visuales y su banda sonora que por la historia en cuestión y donde el espectador, llegado a ese punto, anda ya más que desorientado, anda agotado. Verdaderamente hay quien la considera la peor película de David Fincher, quizás estén en lo cierto, desde luego las tiene mejores como fueron 'Seven', 'Fight Club' o la actual 'Gone Girl', pero si todas las películas malas tuvieran la elegancia y atención al detalle que tiene esta 'The Game' o mismamente 'Panic Room', yo, me doy por satisfecho. Tramposamente entretenida o entretenidamente tramposa. En cualquier caso, hay que reconocer que el primer visionado es el mejor, los siguientes son inútiles, los pocos detalles nuevos que se descubren son inservibles para renovar la valoración. 

La banda sonora está firmada por el ganador de 3 Oscar de la academia y habitual de Fincher, Howard Shore. Sus oscuras composiciones para 'The Game' son geniales aunque algo repetitivas, el piano pausado incrementa ese mundo solitario de Nicholas Van Orton en las escenas que este se encuentra sólo en la mansión y es el mismo piano con esas notas continuas y alejadas del resto las que en los momentos de suspense lo aísla dejándolo a merced de las circunstancias. Nada estridente y con un pulso firme es una de las piezas de la balanza para que 'The Game' mantenga un tono general que acompañado de la fotografía potente de un primerizo Harry Savides, que venía de estrenarse con 'Heaven´s Prisoners', lleven a muchos de los detractores de este film a despreciarla como les gustaría. Un thriller pulido y perfeccionado durante años como si de un reloj suizo se tratara y quizás sea esto mismo lo que le resta interés, quiero decir, un reloj clásico por muy perfecto que sea no pasa de dar la hora y poco mas, quizás cuando la alarma suene salga un pájaro, o una princesa, o un caballero armado, pero de ahí, no pasa, es un reloj y su función es dar la hora, como la de 'The Game' es embaucar al espectador con un guión donde 2+2 no son 4 sino 25, donde la suma de los factores sí altera el producto. Un simple juego, un juego de transición que Fincher matizó tanto como le fue posible y del que sinceramente nadie podría haber sacado más jugo.
Crítica de @PaulPorcoRosso
Puede ser que Seven sea el descendiente directo al cine de aquella obra maestra que confeccionó Lynch para el formato doméstico sobre el asesinato de Laura Palmer. No digo que sea porque Fincher se fijó en Twin Peaks para elaborar la que, para mí, es su gran obra maestra, sino porque la atmósfera constante que consiguen crear tanto él como el director de fotografía iraní Darius Khondji (cuyo trabajo hemos visto este año en The Immigrant) es claramente heredado del sentimiento que hizo grande aquella serie de principios de los noventa: el enemigo está en el ambiente. El mal en estado puro está presente no sólo en cada esquina, sino que rodea a los personajes en forma de estado de ánimo, climatología y suciedad. Seven es EL thriller, y también hereda, como todo thriller que se precie un mínimo, de aquella rareza de los ochenta llamada El elemento del crimen que puso en el panorama cinéfilo mundial a un joven e irreverente danés de 28 años, Lars von Trier. Las referencias con las que estoy jugando no son, parafraseando al conde Drácula, cosa de risa, y si así lo dejo escrito es porque así lo creo.

El asesino de la cinta, el llamado Dole (Spacey), resulta tan particular que la película (y con ella la audiencia) se rinde a sus pies y a su pesimista visión sobre el ser humano con apenas 20 minutos en pantalla. Sí, la actuación del que cuatro años más tarde sería el ganador del Oscar por su participación en la superlativa American Beauty es de aúpa, pero lo que hace que Dole se meta en el bolsillo a todo el mundo es el concepto de sus asesinatos. Cada muerte, cada caso, cada aberrante construcción de espacios grotescos y sádicos encierra a la bestia en la que se ha convertido un ser humano como resultado de su vida en una civilización en decadencia, materializada en las calles sucias y abarrotadas de una ciudad eternamente lluviosa sin nombre. Sommerset (Freeman) es el viejo maestro, y Mills (Pitt) es el alumno que, después de una intensa investigación que cambiará su vida para siempre, se convertirá en el propio asesino.


La contribución de Ficher al filme es más que una excelente dirección de actores, que consigue sacar lo mejor de cada uno de ellos (con mención especial a Morgan Freeman, cuyo Sommerset es la fotografía que sale al lado de la definición de 'detective cansado' en cualquier diccionario), es la pausa y meticulosidad que le otorga a la cinta en aras de la creación de ambiente. La cámara de Fincher son, mayormente, lo mismo que los ojos analizadores y expertos de Sommerset: cada rocambolesco y barroco espacio al que asistimos es observado con planos reflexivos, casi contemplativos, a veces con la deliciosa partitura de Shore acompañando, a veces con las melodías de Bach, y en general con la música de la realidad. Gritos, sollozos, verdades como puños de Freeman a Pitt y luego de Freeman  a Paltrow.

En definitiva, Seven es toda una obra magna del thriller, con la que muchos autores posteriores han querido reflejarse pero no han podido sino parecer una burda copia barata ante tan mastodóntica producción. Irrepetible y mágica.
[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
En un planeta que podría ser la Tierra pero desierto, sin el más pequeño indicio de vida, un ser con la piel de un tono azul-grisáceo, de facciones humanas y proporciones perfectas, se sitúa al borde de una catarata y bebe un líquido negro que trae consigo. El líquido provoca la descomposición del ADN de ese ser, que se vierte en el río y se recombina con el agua dando inicio a la evolución de la vida. Una deidad que se sacrifica para la creación de una nueva especie, un jardinero espacial convertido a la vez en semilla y en ente creador.

Y a partir de aquí, 'Prometheus' se deshace, corroída por el ácido que es el desastroso guión de Damon Lindelof. Se convierte en un mero espectáculo visual cuyo guión es un pastiche indigesto de referencias bíblicas, mitología griega y verborrea filosófico-científica: un mero entretenimiento absurdo y decepcionante, vendido como una precuela de 'Alien'. Una de las más grandes obras de culto de la ciencia ficción y el terror, magistral y casi-perfecta, mancillada por su propio creador y convertida en una película de acción y ciencia ficción (a su favor hay que decir que no aburre y el diseño de producción es impecable -aunque a veces incluso demasiado-) con más agujeros de guión que un queso emmenthal (donde la coherencia interna brilla por su exasperante ausencia y los enigmas planteados por el guionista sólo son resueltos por más y más enigmas) y un casting horrible en el que sólo destaca un brillante Michael Fassbender que toma el testigo de Ian Holm para interpretar también a un robot.

La frase promocional de 'Alien', "en el espacio nadie puede oír tus gritos", se sustituye por "con 'Prometheus' podrás oír las risas de Damon Lindelof y Ridley Scott incluso en el espacio". Lo que en 'Alien' era sucio, aterrador, y con un ambiente enrarecido, en 'Prometheus' es limpio, absurdo (los personajes -contradictorios e indignantes- parecen escritos por un mono cocainómano con síndrome de down), demasiado artificial y con roturas de atmósfera constantes. Una decepción aberrante.
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[[Crítica de @PauGarcia179]]
Probablemente exhausto después de hacerse cargo de un proyecto como 'Black Hawk Down' (un drama bélico basado en hechos reales), Ridley Scott decidió dirigir una película más sencilla con un presupuesto más ajustado: 'Matchstick Men', una historia de estafadores protagonizada por Nicolas Cage, Sam Rockwell y Alison Lohman.

Mucho se ha dicho de la sobreactuación de Nicolas Cage en esta película, pero personalmente pienso que la sobreactuación en este caso era necesaria, pues el actor de 'Leaving Las Vegas' interpreta a Roy, un hombre esquizofrénico y obsesivo que recuerda -quizás demasiado- al Jack Nicholson de 'As Good As It Gets'. Roy y Frank (Sam Rockwell) son dos estafadores que se dedican a vender artilugios para filtrar el agua a precios desorbitados asegurando a sus clientes que si lo compran ganarán algún tipo de premio. Un día Roy se entera, a través de su psiquiatra, que tiene una hija, Angela (Alison Lohman) de 14 años y que quiere conocerlo.


Toda la película se sigue con mucho interés, es indudablemente entretenida y describe de forma genial al personaje interpretado por Nicolas Cage. El actor consigue hacer creíble los tics y también la locura de su personaje y como decía, aunque a veces se pase de rosca con su actuación y pueda parecer sobreactuada, lo cierto es que junto con el director y guionistas crea un gran personaje. También hay que alabar el papel de Alison Lohman, que en el momento del rodaje tenía 22 años y que aquí hace de una adolescente de 14. A pesar de actuar al lado de un actor de la trayectoria (aunque tenga grandes fracasos) de Nicolas Cage, la actriz no se amedrenta y consigue imprimir verismo en su actuación. Y en tercer lugar tenemos a Sam Rockwell, que en la genial (y posterior a 'Mathstick Men') 'Seven Psychopaths' desplegaba toda su arsenal cómico y que aquí no puede dar todo lo mejor de sí aquí porque el guión se lo impide, y en realidad, aunque el personaje tenga una importancia capital en la trama, uno tiene la sensación de que Ridley Scott lo ha desaprovechado sobremanera.

El trabajo de Scott aquí es, como siempre, competente y correctísimo, y algunos elementos de puesta de escena y montaje para describir el estado mental de Roy resultan ingeniosos y estimulantes, y en este sentido no podemos reprocharle nada a Scott. Sin embargo, identificar su autoría en la dirección resulta más bien difícil. El director, con muchos años de experiencia en el oficio, consigue darle una forma sencilla pero acertada al conjunto, y además dirige a sus actores de forma ejemplar, pues por mucho que echen pestes sobre la actuación de Nicolas Cage, éste supera con nota el reto de interpretar a un personaje tan peculiar, y como ya he señalado, el resto de actores también están realmente bien.


Pese a la corrección del conjunto, hay que decir que la primera mitad del film, en la que predomina la comedia, se sigue con mayor interés que con la segunda, pues al final lo dramático se impone a lo cómico y aunque evidentemente el desenlace puede llegar a sorprender, quedará en los espectadores una sensación agridulce por el devenir de la historia e incluso, por lo manipulador del guión escrito por Nicholas Griffin y Ted Griffin. Aunque Ridley Scott maquille el desenlace con un forzado happy end, el poso que deja no es del todo satisfactorio y el cambio drástico de registro -de cómico a dramático- no le hace un favor al film. 'Matchstick Men' es una correcta película que entretiene, mantiene la atención del espectador y le ofrece unas dosis de risas durante la primera mitad del film, que pese al desenlace, su visionado no será para nada una pérdida de tiempo. 


Título: Matchstick Men
Director: Ridley Scott
Guión: Nicholas Griffin & Ted Griffin (Libro: Eric Garcia)
Fotografía: John Mathieson
Año: 2003
Duración: 120 min.
País: Estados Unidos
Productora: Coproducción USA-GB; Warner Bros. Pictures / Scott Free Production
Reparto: Nicolas Cage, Sam Rockwell, Alison Lohman, Bruce McGill, Bruce Altman, Melora Walters, Jenny O'Hara, Steve Eastin, Sheila Kelley, Tim Kelleher
[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Hace unos meses asistí atónito al grotesco espectáculo fílmico que Paul W. S. Anderson perpetró con su última película, 'Pompeii'. Un intento de recuperar el género llamado péplum (aquel en que héroes de los cincuenta como Charlton Heston o Kirk Douglas eran guerreros de falda corta y acero afilado) que quedó en un patético retake de 'Titanic'con ínfulas de relato épico y efectos especiales de baratillo. La mejor cura para intentar olvidar el despropósito cinematográfico que fue la reducción a cenizas de Pompeya es sin duda alguna 'Gladiator'. La primera película de Ridley Scott del siglo XXI rezuma una épica inabarcable por los cuatro costados durante las dos horas y media que dura el filme, por cada diálogo mínimo de la más corta escena, por cada mirada triste de Crowe (del que destaca su gran despliegue físico) o Nielsen, o por cada lanza de odio de los ojos claros de Phoenix (la más grande interpretación de la película, dotando a Cómodo de una crueldad y impecabilidad enormes).

La potencia del apartado visual y sonoro de 'Gladiator' -maravillosa banda sonora de Zimmer- no podían salir de una mente que no fuera la de Ridley Scott. El retorno del espíritu de esa moda de cine que cosechó éxito histórico y cuyas películas aún hoy en día siguen siendo inmortales de la mano del hombre del inagotable imaginario visual, se apoya en un impresionante arranque (del que se ha dicho que es el mejor retrato de las estrategias del servicio militar romano) que capta la atención del espectador, y en los combates de gladiadores apasionantemente realistas y maravillosamente coreografiados.


Sin embargo (como viene siendo ya clásico en las películas de Scott salvo en contadas excepciones), un guión con excelentes diálogos -que hablan de los valores familiares, la lucha por la justicia y la venganza, y del rechazo al imperialismo y el uso abusivo del poder- no es más que un bello y rimbombante remache para un argumento plano que muestra el blanco y el negro con una ausencia exasperante de grises. Una vez más, la excelencia técnica de Ridley Scott se combina con un guión de mediocre contenido bellamente disfrazado: el resultado es un espectáculo brutalmente entretenido (sus 150 minutos pasan en un suspiro), pero hueco por dentro.

Quizás mi última crítica (que poco o nada tiene que ver con la calidad artística y fílmica de la película de Scott) a esta -algo- sobrevalorada película de gladiadores son esos romanos que, obligados por la tiranía del gigante americano, olvidan el latín -lengua única entendida por los gobernantes de Europa durante siglos- y sólo son capaces de hablar en un inglés perfecto... ¡Señor Scott, aprenda de Mel Gibson!

Lo mejor: la épica que rezuman los diálogos, los primeros 30 minutos, el ritmo, y la actuación de Joaquin Phoenix.
Lo peor: el guión plano, y el excesivo contraste entre bien y mal (la falta de puntos intermedios).
[[Crítica de @PauGarcia179]]
Cuando pensamos en Ridley Scott siempre nos acordamos de sus grandes obras de ciencia ficción (aunque ‘Blade Runner’ no me parece tan buena) o sus películas más épicas (‘Gladiator’, 'Kingdom Heaven’), pero también acostumbra a interesarse por historias que no requieren de un presupuesto tan holgado. Es el caso de ‘Thelma & Louise’, cuyo libreto firmado por Callie Khouri se llevó el Óscar y Globo de Oro a Mejor guión original. 

Thelma es un ama de casa atrapada en una rutinaria vida dominada por su marido. Su amiga Louise también se ve aprisionada en su entorno laboral trabajando como camarera. Un fin de semana deciden coger el coche y escapar de la rutina en un viaje en principio liberador. Sin embargo, un hecho dramático torcerá su viaje. 

La película empieza -después de los títulos de crédito con un paisaje de fondo de gran belleza- con una descripción de la monotonía de las vidas de Louise y Thelma. En el caso de Louise, en realidad, únicamente la vemos trabajando de camarera sin muchos indicios de angustia vital o preocupaciones existenciales. 


En un acto de rebeldía –por lo que es el personaje de Geena Davis, se entiende-, Thelma no pide permiso a su marido (como si tuviera el deber de hacerlo) para marcharse de fin de semana con su amiga Louise, aunque, eso sí, le deja una nota y comida preparada a su marido para que solamente tenga que calentarlo en el microondas. Ese intolerable dominio del marido respeto a la mujer se podría haber descrito de forma más realista si no se cayera en la exageración en todo lo relativo al personaje del marido de Thelma. La interpretación de Christopher McDonald, al borde de la sobreactuación, tampoco ayuda a creerse mínimamente un personaje que mejor trazado hubiera denunciado una lamentable realidad aún no resuelta hoy en día. En la misma línea, el personaje del camionero (y lo que le sucede después a su camión, gentileza de las protagonistas) también roza lo exagerado perdiendo parte de la credibilidad necesaria para elaborar un tratado feminista que denuncie la posición dominante del hombre en nuestra sociedad. 

No es cierto, como he leído por alguna parte, que todos los personajes masculinos sean odiosos o machistas, pues ahí está Hal, interpretado por Harvey Keitel, personaje que rompe con los tópicos utilizados para describir a un policía. También está Jimmy, al que da vida Michael Madsen (curiosamente, coincidiría con Keitel el año siguiente en 'Reservoir Dogs'), que pese a un aislado estallido de violencia, no es un personaje transformado en una simple caricatura machista. Los dos actores lo hacen bien, pero son Geena Davis y Susan Sarandon las que dominan en el terreno interpretativo. Ambas, por cierto, compitieron por el Óscar a Mejor Actriz Principal, aunque al final Jodie Foster se llevó la estatuilla por su papel en ‘The Silence of the Lambs’. 


Ridley Scott filma esta road movie aprovechando al máximo los magníficos paisajes por los que pasan las protagonistas de esta historia, el Oeste americano y especialmente el Grand Canyon, paisajes estos de una belleza abrumadora. El final, por cierto, me recuerda (OJO, semi SPOILER) al de ‘Butch Cassidy and the Sundance Kid’, y como en aquella, manipula al espectador cuando congela la imagen para que no descubramos a nuestros protagonistas avasallados por las balas o con los cuerpos destrozados por la caída. 

Personalmente, hubiera agradecido un metraje no tan alargado; por momentos, el trayecto puede llegar a hacerse un poco repetitivo, pero los paisajes ayudan a hacer más llevadero el viaje. La película tenía todos los números para emocionar al espectador al tiempo que servía de denuncia feminista, pero las exageraciones y algunas salidas de tono –el ciclista jamaicano- restan credibilidad al relato. El desenlace, además, no será del gusto de todos los espectadores, que se quedarán atónitos ante la irreversible decisión de las protagonistas y la consiguiente manipulación a la que serán sometidos por parte del señor Ridley Scott cuando congela ese último fotograma y añade unas imágenes junto a los créditos para mayor tranquilidad del público deseoso de (falsos) happy ends. 

Título: Thelma & Louise
Director: Ridley Scott
Guión: Callie Khouri
Fotografía: Adrian Biddle
Año: 1991
Duración: 128 min.
País: Estados Unidos
Productora: Metro-Goldwyn-Mayer
Reparto: Susan Sarandon, Geena Davis, Harvey Keitel, Michael Madsen, Brad Pitt, Christopher McDonald, Stephen Tobolowsky

[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]
Filme de aventuras ligero (y blando) demasiado infantil para resultar (como 'The Lord of the Rings') plenamente satisfactorio para los adultos, y demasiado tenebrosa para contentar a los niños que busquen saciar la sed de aventuras fantásticas que les autoimpone una mente inherentemente creativa. A este "terreno entre dos tierras" al que pertenece la película tampoco ayuda el jovencísimo Tom Cruise en el papel protagónico del filme: su verdura interpretativa aunada con una edad entre el caballero andante -guerrero clásico de la espada y brujería- y el Atreyu de Neverendig Story -protagonista que busca la identificación del público infantil en detrimento de la violencia- le hacen una elección más que reprochable, y generan en el espectador reflexivo el cuestionarse "¿cuáles debieron ser las otras opciones de casting?". No tengo la respuesta a la pregunta, pero me aventuro a suponer que no fue el mejor momento de los directores de casting de Scott o del propio Scott, que luego sí acertaron de lleno al contar con Tim Curry (y un estupendo maquillaje) para el papel antagónico.

Tampoco es que la culpa de que 'Legend' no sea más que un ligero filme de aventuras recaiga sólo en Tom Cruise y Scott al permitir que le eligieran. El guión (frío y confuso), de simpleza manifiesta, no resulta suficientemente épico o violento como para ser memorable, y los personajes que por él deambulan son más bien planos y tópicos (princesa preciosa en apuros/malo malísimo/bueno buenísimo). Pero lo que nunca, nunca podremos reprocharle a 'Legend' (el verdadero triunfo de la película) es su imponente imaginario, y una factura técnica impecable. Ridley Scott sigue haciendo gala de su capacidad para crear atmósferas de una apabullante fuerza visual -los planos perfectos se suceden en lo que es un alarde de Alex Thompson al mando de la dirección de fotografía de la película-, una belleza estilística que no casa con la calidad del guión, más acorde con filmes de segunda categoría.


'Legend' (no nos vamos a engañar ni a machacar gratuitamente la película) funciona correctamente como cuento de hadas para conciliar el sueño (una princesa cae en manos del Mal, y es salvada por un héroe improvisado que sólo podía soñar en grandes hazañas, nunca ser el protagonista de las mismas), y sus escapes cómicos y uso del imaginario habitual de Tierra Media (duendes, magos, demonios, espadachines y bosques encantados -bucólicas evocaciones de remansos de paz mágicos y misteriosos-) se dan cita en una cinta de aventuras que tiene una calidad fílmica manifiestamente inferior a los grandes filmes de Scott, pero sigue siendo un logro visual digno de ser visto. Eso sí, una tarde de verano.

Lo mejor: imaginario, composición de planos. Incluso, la actuación de Tim Curry.
Lo peor: guión, casting y la actuación de Tom Cruise.
[[Crítica de @PauGarcia179]]
Hay películas que son consideradas por todo el mundo como obras maestras; te construyes grandes expectativas y cuando la ves, te sorprenden las alabanzas y reniegas de su discutible condición de Obra Maestra, así en mayúsculas. Es mi caso con Blade Runner, que junto con The Deer Hunter y La Dolce Vita, forman mi particular tríptico de blasfemias cinematográficas, películas aparentemente grandiosas que, siempre amparándome en la subjetividad cinéfila, considero sobrevaloradas.

A principios de siglo XXl, la Tyrell Corporation ha construido un robot llamado Nexus 6, comúnmente conocidos como replicantes, que son más ágiles y fuertes que los humanos y al menos tan inteligentes como los ingenieros genéticos que los crearon. Son usados como esclavos guerreros en las luchas de las colonias exteriores. Un día, un grupo de replicantes se rebela y se procede a su destierro de la Tierra. La policía tiene permiso para ejecutar a los replicantes que queden en la Tierra, acción a la que no se llamaba  ejecución, sino retiro.

Como decía, las expectativas estaban por las nubes, y todos sabemos que nada bueno puede salir de esto. Visionar lo que casi todo el mundo considera una obra maestra te condiciona. Al final, en algún caso tus expectativas serán igualadas por tus impresiones finales, en contadísimos casos superarán tus expectativas, y en el mayor de los casos, tus ojos no verán la obra maestra que todos se empeñan en ver. La película, esto es indiscutible, es lenta. Mi inadmisible ignorancia me hizo creer que estaba delante una película de acción con un trasfondo filosófico y reflexivo. Al final había contadas escenas de acción (bien servidas por el señor Scott, todo hay que decirlo) y la reflexión, siempre desde mi humilde opinión, era más bien escasa. Pero lo que es innegable es su completa falta de ritmo, llegando a veces a lo soporífero.



La explicación del principio nos pone en antecedentes para entender toda la película, intuimos que habrá un conflicto moral, y al final, efectivamente, lo hay. Los humanos, desde siempre seres hipócritas, usan a los robots como esclavos para poder vivir en colonias fuera de la Tierra, porque obviamente, la avaricia humana, a estas alturas, ha hecho inviable una vida digna para todos en nuestro planeta de origen. Un detalle interesante que sí me gustaría destacar es la analogía del sueño americano con la aventura interplanetaria. La oportunidad de vivir una vida nueva en otro planeta.se intuye igual de falsa e inviable que el ‘american way of life’. 

La policía de ‘Blade Runner’ es en realidad un grupo de mercenarios, y el personaje de Harrison Ford, uno de sus más estimables ejecutores. Aquí vendría el momento de alabar la ambigüedad de si el personaje es o no un replicante, y lo diría si en algún momento me llegara a importar el personaje. La historia es muy sencilla: un policía tiene que cargarse a cuatro replicantes y se enamora –no sabemos cómo- de otra de las replicantes. Aunque podría dar para un mediometraje, Ridley Scott dilata el metraje mostrándonos una sociedad –y una ciudad- deprimente, decadente, sórdida y a veces artificialmente oscura, que en realidad, se presenta como uno de los elementos más interesantes de la cinta. Con esa ambientación futurista también consigue crear cierta atmósfera, aunque en general provoca más bostezos que fascinación. Sí que hay, justo es reconocerlo, planos de una gran belleza, pero se pierden como “lágrimas entre la lluvia”.

De esta película prácticamente solo sabía que salía Harrison Ford y que había un gran discurso final, y como con las expectativas generales de la cinta, también me ha defraudado. No es un mal discurso, no es horroroso, pero me esperaba muchísimo más. Blade Runner es una cinta importante para entender la ciencia ficción en el cine que en su momento debió de impresionar a críticos y espectadores, pero que a mí me parece una obra muy sobrevalorada con graves problemas de ritmo, menos reflexiva de lo que aparenta y con unos personajes bastante desdibujados con los que nunca se llega a empatizar.

Título: Blade Runner
Director: Ridley Scott
Guión: David Webb Peoples, Hampton Fancher 
Fotografía: Jordan Cronenweth
Año: 1982
Duración: 112 min.
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. Pictures
Reparto: Harrison Ford, Rugter Hauer, Sean Young, Daryl Hannah, Edward James Olmos, Joana Cassidy, Brion James

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