Título: Carrie
Director: Kimberly Peirce
Guión: Roberto Aguirre-Sacasa, Lawrence D. Cohen (basado en la novela de Stephen King)
Fotografía: Steve Yedlin
Año: 2013
Duración: 100 min.
País: Estados Unidos
Productora: Metro-Goldwyn-Meyer (MGM) / Screen Gems
Reparto: Chloë Grace Moretz, Julianne Moore, Gabriella Wilde, Portia Doubleday, Judy Weinstein, Karissa Strain, Barry Shabka Henley, Demetrius Joyette, Cynthia Preston, Arlene Mazerolle, Karissa Strain, Evan Gilchrist, Eddie Max Huband, Tyler Rushton Skyler Wexler

En una época en que el maltrato juvenil está al orden del día, era de imperiosa necesidad rehacer (o como mínimo recordar) el clásico del cine de terror con el que empezó la carrera como escritor de Stephen King, y fue llevada a la gran pantalla por Brian De Palma hace la friolera de 38 años. El remake (que aquí nos ocupa) cuenta con un reparto femenino de altura: Chloë Grace Moretz y Julianne Moore en los papeles principales.

Porque, en el fondo, es de lo que va Carrie. Carrie (Moretz) es una chica diferente a todas las demás, que lleva toda la vida luchando para integrarse en una sociedad evolucionada. Pero su madre Margaret (Moore), en contraposición con el mundo exterior que fascina a Carrie, y haciendo gala de un grotesco fanatismo religioso, sólo hace que cortar las alas de su hija y no dejarla crecer al ritmo de la sociedad. Igual que sus compañeras de instituto: sólo le avasallan con burlas y jugarretas de mal gusto al verla como un bicho raro. Carrie intentará dar la vuelta a la tortilla al descubrir que tiene poderes telequinéticos...

Carrie (Moretz) siendo acosada por  Chris (Portia Doubleday).

Vamos a ser francos: el filme está bastante lejos de llegar a ser tan memorable como lo fue el original. Su mayor traba es, primero, la dirección absolutamente impersonal de Peirce, que esgrime una puesta en escena fría (hasta robando algún plano de la película de 1976), y desaprovecha posibilidades de mejorar la película basando su adaptación en el filme de De Palma y no en el libro de King. Como consecuencia, el cambio en la personalidad de Carrie es algo vago, con agujeros y con poca coherencia. Lo que funciona en la trama es el corazón de la versión de De Palma, Peirce en vez de arriesgarse, no aporta novedad alguna narrativamente hablando.

Pero sí hay ciertas cosas del filme que debemos reconocerle a su directora Kimberly Peirce, como por ejemplo el no mancillar la cinta original del señor De Palma. Porque ya sabemos que esto, cuando hablamos de un remake, es lo más común (en ese Hall of 'Shame' del cine quedan las segundas versiones de Straw Dogs, Abre los ojos o Karate Kid, para nombrar unos pocos). Y, es que, si una cosa ya estaba bien, ¿para qué tocarla?

El reparto es el punto más fuerte de esta película.

Es una pregunta para la cual no hay respuesta, la innecesaridad de esta tercera adaptación del clásico de Stephen King salta a la vista, pero puede justificarse en tres pilares. Primero, la película de De Palma tenía una visión muy masculina, y sin duda ha quedado algo anticuada. Segundo, 38 años no pasan en balde. Así que esta nueva versión de Carrie es una "puesta a punto", en cuanto al aumento de comprensión hacia el lado femenino (que Peirce sabe plasmar mejor que De Palma), y como renovación de chapa y pintura, una puerta abierta a los especialistas de efectos especiales que aquí se han dado un buen festín.

Y por último, la acertadísima elección de reparto para los papeles principales es de verdadera genialidad por parte del director de casting: ahí es dónde reside el máximo reconocimiento que, sin duda, debemos otorgarle. Julianne Moore y Chloë Grace Moretz soportan el peso de la película sin esfuerzo alguno y no desmerecen ante sus predecesoras del filme original.

Aún con todas sus virtudes, filme innecesario del cual sólo me queda por decir: si no has visto aún la película original de 1976... ¿a qué estás esperando?

Lo mejor: las actuaciones.
Lo peor: torpona, alguna escena algo vergonzante y, en definitiva, innecesaria.


Título: Her
Director: Spike Jonze
Guión: Spike Jonze
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Año: 2013
Duración: 109 min.
País: Estados Unidos
Productora: Sony Pictures Wolrldwide Acquisitions (SPWA) / Annapruna Pictures
Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde, Chris Pratt, Sam Jaeger, Portia Doubleday, Katherine Boecher, Alia Janine

El actor, director, productor y guionista norteamericano Spike Jonze es el autor del relato sobre el amor futurista que llega el 28 de febrero de 2014 a las salas de cine de España, Her, filme que encontramos en muchas listas de lo mejor del año 2013, y en todas las papeletas para llevarse alguna nominación al Oscar. Cuenta con el apoyo de un reparto impresionante, con Joaquin Phoenix en la cabeza, y una larga plantilla de mujeres con nombres tan importantes como Amy Adams, Rooney Mara o Scarlett Johanson.

Nuestro protagonista Theodore, encarnado por un brutalmente natural Joaquin Phoenix en otra demostración de su potencial interpretativo, es un escritor solitario (adjetivo que puede que en cierto modo engloba a la sociedad que retrata Jonze), un 'bicho raro' en una sociedad avanzada, amante de los libros y el papel en una realidad volcada en la electrónica, que se profesa melancólico hacia el amor perdido de su amada Catherine (Rooney Mara con el justo tiempo que le dan los flashbacks). Debido a un esquivo estilo de vida que le impide engrosar su círculo de amistades, que consta de una vecina suya, Amy (Amy Adams) y del recepcionista de la empresa donde trabaja, Paul (Chris Pratt), decide hacerse con un OS llamado Samantha (voz de Scarlett Johanson) basado en el modelo de Inteligencia Artificial, con el que poco a poco trabará una relación romántica...

La primera "cita".

La cinta es una mezcla (por momentos mucho más optimista) del capítulo de Black Mirror 'Be Right There' (salvando las distancias) con la atmósfera melancólica de la deliciosa Lost in Translation: incluso donde Jonze decide situar la acción, la ciudad de Los Angeles en un punto indeterminado del futuro, parece inspirada en la apariencia actual de cierta ciudad del este asiático. Un escenario impersonal, perfecto para mostrar la incapacidad de comunicación del protagonista con la sociedad, el olvido en el que está sumido, su pérdida amorosa. Un escenario que, a medida que avanza la película, se va mostrando más bello para el espectador, más colorista, más luminoso, para mostrar cómo Theodore consigue reemplazar su roto corazón con la cálida e increíblemente sexy voz de Scarlett Johanson.

Este bello retrato sobre el nacimiento y ascenso del romance entre hombre y Inteligencia Artificial tiene, para mí, un punto culmen que sobresale encima de todos los demás: una de las mejores (si no la mejor) escena de sexo en la historia del cine, en la que el orgulloso director retira todo rastro de imagen para que nos concentremos en el sonido. Sonido que, en la vida amorosa de Theodore, lo es todo. Durante esta historia de amor, él siente su tacto, y ella ve, oye, y siente, y le prepara una preciosa banda sonora para la vida (que se atribuye, pero es en realidad obra de Arcade Fire).

Skyline de LA futurístico, y en el centro, Joaquin Phoenix.

Pero durante este idilio, en la mente del espectador se siembra desde el primer momento la duda moral sobre el uso de los Sistemas Operativos (OS, de ahora en adelante), consigue que se pregunte qué hay de real en la relación entre Theodore y Samantha (¿hasta qué punto puede amar una máquina?). Esa duda momentánea, esa pérdida de esperanza del protagonista hacia la mitad del metraje, ¿responde a la desconfianza del espectador respecto al OS que, aunque algo tarde, se materializa en Theodore?, ¿o es sólo un paso natural en cualquier relación personal (sea ésta con una máquina o no)?

Así pues, Her, bajo la íntima batuta de Spike Jonze, encuentra su sitio entre la grandilocuencia dramática de Gravity, la trascendencia histórica de 12 years a slave, y la locura sana de American Hustle, y se cuela en las apuestas para los grandes premios (el pasado domingo ya ganó el Globo de Oro al Mejor Guión). Transforma un ambiente deprimente en un bello retrato de las relaciones interpersonales y con la electrónica: una mezcla única de ciencia ficción y romance, un filme sensible de aires indies, una bella locura, la quintaesencia del sentimiento amoroso.

Lo mejor: dirección artística, fotografía, Joaquin Phoenix, la VOZ.
Lo peor: más de tres meses de espera para verla en nuestro país. Que está "destruyendo" la industria cinematográfica: ¿la piratería o este delay tan molesto?


Título: American Hustle (La gran estafa americana)
Director: David O. Russell
Guión: Eric Singer, David O. Russell
Fotografía: Linus Sandgren
Año: 2013
Duración: 138 min.
País: Estados Unidos
Productora: Annapruna Pictures / Atlas Entertainment
Reparto: Christian Bale, Bradley Cooper, Amy Adams, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Louis C.K., Michael Peña, Jack Huston, Alessandro Nivola, Shea Whigham, Paul Herman, Elisabeth Röhm, Saïd Taghmaoui, Adrian Martinez, Robert de Niro

Creo que no necesita ninguna presentación el director de The Fighter y Silver Linings Playbook, que llega otra vez (sólo un año más tarde) a la gran pantalla. Recuperando parte del reparto de anteriores producciones (Bale, Lawrence, y Cooper) nos trae un thriller político con trazas de comedia negra ambientado en los años 70. ¿Que nos depara su visionado?

Una frase mucho más modesta que la habitual (e intencionalmente vaga) "basado en hechos reales", que, parafraseando a Mark Twain, reza "some of this actually happened" es la que da apertura al nuevo filme de Russell. Y es que, aunque modificado a las conveniencias de los guionistas (él mismo y Eric Singer), el caso ABSCAM fue un caso de corrupción real entre los miembros del Congreso estadounidense que fue investigado por el FBI. Bien, el fundido a negro de dicha frase nos lleva a una habitación de hotel en la que el personaje de Christian Bale se coloca un peluquín de forma estrictamente metódica, como si de un ritual se tratase. La alopecia galopante que esgrime y tanto se esfuerza en tapar durante los primeros compases de American Hustle, es revelada de golpe y porrazo, y con un simple manotazo, por el personaje de Bradley Cooper escasos minutos después.

Otra transformación física de Christian Bale. ¿Y van...?

Nuestros personajes viven en un mundo en el que las apariencias, aunque sumamente elaboradas, no son más que eso: apariencias. Y con sólo un soplido pueden desmontarse y evidenciar la cruda realidad en la que se vive. Pero no es la única artimaña que se trae entre manos nuestro protagonista (un Christian Bale convertido en la antítesis física de su personaje de The Machinist), puesto que durante toda la película se bastará de artimañas, tretas, triquiñuelas, engaños, argucias, maniobras y trucos, para urdir la gran estafa americana que reza el título de la película en España.

El guión derrocha chispa e ingenio a raudales, además de unos personajes sumamente bien definidos, y, aunque no haga falta decirlo, muy bien interpretados: los cinco que forman la plantilla de principales (Amy Adams y sus escotes imposibles, un impecable Jeremy Renner, la estupenda e histriónica Jennifer Lawrence y los ya nombrados Bale y Cooper) denotan la dirección de actores como uno de los puntos fuertes de David O. Russell. He leído que uno de sus puntos fuertes es que deja improvisar mucho a sus actores, y eso se traslada a la pantalla en forma de más naturalidad en las actuaciones y, por lo tanto, credibilidad.

Si bien la película (amén de ser técnicamente impecable) tiene una dirección enérgica y más que competente, y el estilo de su realizador, podemos ver que toma prestadas ciertas "marcas" del cine de otros autores a los que es imposible no mirar cuando se tratan temas como la mafia, el dinero, y la corrupción. Claro ejemplo de este hecho son unas voces en off claramente reminiscentes del Martin Scorsese de Goodfellas (atentos también al 'cameo' de Robert de Niro), el contrapicado del maletero propio de Tarantino (y en parte su humor negro), y el estilo dance-setentero de Boogie Nights. Además de celebrar con su banda sonora (como se hizo en las antes nombradas Goodfellas y Boogie Nights) ese tacto épico del mejor pop-rock y música disco de los años 70, y dar a su historia una potencia adicional. Esto último es mérito del encargado de la música, Danny Elfman, que ya trabajó con el director en su anterior película, Silver Linings Playbook.

Pechos que salen de sus respectivos escotes para decir 'hola' y genuinas
interpretaciones... ¿qué puede salir mal?

Pero, por desgracia, American Hustle tiene dos problemas clave que le impiden convertirse en culto instantáneo o alcanzar la grandeza de las obras ya mencionadas. Uno es la falta de mala leche, de violencia. Ya que David O. Russell mama claramente de la teta de Scorsese y Tarantino, se echa de menos algo de crudeza en las imágenes para que veamos lo que en definitiva es la película: estafadores, corrupción, gente de la calle, y, finalmente, mafia. Quizás su visión 'buenrollista' de la historia es lo que coarta la aparición de violencia. O simplemente, no tiene cabida en la mente de Russell. Y el otro (quizás al fin y al cabo el más importante) es el hecho de que aún haciendo las cosas bien no cuente nada que no se haya contado antes de otra forma o con la misma gracia: no aporta nada narrativamente hablando, no deja poso.

Aún así, la película se disfruta (en momentos mucho), y sería más que digna de los premios que susceptiblemente podría recibir en las presentes galas.

Lo mejor: ambientación, guión, referencias, actuaciones. Todo parece indicar que estamos ante una película sobresaliente, pero...
Lo peor: ... le falta algo de violencia y aportar algo de novedad al género.


Título: Dallas Buyers Club
Director: Jean-Marc Vallée
Guión: Craig Borten, Melisa Wallack
Fotografía: Yves Bélanger
Año: 2013
Duración: 117 min.
País: Estados Unidos
Productora: Focus Features / Truth Entertainment / Voltage Pictures / R2 Films / Evolution Independent
Reparto: Matthew McConaughey, Jennifer Garner, Jared Leto, Steve Zahn, Dallas Roberts, Denis O'Hare, Griffin Dunne, Kevin Rankin, Lawrence Turner, Jonathan Vane

Como ocurre de forma periódica en nuestro país, el mejor cine del año nos llega o cuando éste está por terminar, o cuando ya nos adentramos en el siguiente. Claros son los casos (para no ir muy lejos) del año pasado con The Master y Zero Dark Thirty, en mi humilde opinión de lo mejor de 2012, pero ambas estrenadas en enero de 2013. Con Dallas Buyers Club no ha habido excepción: estamos, sin duda alguna, ante una de las 5 mejores películas del año, que, además, cuenta con la presencia de Matthew McConaughey (del que ya he hablado en mi análisis de Mud), del que los profesionales de la crítica cinematográfica americana se ha deshecho en elogios en el año que ha sido suyo totalmente. Si no consigue ahora la ansiada nominación al Óscar que busca des de hace ya tiempo, se puede decir sin miedo a equivocarse que ya no va a hacerlo.

Dallas Buyers Club es la historia de los últimos 7 años de vida de Ron Woodroof (McConaughey), un hombre homófobo, drogadicto, y con afán casi obsesivo por las mujeres (en especial por las prostitutas) y el alcohol, al que se le diagnosticó SIDA, pronosticándole sólo 30 días de vida. Woodroof empezó a tomar AZT, un fármaco experimental para la lucha contra el VIH que sólo hizo que empeorarlo...

La increíble transformación de McConaughey.

Esta es la historia de un hombre que cargó el mundo a su espalda, luchando contra la FDA y dando la máxima esperanza posible a un sinfín de moribundos por la enfermedad que él mismo padecía. Historia que merecería ser conocida, un hombre que cambió su perspectiva de la vida, su ética y su moral, para hacer frente a la cercanía de la muerte. Compresión, homosexualidad en Estados Unidos a finales de los ochenta, el dinero, la empresa farmacéutica americana y su relación con el gobierno, las drogas: al filme de Jean-Marc Vallée (director al que no conocía pero a partir de ahora deberé seguir con cuidado) no le falta ningún tema por tocar. Convierte la vida (real, insisto) de Woodroof en una magnífica reinterpretación del cuento de Robin Hood.

El filme, en su primera parte, conmueve sin entrar en los pantanosos lares de la sensiblería azucarada, llevando la enfermedad del protagonista y sus conflictos con su círculo de amistades de forma sobria y sin excesivo drama, mostrando el miedo del contagiado y el rechazo de la sociedad (en este caso tejana) que el SIDA de Woodroof como una "enfermedad de homosexuales". Y poco a poco va mutando hacia una dura crítica contra el sistema sanitario y farmacéutico de los Estados Unidos, manifestada en boca de su protagonista. Durante todo el metraje, director y guionistas permiten al espectador cavilar sobre lo que está viendo, invitándole a formar su propio punto de vista y sacar sus conclusiones, sin adulterar las imágenes, sólo mostrando la realidad aunque pueda parecer dura.

La de Jared Leto tampoco se queda corta...

Además, tal y como lo hizo Christian Bale en The Machinist, McConaughey se funde en uno con su personaje, adelgazando una cantidad inusitada de peso, y, además, otorga una excepcional y explosiva interpretación que se disfruta independientemente de lo que pueda llegar la película. Pero no es sólo el bueno de Matthew el que consigue sacar lo mejor de sí mismo: también está Jared Leto con otra metamorfosis física y otro increíble estudio del personaje. Ambos dos alcanzan un altísimo nivel que debería verse recompensado en algún gran premio.

En resumen, Dallas Buyers Club es una biografía necesaria, un sentido homenaje sin sermones a un gran cabrón convertido en gran hombre.

Lo mejor: McConaughey y la definición de su personaje, y la crítica hacia el sistema farmacéutico americano.
Lo peor: que esté tardando tanto en llegar a los cines de nuestro país.


Después del éxito que supuso su última película, 'True Grit' (2010), los hermanos Coen nos regalan una película mucho más arriesgada: 'Inside Llewyn Davis', aunque probablemente no tanto como 'A Serious Man' (hermanos Coen, 2009), una brillante comedia dramática que encandiló a la crítica, pero no al público. El guión de la nueva de los Coen está vagamente inspirado en un libro de Dave van Ronk, (cambian incluso el nombre y el origen del personaje, desmarcándose del libro) un músico que inspiró y promocionó a gente como Bob Dylan, Phil Ochs y Joni MitchellLlewyn Davis es un músico de folk que malvive en el Greenwich Village, sin casa, durmiendo en los sofás de casa de sus amigos, esperando que Bud Grossman, magnate de la música, realce su carrera como cantante y guitarrista de folk.

No es la primera vez que la música tiene presencia en una película de los Coen, pues en 'O'Brother' ya había atisbos del interés de estos cineastas por el folk.  En 'O'Brother' (2000), la música, aparte de protagonizar una de las tramas y complementar las bellas imágenes (con la elegante fotografía de Roger Deakins) de la América rural, tenía un papel secundario, pero en esta película la música es el eje que vertebra la trama.  

Oscar Isaac se adentra en el personaje de este músico de folk, que vuelve a ser uno de esos perdedores que tanto acostumbran a poblar las películas de los Coen. En una entrevista reciente en SOFILM (totalmente recomendable tanto la entrevista como la revista, por cierto) decían que aunque lo intentaban, siempre volvían a los personajes perdedores. "Bob Dylan es genial, pero qué puedes contar sobre él que resulte original? ¡Nada!" decía Joel Coen en esta misma entrevista. Así, no sorprende que los Coen estén interesados en un personaje perdedor como Llewyn Davis, que pese a ello no resulta nada entrañable, pues es bastante irascible, arrogante y a veces bastante insoportable.

El gato es uno de los tantos detalles que hacen grande a este film

A pesar de que cuesta querer a este personaje, lo cierto es que nos dejamos llevar armoniosamente en el enésimo retrato del perdedor de Ethan y Joel Coen, como un homenaje a los que no alcanzaron el reconomiento y el éxito que otros sí conocieron, a veces más por un golpe de suerte y por azar que por talento y méritos propios. Se nota, por cierto, el cambio de director de fotografía, ya que si el habitual de los Coen era Roger Deakins, que nos regala siempre una espléndida y elegante fotografía, ahora ésta recae en Bruno Delbonnel, conocido por sus trabajos en 'Dark Shadows' (Tim Burton, 2012) y 'Amelie' (Jean-Pierre Jeunet, 2001), entre otras. El resultado del trabajo de Delbonnel es una fotografía con apariencia de  antigua, buscando la conexión con aquella época a la par que consigue darle un toque poético y melancólico.  

John Goodman, hilarante como Roland Turner

Llewyn Davis, interpretado de forma magistral por Oscar Isaac, quién también firma las actuaciones musicales, es el protagonista absoluto de la película, pero por ella van pasando un buen número de secundarios de gran originalidad e ingenio -Troy, Al, el tipo callado que conduce el coche cuando Isaac se va a Chicago, etc.- que suman puntos a esta gran película. Hay que destacar, por supuesto, la aparición de John Goodman, que esta vez (y no como en 'O'Brother', por ejemplo) es absolutamente hilarante y te ríes de él y con él. Aunque los Coen se pongan serios no significa que no haya momento para las risas, porque 'Inside Llewyn Davis' es una gran comedia dramática que probablemente tiene más de drama que de comedia, porque es la triste historia de un perdedor, pero que aún así, si te gusta el humor de los Coen, te reirás mientras asistes a este retrato de un músico de folk fracasado. Además, claro está, si te gusta la música en general y el folk en particular esta historia te atrapará como pocas. 

Davis vive para la música, quiere hacer algo importante en la vida, aunque para conseguirlo tenga que ir de sofá en sofá y viva una vida más bien solitaria e inestable, porque no quiere contentarse únicamente con "existir", tal como le dice con total desprecio y falsa superioridad a su hermana en un momento del film. Él no está para "juegos de sociedad", es músico de folk, eso es lo que hace, y no quiere  formar parte de la mundanidad de los que "sólo" existen. 

'Inside Llewyn Davis' es una gran película que no cuenta una historia convencional, de hecho, en el filme no pasan muchas cosas, hay actuaciones musicales, viajes en carretera, gatos que se escapan, se pierden y vuelven; es una historia sencilla de un frustrado músico de folk, esa música "que nunca ha sido nueva y nunca envejece."

Lo mejor: La música, la hilarante aparición de John Goodman, el humor y el riesgo de hacer algo diferente
Lo peor: La larga espera hasta la nueva película de estos genios.

Título: Inside Llewyn Davis (A Propósito de Llewyn Davis)
Director: Joel y Ethan Coen
Guión: Joel y Ethan Coen
Fotografía: Bruno Delbonnel
Año: 2013
Duración: 105 min.
País: Estados Unidos
Productora: Scott Rudin Productions / StudioCanal / Mike Zoss Productions
Reparto: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, F. Murray Abraham, Adam Driver, Ricardo Codero, Alex Karpovsky, Max Casella, Ethan Phillips, Stark Sands, Jerry Grayson
Crítica de @PaulPorcoRosso
Hasta la fecha su última película, pensada originalmente para ser incorporada como subtrama en su anterior trabajo (The Wrestler, 2008), pero finalmente convertida en largometraje, Black Swan reafirma a Aronofsky como un director con gusto por los personajes turbios (e inexistentes) a los que consigue definir de 'dentro hacia afuera', des de la mente hacia el comportamiento. Por ella, la actriz israelí Natalie Portman, protagonista absoluta del filme, recibió el Óscar a Mejor Actriz Principal (el único que se llevó la película de 5 nominaciones), Óscar discutido, después de las declaraciones de Sarah Lane (doble de Portman), desmentidas más tarde por el mismo Aronofsky. Con o sin polémica, Black Swan es obra maestra y, junto a Requiem for a dream, joya de la corona de su filmografía.

Nina (Portman) vive por y para la danza. Es una excelente bailarina que forma parte de una compañía de ballet en Nueva York a la que han elegido para interpretar a la Reina Cisne en el estreno de la reinterpretación de 'El lago de los cisnes'. Su controladora madre (Barbara Hershey), con la que vive, su rivalidad con otra bailarina, Lily (Mila Kunis), y las exigencias del director de la compañía, Leroy (Vincent Cassel), acercarán peligrosamente a Nina a un estado de confusión mental y nerviosismo a medida que se aproxima el día del estreno de la obra.

Aronofsky se convierte (buscándolo o no) por algo más de 100 minutos en el Haneke más insano, en el primer Polanski y en el Lars von Trier más obsesivo. Todo en uno. Igual que en cuestión de géneros. El filme empieza como un sosegado drama y aumenta en tensión (al igual que el acomplejamiento de la mente de la protagonista) para acabar convirtiéndose en un (muchas veces escalofriante) thriller psicológico. Un viaje en picado hacia los rincones más oscuros de la mente de Nina, una interpretación del duro y desgastante mundo del ballet.

Durante este intenso viaje, asistimos al mejor papel (y mejor interpretación) de Portman: cómo nos habla con la mirada y atrapa a la cámara con sus movimientos hipnóticos. Además está acompañada de un elenco de secundarios que están magníficos, de entre los que cabe destacar a Barbara Hershey, Cassel, y Mila Kunis. La primera, por su magnífica madre obsesiva, el segundo por cómo llena la pantalla con su seca expresión, y la tercera por el derroche de sensualidad del que hace gala. Bien es cierto que esas interpretaciones de poco valdrían si no fueran acompañadas por un brutal trabajo de sonido, la siempre exquisita banda sonora orquestada por Clint Mansell, y la fotografía opresiva, malsana, con clara diferenciación entre blancos y negros de Matthew Libatique. Todos los elementos juntos convierten todas las escenas en una coreografía magnífica, una perfección exultante.

Y esos poco más de cien minutos de música, baile, ritmo, sonido, y, en definitiva, puro cine culminan al final en un apoteosis de perfecta unión entre el bien y el mal, lo viejo y lo joven, lo oscuro y lo luminoso, lo blanco y lo negro. Una transformación dolorosa, un camino a la locura más pura e insana, la obsesión por la perfección llevada hasta el límite. "I was perfect", nos dice Aronofsky en boca de Nina (algo así como el This could be my masterpiece de Tarantino al final de Inglourious Basterds). Una afirmación tan rotunda como, al fin y al cabo, cierta.

Título: Black Swan (Cisne negro)
Director: Darren Aronofsky
Guión: John McLaughlin, Mark Heyman, Andres Heinz
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 2010
Duración: 109 min.
País: Estados Unidos
Productora: Fox Searchlight Pictures
Reparto: Natalie Portman, Mila Kunis, Vincent Cassel, Winona Ryder, Barbara Hershey, Christopher Gartin, Sebastian Stan, Benjamin Millepied, Ksenia Solo, Janet Montgomery, Kristina Anapau, Mark Margolis, Tina Sloan, Marcia Jean Kurtz
Crítica de @PauGarcia179
'The Fountain' (2006) es la siguiente película del director Darren Aronofsky tras el éxito de 'Requiem for a dream' (2000). Podría pensarse que Aronofsky no habría de tener problemas para financiar la película, pero lo cierto es que el filme tuvo graves problemas de producción, cancelándose por un tiempo el proyecto, con cambios de reparto  y reescrituras de guión. Finalmente, el director de la intensa 'Black Swan' (2010) consiguió tener lista su película seis años después con la mitad del presupuesto previsto.

Tommy (Hugh Jackman) es un científico que intena curar  tumores cerebrales a través de la experimentación con monos. Su mujer, Izzi (Rachel Weisz), está enferma de cáncer, y Tommy intentará por todos los medios encontrar una cura para ella, quién escribió un libro cuyo final aún no está escrito.  

La película empieza con una secuencia con el personaje de la novela de Izzi, Tomás, interpretado también por Jackman, que intenta encontrar el Árbol de la vida, la fuente de la vida eterna, para traerla a la Reina de España y recuperar así el control del país que ahora está en manos del Inquisidor, además de conseguir la vida eterna y vivir junto con la Reina (también Rachel Weisz) eternamente. A partir de ahí, la película alterna el presente, con el científico y su mujer, la novela de Izzi y un futuro con Hugh Jackman con tatuajes, cabeza rapada y haciendo ejercicios de meditación y Taichí.


El argumento es extremadamente confuso y da la sensación de no saber qué es lo que realmente está pasando, qué es real y que es puramente simbólico. En una entrevista-conversación entre Hugh Jackman y Rachel Weisz, comentaban que cuando leyeron el guión no tenían una idea muy clara sobre el argumento, pero que la idea de fondo era la necesidad de aceptar la muerte para poder vivir la vida. Si los propios actores no saben de qué va el argumento podéis haceros una idea de lo que va a saber el espectador.


Aronofsky intenta hablarnos de la muerte, de los esfuerzos sobrehumanos que puede llegar a hacer una persona para intentar salvar un ser querido, pero lo cierto es que se pierde en un filme extremadamente fragmentado, sin hilo conductor, sin profundizar demasiado en la historia principal (que suponemos que es la del científico, pero todo puede ser) insistiendo en las desventuras de Tomás el conquistador y de Tom el monje astronauta de cabeza rapada, siendo esta última parte bastante repetitiva para el espectador, estupefacto ante la pantalla sin saber qué demonios le están contando.

Como siempre digo, se agradecen las historias originales que parten de un punto de vista personal y que no responden a fórmulas prefabricadas u objetivos puramente comerciales, ese cine de autor que resiste y que a pesar de las superproducciones, de esas películas fácilmente digeribles que se ven sin pensar y que luego se olvidan, ahí sigue, con una voz clara y firme que dice que el cine es algo más que un pasatiempo mundano que se consume para evadirse de la realidad.


Sin embargo, que sea cine de autor, original y diferente, no quiere decir, obviamente, que sea una buena película, y, para el que esto escribe, este es el caso de 'The Fountain', una propuesta atrevida que lamentablemente se queda en un intento, pues tanto su mensaje como su argumento llega confuso al espectador, que debido a lo fragmentado de la trama es incapaz de adentrarse en esta historia de amor, de vida y muerte.

Lo mejor: El intento de Aronofsky de hacer algo diferente, innovador, poco convencional y con un mensaje que trascienda.
Lo peor: Que se quede en eso, en un intento y no llegue a ser una buena película de autor.  

Título: 'The Fountain'
Director: Darren Aronofsky
Guión: Darren Aronofsky, Ari Handel
Fotografía: Matthew Libatique
Año: 2006
Duración: 96 min
País: Estados Unidos
Productora: Warner Bros. Pictures / Regency Enterprises
Reparto: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Sean Patrick Thomas, Donna Murphy, Cliff Curtis, Mark Margolis, Stephen McHattie, Ethan Suplee
Título: Lee Daniels' The Butler
Director: Lee Daniels
Guión: Lee Daniels, Danny Strong
Fotografía: Andrew Dunn
Año: 2013
Duración: 132 min.
País: Estados Unidos
Productora:
Reparto: Forest Whitaker, Oprah Winfrey, David Oyelowo, Cuba Gooding Jr., John Cusack, Terrence Howard, Lenny Kravitz, James Marsden, Vanessa Redgrave, Alan Rickman, Liev Schreiber, Robin Williams, Jane Fonda, Clarence Williams III, David Banner, Michael Rainey Jr., Alex Pettyfer, Mariah Carey, Nelsan Ellis, Yaya Alafia

The Butler es una película basada en la vida de Cecil Gaines (Forest Whitaker), el que fue mayordomo jefe de la Casa Blanca durante el mandato de ocho presidentes distintos (entre 1952 y 1986), asistiendo a gran parte de la historia política y racial de los Estados Unidos.

Debo ser sincero: el filme me ha dejado bastante frío. Primero de todo, y más importante, es que no dejo de ver en ella una especie de Forrest Gump de los derechos de la comunidad negra en Estados Unidos, aunque mientras en el filme de Zemeckis la trama se movía de forma independiente al trasfondo social, aquí Lee Daniels la hace avanzar de manera forzada preocupándose casi exclusivamente por la situación social del país y no por la vida del mayordomo que da nombre al filme (el personaje de Terrence Howard desaparece a medio metraje, la subtrama del hijo pequeño en Vietnam parece sólo puesta ahí para recordar que hubo una guerra, etc...). Esto desemboca en una narración totalmente fragmentada y 'por capítulos', estos marcados por los administraciones de diferentes presidentes, que aportan poco o nada a la idea central de la historia.

Y segundo, aún con la dolorosa e impactante violencia racial que busca plasmar en pantalla, todo queda tratado de un modo excesivamente superficial y más que convencional, sin revelar nada que nos afecte realmente por su intensidad (cómo sí lo hace la contemporánea 12 years a slave).

¿En serio no había nadie que se pareciera más a Nixon?
Frank Langella, por ejemplo...

Eso sí, como gran punto a favor debo decir que ese final ([SPOILER]la llegada al poder de Obama[/SPOILER]), visto des de los ojos de un personaje que ha sido esclavizado y ha visto a gran parte de sus semejantes morir por defender unos derechos que les han sido negados desde el principio de los tiempos es (y me quedo corto) brutalmente arrebatador. Eso, claro está, sumado al hecho de que en ciertos momentos de la película Lee Daniels demuestra que realmente sabe usar la cámara (el ataque al autobús de la libertad, la cena de familia a la que asisten Louis y su novia), aunque se pierda constantemente en escenas de factura impersonal y diálogos trazados a golpe de tópico.

Además, resulta entretenido descubrir a John Cusack bajo la nariz de Nixon (su único parecido), y al elenco de secundarios de aúpa representando personalidades de época de los Estados Unidos (entre los que encontramos a Robin Williams, James Marsden, Vanessa Redgrave, Alan Rickman, Alex Pettyfer, y Jane Fonda). Personalmente, me he sorprendido de la capacidad interpretativa de Oprah, que sin tener un buen personaje entre manos consigue sacarlo a flote y hacer que no chirríe su presencia en pantalla, cosa que en cambio si me produce la inexpresividad constante de Forrest Whitaker.

En resumen, la película se deja ver, no produce rechazo, y tampoco aburre, pero sin embargo tampoco aporta nada interesante. Es prescindible.

Lo mejor: Oprah, y el ataque al autobús de la libertad, momento en el que música, imagen y historia se unen para conmocionar realmente al espectador.
Lo peor: el director/guionista acaba por olvidarse de sus personajes en pro de mostrar (siempre de modo superficial) la intimidad de algún que otro presidente.


Hoy, las #reflexionesdecine son obra de @PauGarcia179 y de @PaulPorcoRosso

Hijo de dos profesores judíos, descendientes de polacos y residentes en Brooklyn (Nueva York), criado en la cultura judía, estudió antropología social en Harvard, y dirección en el American Film Institute. Su debut en la dirección fue en el año 1998 con Pi, faith in caos; financiado con dinero de amigos, familiares y el suyo propio. Tuvo un coste aproximado de 60.000 US$, y le valió a Aronofsky el reconocimiento como mejor director en Sundance, recuperando el dinero invertido con creces.

Las señas de identidad del neoyorkino se encuentran tanto en las historias que cuenta como en la forma de narrarlas. Su arma principal es el montaje, de suma importancia en sus filmes: a veces usa un montaje frenético con cortes cada pocos segundos (PiRequiem for a dream), o combina primeros planos y planos muy abiertos para demostrar la soledad de sus personajes (The Fighter y Black Swan). Unido a este uso característico a la hora de montar sus películas, tenemos la excelsa banda sonora siempre obra de Clint Mansell. Éste, que ha trabajado en todos los filmes de Aronofsky, dota a su música de un gran valor narrativo.

Vincent Cassel y Darren Aronofsky en el rodaje de Black Swan

En cuanto a su temática, siempre se puede entrever una fuerte influencia cultural en sus películas, marcada principalmente por la religión de sus padres (presencia anecdótica en los apellidos de Requiem for a dream o fundamental en Pi Noah), y un compromiso por temas trascendentes o de interés social, como lo son las drogas, la obsesión en buscar los límites del cuerpo y la mente para conseguir placer, perfección o fama, el miedo a la muerte y a envejecer. En orden para mostrar esas limitaciones mentales y corporales, Aronofsky siempre busca mezclar la realidad y los delirios en torno a sus personajes: es su manera de enseñarnos el camino a la locura.
capacidad para cambiar de registro y tratamiento formal en cada película que hace.

Pero la verdadera grandeza del cineasta es su capacidad para cambiar de registro y de tratamiento formal en cada película que hace (a excepción de Black Swan y The Wrestler, que forma parte de algo así como un díptico no declarado de la obsesión). Como una muestra más de esta capacidad, este año estrena su nueva película, 'Noah', con Russell Crowe, Jennifer Connelly Anthony Hopkins, entre otros, que nos contará la historia bíblica de Noé. Sorprende que Darren Aronofsky, al que podríamos considerar como autor, y no un mero técnico o artesano, decida dirigir esta superproducción, aunque siendo Aronofsky no puede tratarse de nada convencional. Este mes de diciembre, pues, repasamos en Siempre en VO su filmografía mientras esperamos el estreno de Noah, previsto para el 4 de abril.
Título: La grande Bellezza (La gran belleza)
Director: Paolo Sorrentino
Guión: Paolo Sorrentino, Umberto Contarello
Fotografía: Luca Bigazzi
Año: 2013
Duración: 142 min.
País: Italia
Productora: Coproducción Italia-Francia; Indigo Film / Medusa Film / Mediaset / Pathé / France 2 Cinéma / Babe Film / Canal+
Reparto: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Serena Grandi, Isabella Ferrari, Giulia Di Quilio, Luca Marinelli, Giorgio Pasotti, Massimo Popolizio

Este año, el jurado de Cannes 2013 se olvidó de incluir entre sus películas premiadas esta nueva colaboración entre el realizador napolitano Paolo Sorrentino y el actor Toni Servillio, la película sobre la que ahora mismo me lanzo a opinar: La Grande Bellezza. Es quizás una apuesta tan arriesgada como también lo fue en esta edición Only God Forgives, por su hastío hacia la narrativa habitual, y su ardiente, intensa, y apasionada formalidad técnica. A lo mejor por eso ambas fueron evitadas en pro de La vie d'Adéle, más convencional en forma, pero mucho más arriesgada en fondo. Decisión más que respetable (y más cuando se trata de una hecha por el mismísimo Spielberg), pero de la que, lejos de compartir, rehúyo.

Jep Gambardella (Toni Servillio), cronista y vividor, echa una mirada atrás a su existencia poco después de cumplir los 65 años. Toda su vida ha girado en torno al éxito de su primera y única novela: desde entonces se ha relacionado con los círculos literarios y artísticos de la más alta esfera romana.

Ero destinato a la sensibilità. Ero destinato a diventare uno scrittore...

Prima-hermana de La Dolce Vita de Fellini, sucesora del magnetismo cómico de Woody Allen, reminiscente del Pasolini de Saló, y heredera del mantra (acuñado por P.T. Anderson) "se debe captar la atención del espectador durante los cinco primeros minutos", La Grande Bellezza es un viaje por la mente de un hombre que a sus 65 años de edad repara en el inexorable y nefasto avance del tiempo. Avance que esconde bajo kilos de botox, un frenesí imparable de fiestas, y una banda sonora en la que destaca el remix de uno de los grandes hits de Rafaella Carrá. Y eso dice mucho: la canción es la misma, sólo que se niega a crecer. Su alma intenta, con todos sus medios, resistirse a sucumbir ante la inminente (y definitiva) llegada de la decadencia mediante el fingimiento de la felicidad y el máximo exceso. Jep Gambardella (impecable e imperdible interpretación de Servillio) y sus compañeros nocturnos, todos ahijados de Roma, al igual que la canción (otrora símbolo de toda una generación), se refugian en la gloria de los tiempos ya pasados, e internamente se lamentan de lo que han perdido y les impide alcanzar una existencia plenamente satisfactoria, llevándolos a un deterioro anímico escondido bajo la superficialidad de las grandes y orgiásticas fiestas, y la hipocresía y máxima ostentación de las altas esferas. Al final, sólo al final, Jep logrará aceptar la realidad, y vivir en harmonía con ella.

... Ero destinato a diventare... Jep Gambardella.

Por si todo esto fuera poco, el escenario por el que deambulan sus viejos y deteriorados personajes no es otro que Roma, hogar de lo viejo y deteriorado (pero, igual que ellos, reformado). El escenario perfecto para este gran guiñol en el que se encuentran convertidas las vidas de todo el que rodea a nuestro protagonista, el rey de lo mundano. Un escenario retratado con, valga la redundancia, gran belleza por el director de fotografía de Luca Bigazzi.

Sorrentino nos habla de la imposibilidad de alcanzar o ni siquiera de rozar la "grande bellezza" en un mundo roto y superficial, y, paradójicamente, nos la muestra durante algo más de dos horas. Sorrentino nos habla del fin de la fiesta, y a la vez, del inicio de la más grande de todas. Sorrentino nos habla de todo, y de nada.

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