[[Crítica de @PaulPorcoRosso]]

Estimado lector, vamos a jugar a un juego.

Imagina una película fruto de la mezcla entre 2001: A Space Odissey, The Tree of Life y la serie Secretos del Universo con Morgan Freeman. Luces y colores en frente de la cara de Keir Dullea, mientras escudriñamos el origen del Universo, la Tierra, la vida y la humanidad a modo documental con la voz en off de Morgan Freeman. Ahora, imagina que esta mezcla se convierte en una película de acción. Con coches chocando, muchos tiroteos, persecuciones. Y ambientada medio en Taipei y medio en París. El director va a ser Luc Besson, así que sustituye al protagonista masculino, Keir Dullea, por una mujer que, además de ser un bellezón contemporáneo, sea buena actriz. Pongamos, Scarlett Johansson. Y ahora súmale al cocktail bizarro que estás elaborando en tu mente la droga de Limitless, pero que en vez de hacer a Scarlett más inteligente (que también) le dé unos súper-poderes tipo X-Men o los de Neo en Matrix. ¿Lo tienes? Bien. Pues eso es resumido en unas pocas líneas Lucy. Una locura desmesurada que no debería funcionar bajo ningún concepto, pero que por suerte funciona maravillosamente.

La película viaja de los albores de la humanidad a Taiwán, y luego a París, donde el profesor Norman (Morgan Freeman) da una conferencia sobre la evolución, el cerebro y los seres humanos, elucubrando con futuro-ficción qué ocurriría si alguien pudiera usar más del 10% de su cerebro. Mientras, en Taipei, Lucy (Scarlett Johansson), una estudiante americana asentada allí, se ve envuelta en una red de tráfico de drogas bajo el comando del Sr. Jang (Choi Min-sik). Es forzada a convertirse en una mula, transportando una sustancia sintética extremadamente peligrosa llamada CPH4 que le han puesto en el estómago mediante una operación quirúrgica. Cuando la bolsa de droga se rompe, Lucy no sólo sobrevive la sobredosis, sino que la droga consigue que cada vez use un porcentaje más elevado de su cerebro.


Las películas fantásticas y de acción con protagonista femenina nunca han cuajado en taquilla, y más bien el espectador tiende a rehuir de ellas, tras las malas experiencias que le han aportado en el cine. Hablo de Aeon Flux, Underworld, Lara Croft, Resident Evil o Catwoman. Muchos lo han intentado por activa y por pasiva, pero el único que ha conseguido hacerse un hueco contando eminentemente con heroínas de acción en su cine es el director francés Luc Besson. Él es el principal importador de heroínas de cine que valen la pena, personajes duros y luchadores, y ante todo (y perdón por la expresión) molones de la ostia. No en vano todos caímos prendados de las peripecias de Leelo (esa Mila Jovovich de pelo naranja y poco ropaje) en The Fifth Element, vimos claro que lo mejor de Malavita (aparte de De Niro haciendo de gánster otra vez) era el personaje de Dianna Agron, y que Nikita y Mathilda son dos niñas de mucho cuidado. ¡Si es que incluso intentó una versión de Juana de Arco! No sé cómo lo hará, pero el caso es que los personajes femeninos de Besson, por H o por B, siempre son interesantes y simpáticos: cosas de su cine. Zach Snyder tiene apego por los abdominales marcados, Michael Bay por las mozas que enseñan pechuga y el ejército, Wes Anderson por los travelling laterales y los colores pastel, y Luc Besson por las mujeres cañeras. Pero fuera coñas: el parisino ha hecho tanto por los personajes femeninos de acción y fantasía como Lars von Trier con los de drama. Y eso es una verdad como un templo.


Esa mezcla de homenajes a películas de ciencia ficción de Hollywood de la que hablaba al principio, forma un collage perfecto de referencias cinéfilas en el que perderse y disfrutar y no acabar irritado por ver en la película una burda copia. En la fina línea que separa la copia del homenaje, Besson se mantiene al filo: así trata de localizar la posición actual de la humanidad dentro del Universo, y se anticipa a la siguiente fase de la evolución humana (como hacen Malick y Kubrick en sus respectivas obras), y mientras Lucy se reconfigura en todos los ordenadores, smartphones y televisores del mundo, no podemos dejar de pensar que esto es más o menos lo que Trascendence querría haber sido pero por desgracia no pudo. Paradójicamente, con todas las referencias del film (supongo que buscadas) que podrían convertirlo en una amalgama del orden de Oblivion, y después de los fracasos con el drama The Lady y su aventura sin alma en el mundo de la animación con Arthur y los minimoys, esta es la pieza fílmica de Besson más enérgica desde que Bruce Willis salvara a Milla Jovovich (otro ser humano perfecto, o más bien hecho perfecto) en su cinta mítica de ciencia ficción distópica. La potencia de la fotografía de Thierry Arbogast jugando con el contraste de colores, escenas de impremeditado humor negro y la potente selección musical maquinera se combinan en algo que es, sin lugar a dudas, un trabajo de Besson.


Es justo remarcar las actuaciones de un Morgan Freeman con el piloto automático de su serie documental sobre el Universo y de un villano sobriamente interpretado por el magnífico actor coreano Choi Min-sik (al que espero que se le den más papeles en películas occidentales), y sobre todo, la de Scarlett Johansson en el papel más que complicado de comunicar sus observaciones, reacciones y epifanías morales con una falta de expresividad que se incrementa al mismo ritmo que su capacidad cerebral. Vemos perfectamente el cambio de la Lucy-humana a la Lucy-en-el-siguiente-peldaño-evolutivo a la perfección: su registro plano en los últimos minutos de película contrasta de forma brutal con la americana fiestera de los primeros. Y eso, es mérito de la actriz.

Y habiendo dicho todo esto, Besson combina a la perfección las escenas de persecución y tiroteos con monólogos de Lucy sobre las cuestiones biológicas y filosóficas que el filme plantea sobre la brevedad y belleza de cada momento, el antropocentrismo de la humanidad, y el tiempo como unidad única de todas las cosas. Sólo un ser eterno (como en el que ella se convierte) es capaz de descubrir las maravillas del Universo y sacar la venda de los ojos de los seres humanos. 


Ir buscando en Lucy una película definitiva es equivocarse tremendamente de sala, de película y de director, pero sí que es muchas cosas a la vez: una película de verano con acción y superhéroes fruto de la mente esteta del autor francés (por lo tanto, casi tan raro como un perro verde), el enésimo personaje femenino molón de su cine, un guilty pleasure pulp con bastante CGI, y un excesivo pasatiempo cuyos 85 minutos pasan como un rayo. Y si aún después de leerme no cree, estimado lector, que Lucy pueda ser un genial entretenimiento fruto de una mente privilegiada, piense un momento: el hombre que ha hecho tanto por la carrera de Milla Jovovich y Jean Reno no puede estar equivocado.

Lo mejor: la fotografía, la dirección de Besson, y las actuaciones de los tres personajes principales (Choi Min-sik, Scarlett Johansson, y Morgan Freeman).
Lo peor: en cuanto al guión, en ningún momento hay sensación de peligro real hacia Lucy, pues es un personaje prácticamente indestructible.


Crítica original en Pandora Magazine


Título: Lucy

Director: Luc Besson
Guión: Luc Besson
Fotografía: Thierry Arbogast
Año: 2014
Duración: 90 min.
País: Francia
Productora: Universal Pictures / EuropaCorp / TF1 Films Production
Reparto: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Choi Min-sik, Amr Waked, Pierre Poirot, Yvonne Gradelet, Jan Oliver Schroeder, Julian Rhind-Tutt
Título: Pantani: The Accidental Death of a Cyclist
Director: James Erskine
Guión: James Erskine
Fotografía: Joel Devlin
Año: 2014
Duración: 90 min.
País: Reino Unido
Productora: New Black Films
Reparto: género documental, Conan Sweeny

14 de febrero de 2004, Rímini, Italia. Marco Pantani es encontrado muerto en su habitación de hotel a la que había llegado unos días antes. El mundo del deporte se viste de negro. La muerte del ciclista, apodado El Pirata, es un golpe duro tanto para sus fans como para sus detractores. Las circunstancias de su fallecimiento siguen siendo a día de hoy (más de diez años después) un misterio. Pantani atravesaba una enorme crisis depresiva, y si bien es cierto que en su habitación se encontraron cajas vacías y iniciadas de medicamentos antidepresivos indicando un suicidio desestimado por el fiscal investigador, la autopsia estableció que el paro cardíaco resultado de un edema pulmonar y cerebral fue causado por una sobredosis de cocaína. Los padres de Pantani, Paolo y Tonina, nunca han aceptado la idea del suicidio y mucho menos la ingesta accidental de cocaína, y han conseguido la reapertura del caso tras muchos años recopilando datos junto a sus abogados. Han generando la hipótesis de que El Pirata no estuviera sólo en su habitación de hotel, y fuera golpeado y una vez inconsciente, obligado a consumir ingentes cantidades de cocaína provocándole la sobredosis y acabando con su corta vida.


Sus amigos más allegados consideran que El Pirata llevaba muerto des de esa fatídica mañana de 1999 en la localidad de Madonna di Campiglio, donde comenzaba la penúltima etapa del Giro que ya tenía prácticamente sentenciado, ya que el mazazo emocional y psicológico que supuso su expulsión por un hematocrito alto (hecho que sugiere pero no confirma un consumo de EPO) fue tremendo y el ciclista nunca volvió a levantar cabeza. Sí es cierto que luego volvió a competir en varias ocasiones, como el Tour del año 2000, mostrando destellos de su brillantez como la escapada junto a Lance Amstrong en la ascensión al Mont Ventoux. Este documental, dirigido por el desconocido James Erskine, narra (como si de una película de Socrsese se tratara) el nacimiento, ascenso y caída del mayor mito de la historia del ciclismo, el hombre que siempre miraba a la meta, que no tenía miedo de encadenar tres y cuatro esprintes en los puertos de montaña más duros del Tour, que fue capaz de salir des de la 126ª posición y terminar ganando una etapa en el Giro. Marco Pantani. El Pirata. Mediante metraje de sus mejores etapas, entrevistas a familiares, amigos y patrocinadores, y una sempiterna narración en voz en off, se repasan las etapas más duras de su carrera y sus mejores victorias, así como sus inicios en el mundo del ciclismo.

Se le puede retraer al guión de Erskine que se olvida de tratar en su documental las extrañas circunstancias de la muerte del Pirata, y por desgracia no da tanta importancia al Pantani hombre como al Pantani leyenda del ciclismo. Aún así, este magnífico documental entretendrá y fascinará tanto a los amantes del ciclismo como a los que echan la siesta las tardes de junio y julio con la Televisión Española de fondo, mientras la voz de Carlos de Andrés y Pedro Delgado acaricia sus orejas con comentarios sobre el Tour de Francia.

Lo mejor: abarca un gran espectro de público.
Lo peor: no trata el posible asesinato de Marco Pantani.
Título: Muppets Most Wanted! (The Muppets... Again!)
Director: James Bobin
Guión: Nicholas Stoller, James Bobin
Fotografía: Don Burgess
Duración: 112 min.
Año: 2014
País: Estados Unidos
Productora: Walt Disney Pictures / Mandeville Films
Reparto: The Muppets, Ricky Gervais, Ty Burrell, Tina Fey, Tom Hiddleston, Ray Liotta, Danny Trejo, Zach Galifianakis, Christopher Waltz, Salma Hayek, Frank Langella, Jemaine Clement, Debby Ryan, Peter Serafinowicz, Chloë Grace Moretz
Crítica de @PaulPorcoRosso

El año 2011 fue, entre de entre otras efemérides, el año de retorno de los Muppets a la gran pantalla. La vuelta fue con una historia básica, típica y muy sencilla: los Muppets debían recuperar de las garras de un malvado empresario los antiguos estudios donde los muñecos rodaban su show, con la reunión de la banda entera. Esta trama, más bien simplona y vista miles de veces por el espectador fue tratada por los guionistas (el mismo Segel y Nicholas Stoller) con reflexiones sobre el paso del tiempo, la pérdida y recuperación de la fama, y la identidad personal, dotando así una película para niños de una madurez inusual. Pero, ¿todo el mundo se dio cuenta de esto? ¿el éxito de público se debió a la nostalgia de treintañeros que crecieron con los Muppets en la televisión? ¿o conquistaron a la audiencia (nueva y vieja) con sus momentos de humor absurdo? Lo que sí se puede afirmar es que Jason Segel conquistó los corazones de los niños (ahora adultos) que crecieron con los Teleñecos y consiguió acercar a los que ahora son pequeños una parte de la historia de sus progenitores. Debido al éxito rotundo de la primera parte (que llegó a ganar un Oscar a la Mejor Canción), Disney encargó al mismo director James Bobin una segunda parte, que coescribió con Nicolas Stoller, mientras Jason Segel abandonaba el proyecto.


Muppets Most Wanted! es una secuela simpática, que no renuncia al clásico humor de los Muppets, irónico e inteligente, y que empieza con un número musical que no tiene miedo de reírse de la construcción de las secuelas y la narración cinematográfica. La sensibilidad que aportó Segel (el alma de la carta de amor a los Muppets con los que creció) a la película de 2011 se ve diezmada en pro de divertir y entretener para así afianzar a los muñecos de trapo liderados por la Rana Gustavo. Los personajes de carne y hueso que acompañan a los Muppets son más alocados si cabe que los propios Muppets: Ty Burrell fingiendo un divertido acento francés en su papel de inspector de la Interpol (que cumple y se ríe de todos los clichés sobre europeos), y Ricky Gervais con el papel de malo de la función son quien llevan la voz cantante, aunque la cinta está repleta de cameos de estrellas del Hollywood actual (junto a los números musicales, característica principal de las películas de los Muppets). Ahí están Tom Hiddleston, Ray Liotta, Danny Trejo, Zach Galifianakis, Christoph Waltz y muchos otros que en ocasiones no aparecen más de un minuto en pantalla.


Pero sigue habiendo un mensaje oculto bajo las divertidas peripecias del doble maligno de Gustavo, Constantine, y los locos números musicales de cada uno de los Muppets. Esta secuela habla del egoísmo, los lazos que unen a las personas y de lo efímero que es el éxito, pero en un subtexto que de tan leve, es imposible de apreciar. No llega a la madurez de su predecesora ni tiene la misma profundidad, pero tampoco lo pretende: estamos sólo ante una secuela que busca alargar el éxito Muppet y divertir a los que decidan entrar en su juego humorístico de personajes absurdos.

Lo mejor: más sentido del humor que le otorga la capacidad de reírse, ante todo, de ella misma.
Lo peor: se abandona la madurez para dar paso a un sinfín de gags. Le cuesta encontrar el equilibrio entre humor y drama.
Crítica de @PaulPorcoRosso
Park Chan-wook empezó su carrera cinematográfica en el año 1992, cuando escribió y dirigió Moon is the Sun's dream, pero no fue hasta el año 2000, cuando estrenó Joint Security Area, que su carrera se catapultó al estrellato. J.S.A fue el filme más visto de la historia de Corea del Sur en el año 2001, y su éxito económico permitió a Chan-wook financiar su deliciosa Trilogía de la Venganza. Como curiosidad, el presidente de Corea del Sur, Roh Moo-Hyun, obsequió con un DVD a Kim Jong-il, probando el impacto del filme no sólo en la sociedad occidental, sino también en su propio país.

El fin de la guerra de Corea (1950-53) supuso la formación de una zona de riesgo nombrada Área de Seguridad Compartida (J.S.A.) que separaba (y hoy en día aún separa) las dos Coreas por el paralelo 38. Un día son hallados los cadáveres de dos soldados norcoreanos, aparentemente asesinados por un soldado surcoreano. Existen dos versiones, la de Corea del Norte, que acusa de un ataque por parte del Sur, y la de Corea del Sur, que mantiene la versión de un secuestro con trágico final por parte de los vecinos del Norte. Para investigar el caso, se destina a la zona una oficial de la Inteligencia Militar de Suiza de origen coreano.


Es magistral el uso del flashback que hace Chan-wook en la película: un segundo acto totalmente narrado de este modo (y numerosos durante el primero, para mostrar las versiones de ambos bandos) usa referencias cronológicas para marcar el momento en el que nos encontramos, y como puede desembocar en tiroteo. Porque, al fin y al cabo, J.S.A es un relato de las relaciones humanas. Como una ideología, o más bien un suceso traumático tan anterior puede marcar el odio y provocar el distanciamiento entre seres humanos que en el fondo son eso: seres humanos, hermanos separados por una línea en un mapa.

Así, nace la amistad entre personas que se odian inherentemente, sin ningún motivo personal. El odio hacia el vecino no es más que un atributo cultural aprehendido de generación a generación. Y los protagonistas se dan cuenta, igual que lo hace el espectador: el enemigo disfruta de la misma música que tú, le parecen atractivas las mismas mujeres, juega a los mismos juegos, le gustan los mismos dulces. Las fronteras aunque difíciles (o casi imposibles) de romper, siempre son cuestionables.

Joint Security Area se trata de una inmensa película de cine asiático (surcoreano) del hombre que nos trajo Oldboy. Imposible no disfrutar este drama humano disfrazado de thriller político-militar de compleja estructura, un canto a la amistad, y por si no fuera poco, el pequeño granito de arena que aporta Park Chan-wook para la rotura de divisiones, y la Reunificación de las dos Coreas.

Lo mejor: numerosas escenas para el recuerdo, encuadre magistral (atisbo de en qué se convertirá Chan-wook más adelante), fotografía preciosista, guión y su uso del montaje. El in crescendo de interés en la trama.
Lo peor: algún actor que no está en sintonía con las increíbles interpretaciones de los principales (fallan los occidentales que interpretan a suizos).

Título: Gongdong gyeongbi guyeok - Joint Security Area (J.S.A.)
Director: Park Chan-wook
Guión: Jeong Seong-san, Kim Hyeon-seok, Lee Mu-yeong y Park Chan-wook (basándose en la novela de Park Sang-yeon)
Fotografía: Kim Sung-bok
Año: 2000
Duración: 101 min.
País: Corea del Sur

Productora: CJ Entertainment / Inzt.com / KTB Network / Myung Film Company Ltd. 
Reparto: Lee Byung-hun, Song Kang-ho, Lee Young-Ae, Shin Ha-kyun, Kim Tae-Woo, Sin Ha-Gyun, Choi Sang-Woo, Kim Myeong-Su
Título: Transformers: Age of Extinction (Transformers 4)
Director: Michael Bay
Guión: Ehren Kruger
Fotografía: Amir Mokri
Año: 2014
Duración: 165 min.
País: Estados Unidos
Productora: Paramount Pictures / Hasbro / China Movie Channel
Reparto: Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Sophia Myles, Victoria Summer, T. J. Miller, Han Geng, Li Bingbing, Brenton Thwaites, Cleo King, Titus Welliver, Teresa Daley, Michael Wong

El cine de Michael Bay es un menú de comida basura. Unos nuggets grasientos, una whopper con doble de queso y una cola de sobre de litro. Hay quién disfruta con esta comida, quien sorbe la cola de litro hasta juguetear con los hielos, se mancha la boca de kétchup y mostaza a cada jugoso mordisco de su whopper, y engulle los nuggets como si no hubiera un mañana al que llegar. Pero la comida basura es eso: basura. Quienes la comen para el disfrute de sus papilas gustativas (demostrando una vez más que el glutamato monosódico con el que se baña todo material que transita por la cocina de un restaurante de fast food es una sustancia profundamente adictiva) ya se dieron cuenta con el documental Super Size Me de que el vómito está asegurado en un 75%, y los problemas físicos y mentales están asegurados a corto y largo plazo con la ingesta muy continuada de dichos alimentos.

Yo, tanto de la comida basura como del cine de Michael Bay, prefiero mantenerme al margen, pero consumo ambas sólo con la intención de regocijarme en su ínfima calidad y poder hablar con propiedad sobre el tema. Con su última película, Pain and Gain, el realizador angelino parecía haberse dado cuenta de que el sueño americano y los valores que se profesan des de su amada patria (que nos recuerda en sus películas bandera mediante casi cada 24 fotogramas) no eran más que una mentira, y los satirizaba con sus personajes descerebrados, sus cámaras lentas y sus travelligs circulares: parecía que Bay había vuelto a sus inicios de comedia gamberra, devuelto a sus productores la cordura de trabajar con un presupuesto más "normal" (si lo comparamos con las mastodónticas cifras que se manejan en la saga Transformers), y más importante de todo, aprendido a hacer cine de verdad con su estilo épico y adrenalínico. Transformers: Age of Extinction es la tormenta después de la calma. Su declive tras el espejismo que fue Pain and Gain.

Miguel Bahía en su puesto de trabajo habitual: inspector de explosiones...

En esta entrega (que mantiene continuidad con las otras tres de la saga), el protagonismo cambia de las manos de Shia LaBeouf a los anabolizados brazos de Mark Wahlberg, más válido en las escenas de acción y con una carisma desbordante que el chico malo de Hollywood no tenía ni por asomo. Cuatro años después de la Batalla de Chicago de Transformers: Dark Side of the Moon, los Autobots (robots buenos liderados por Optimus Prime) son perseguidos por el Gobierno de los Estados Unidos y otros robots alienígenas, y los restos tecnológicos de los Decepticons (robots malos liderados por Megatrón) son usados por Joshua Joyce (Stanley Tucci) para crear unos robots más avanzados que los Autobots en todos los sentidos. Por su lado, un mecánico inventor llamado Cade Yaeger encuentra un Marmon semi-tráiler corroído y abandonado que al intentar repararlo resulta ser el mismísimo Optimus Prime. Entonces, Cade, con la ayuda de su hija y el novio de esta, se unirá a los Autobots en una causa mucho más importante que sus propias vidas y que pone en juego a toda la humanidad... Ya que uno de los tres grupos de alienígenas robots que componen la mitología Transformers (que ni diferencio ni me interesa diferenciar) quiere destruir la Tierra usando el poder del dubstep.

Lo habéis adivinado: Nicola Peltz es otro de los insulsos personajes
femeninos del cine de Bay.

Siempre he pensado que Transformers podría haber sido una película a tener en cuenta que, como Pacific Rim, despertara al niño que todos llevamos dentro y le hiciera saltar de alegría y júbilo ante un grupo de incontables robots pateando los traseros de otros robots. Y así sería en manos de un director que no fuera Michael Bay. La ilimitada voluntad automasturbatoria del director de The Rock, convierte una vez más otra película de Transformers en un show para oligofrénicos donde destacan el exceso, la cámara lenta, el impersonalísimo trabajo musical de Jablonsky con lo que parece música de archivo, los planos aberrantes, las mujeres enseñando pechuga y las banderas de Estados Unidos. En los primeros compases de la película, el personaje de Wahlberg (con el modesto apellido Yaeger -alemán para ROBOT-) entra en un cine abandonado buscando piezas para construir sus movidas de inventor súper-comprometido con su trabajo. El propietario, mientrastanto, resume en una frase lo que se está convirtiendo el cine: remakes, secuelas, precuelas, reboots. Paradójico que sea Michael Bay el director de la cinta y esta sea ya la cuarta parte de las aventuras robóticas de Optimus Prime.

"¿Optimus Prime montado en un T-Rex robot? ¡Esto no me lo pierdo!"
Craso error.

No todo son cosas malas. Es más: esta película de Transformers es la mejor de toda la saga, bien por el ya comentado cambio de protagonista, por el colorido de la ciudad japonesa de Tokio perfectamente retratado por Amir Mokri, por el divertido sidekick cómico que es T.J. Miller, o por el cuarto tipo de robots que se introduce en el filme: los dinobots. Aún con esas, la cuarta entrega de Transformers no es más que un entretenimiento para oligofrénicos o para adolescentes imberbes en busca del ruido, la explosión y los colores llamativos. Lo que veo ni me interesa ni me entretiene: me aburre y me produce dolor de cabeza.

Lo mejor: el cambio de protagonista, la colorida fotografía de Mokri y la escena de persecución vertical por las ventanas de Tokio.
Lo peor: de entre todo lo malo de esta película, que es mucho, lo peor es que sienta las bases para una quinta entrega antojando esta saga interminable.
Título: The Perfect Host
Director: Nick Tomnay
Guión: Nick Tomnay
Fotografía: John Brawley
Año: 2010
Duración: 94 min.
País: Estados Unidos
Productora: Stacey Testro International / Mark Victor Productions / Perfect Host
Reparto: David Hyde Pierce, Clayne Crawford, Nathaniel Parker, Helen Reddy, Meghan Perry, Joseph Will, Tyrees Allen, Brooke Anderson, Cooper Barnes
Crítica de @PaulPorcoRosso

Basada en un corto del mismo director, Nick Tomnay, The Perfect Host arranca cuando John Taylor (Clayne Crawford), después de robar 300000 US$ en un banco, se sorprende viéndose en todos los noticiarios locales con fotos y descripciones detalladas de su atraco y posterior fuga, pese a que iba con la cara perfectamente cubierta durante todo el atraco. Debe esconderse durante un tiempo, pero no puede volver a su casa (que seguro que estarán vigilando) así que decide pasearse por las calles de un barrio acomodado de Los Ángeles en busca de alguna viejecita adorable a la que engañar para que acoja en su casa a un joven desamparado. En una de las casas que mira, decide hacerse pasar por el amigo de Julia, una amiga de Warnick Wilson (David Hyde Pierce), el perfecto anfitrión. Varias horas y copas de vino más tarde, tanto invitado como anfitrión descubrirán (al igual que el espectador) que las apariencias engañan.


The Perfect Host es una película divertida, tensa y recomendable, cuyo único (aunque enorme) problema son unos últimos quince minutos en que abusa de los giros de guión y olvida la verosimilitud en algunas de sus curvas. Si se entra en su juego es imposible no engancharse, gracias a Clayne Crawford (un carismático clon de Michael Shannon de joven) y la mastodóntica actuación de David Hyde Pierce (cuyo parecido físico con John Malkovich también es reseñable), estrella del reparto, que da vida a un personaje complicado con solvencia casi insultante y sin resultar histriónico ni excesivamente frío. El autor consigue trasmitir durante los cincuenta minutos que dura la cena, el desconcierto y hasta cierto punto el miedo que siente el protagonista, haciendo gala de un humor negro y un manejo de la tensión envidiables (casi tarantinianas), saltando a la comba entre la realidad y el mundo de la imaginación como un auténtico maestro.

El problema principal de la cinta de Tomnay es que tras un planteamiento y un desarrollo de matrícula de honor, su originalidad se cuartea justo en el momento en que decide alejar la acción del claustrofóbico universo construido para entrar en la senda estandarizada del cine de atracos a los bancos: el mundo del botín, las trampas y las conversaciones de polis. Además, su triple final tampoco ayuda a acabar del todo satisfecho con la cinta. El desenlace se basa en un giro de guión maestro y en dos giros más sin la misma repercusión y más trillados que buscan sorprender y no lo consiguen: el amor fallido y el policía con doble personalidad estropean una magnífica propuesta inicial que, de haberse quedado en el minuto 75, hubiera entrado en la élite de los thrillers psicológicos.


The Perfect Host es una mezcla bizarra entre el espíritu de Funny Games de Haneke,  los giros de Sospechosos habituales de Bryan Singer y un personaje enfermizo sacado de un filme del primer Polanski, pero que no se acerca a la maestría de ninguno de los tres directores. Eso sí: sigue siendo un recomendable filme que empieza como notable, sigue como excelente, y termina como un simple aceptable pasatiempo de algo más de noventa minutos.

Lo mejor: la actuación de David Hyde Pierce.
Lo peor: el innecesario triple salto mortal que se marca Tomnay en el desenlace.
Título: Stoker
Director: Park Chan-wook
Guión: Wentworth Miller
Fotografía: Chung-hoon Chung
Año: 2013
Duración: 98 min.
País: Estados Unidos
Productora: Fox Searchlight Pictures / Scott Free Productions
Reparto: Mia Wasikowska,  Matthew Goode, Nicole Kidman, Jacki Weaver, Dermont Mulroney, Lucas Till, Ralph Brown, Alden Ehrenreich, Phyllis Somerville, Wendy Keeling, Lauren E. Roman, Tyler von Tagen, Judith Godrèche




Park Chan-wook era un cineasta coreano poco conocido en la sociedad occidental hasta que realizó la obra de culto 'Oldboy', que de hecho ganó el Premio del Jurado en Cannes en una edición cuyo jurado estaba presidido por Quentin Tarantino. 'Stoker' es su primera película de producción estadounidense, y aunque presenta algunos fallos (sobre todo en lo relativo al guión), afortunadamente los dólares norteamericanos no consiguen ocultar la personalidad de Park Chan-wook

En el funeral del padre de India, muerto en un accidente de tráfico, aparece Charlie Stoker, su tío, cuya existencia desconocía. Después de la ceremonia, se queda a vivir con ella y con su inestable madre, Evelyn. Aunque al principio desconfía de él, pronto se da cuenta de que tienen mucho en común. 


Hace poco más de un año habría dicho que el guión es lo más importante en una película y que a los guionistas no se les valora lo suficiente en favor de la figura del director. Actualmente, y con una certeza aún mayor tras el visionado de la película de Chan-Wook, mi opinión ha cambiado radicalmente, y 'Stoker' viene a demostrar que no hace falta un gran guión para realizar una buena película. Esta película es, de hecho, la primera en la que el director coreano no participa en la elaboración del guión, y dicha función recae únicamente en las manos de Wentworth Miller. El guionista, actor en la serie 'Prison Break', entrega un libreto disparatado, inverosímil y con bastantes lagunas argumentales. Aunque es una clara exageración y no quiero insultar el trabajo de Miller, Park Chan-wook convierte la mierda en oro. Si este guión hubiese caído en otras manos, no ya de un mediocre director, sino de un correcto e impersonal artesano, la película no tendría más valor que las miles de películas estrenadas pero destinadas al más absoluto de los olvidos. Pero el guión llega al cineasta coreano, y dice, "voy a hacer una buena película a partir de un mediocre guión", y lo consigue. 

La historia, como ya habrán notado algunos espectadores, puede recordar un poco a la serie 'Dexter', una similitud resumida en la frase de "A veces es necesario hacer un mal menor para evitar otro mayor", en ese padre que intenta encauzar la violencia irreprimible de su hijo en víctimas menos importantes, los animales. A diferencia de la serie protagonizada por Michael C. Hall, sin embargo, en ‘Stoker’ no hay ningún atisbo de humor negro en lo que se confirma como un film seco, frío, despiadado y retorcido.



Hace un par de semanas reseñaba en el especial asiático de este mismo blog una película japonesa, 'Confessions', de la que la crítica profesional decía burradas como "una película oscuramente bella" o "un thriller estilizado y poderoso", cuando yo sólo veía un irritante anti-estilo formal combinado con un insultante guión. Pues bien, aunque en 'Stoker' el guión no llega al patetismo de 'Confessions', la falta de consistencia del libreto es compensada con creces por la maestría de su director, que a través de metáforas visuales, planos-secuencia exquisitos y un excelente uso del montaje, consigue hacer olvidar los agujeros del guión de Wentworth Miller. La tensión propia del thriller que suponemos podría intuirse en el libreto de Miller, Chan-wook lo traslada a imágenes de forma portentosa, con breves pero contundentes estallidos de violencia (con un genial montaje paralelo) y una atmósfera inquietante y fascinante a la que también contribuyen Chung Chung-hoon, el director de fotografía y Clint Mansell, compositor, colaborador habitual de Darren Aronofsky

No me olvido, por supuesto, de la gran actuación de Mia Wasikoska, que interpreta de forma soberbia a India, un personaje difícil de interpretar por su contención y frialdad. Además, también contamos con la presencia de Matthew Goode, que resulta convincente como un inquietante tio Charlie, y a Nicole Kidman, supuestamente la gran estrella del reparto que acaba por resultar la menos brillante de todas. 

'Stoker' no contentará a los que piden de una película un relato creíble y verosímil (algo comprensible y de hecho deseable), pero si estamos dispuestos a pasar por alto los fallos del guión, vamos a disfrutar de la belleza que Park Chan-wook imprime a cada uno de los fotogramas de la película con esa dirección y montaje que le confirman como uno de los cineastas más interesantes del panorama asiático.




Título: Une Rencontre
Director: Lisa Azuelos
Guión: Lisa Azuelos
Fotografía: Alain Duplantier
Duración: 80 min.
Año: 2014
País: Francia
Productora: Pathé / Bethsabée Mucho
Reparto: Sophie Marceau, François Cluzet, Lisa Azuelos, Alexandre Astier, Arthur Benzaquen, Jonathan Cohen, Niels Schneider
Crítica de @PaulPorcoRosso

Debo empezar esta crítica indicando que no soy el mayor seguidor de cine romántico del planeta. O como mínimo del tipo de cine romántico al que pertenece Une rencontre. Soy el mayor amante de los dramas que se antojan reales, donde los problemas trascienden el chica/o malinterpreta acciones de chico/a (la clase de The Notebook, Titanic y otras del montón) y no abundan las frases que no dejan de ser ñoñerías escritas para sólo un cierto sector de la población que asiste a los cines. Yo disfruto y sufro y me gusta disfrutar y sufrir con unos personajes realistas, con problemas de verdad parecidos a los míos, o como mínimo parecidos a algo que haya visto antes en mi casa o mi entorno, o incluso con locos personajes que aman a su bizarra manera. Los problemas de Adéle en La Vie d'Adéle, de Gosling en Blue Valentine, de DiCaprio en Revolutionary Road, de Adam Sandler en Punch-Drunk Love. Situaciones reales y gente real, personajes alocados y entrañables. Situaciones nuevas, o situaciones viejas bajo el prisma de la mirada de un autor de verdad. Cinema verité. Dejar la cámara encendida y discutir. Parezco Vertov.

Une Rencontre es el cuarto trabajo de largometraje de la directora francesa Lisa Azuelos, conocida por haber "revolucionado" la comedia adolescente francesa con la película LOL (Laughing Out Loud) y por posteriormente haber dirigido ella misma el remake americano (titulado simplemente LOL) protagonizado por Demi Moore y Miley Cyrus. Uso el entrecomillado porqué para el que esto escribe, la de producción francesa (bastante mejor que su hermana americana) no pasa de ser un entretenimiento pasajero algo vacío, y el remake americano un cúmulo de despropósitos de tal magnitud que se puede decir que Miley Cyrus es lo mejor que hay en él. En esta nueva historia de amor ñoño, Pierre (François Cluzet) está felizmente casado desde hace 15 años con Anne (Lisa Azuelos). Una noche, pese a llevar una vida feliz y perfecta, conoce a Elsa (Sophie Marceau) con quien congenia al instante. Abandonan la idea de empezar un romance (él quiere ser fiel a su esposa y ella no se lía con hombres casados), pero vuelven a encontrarse por París al cabo de poco volviendo a sentir una muy fuerte atracción: su aparente falta de interés el uno en el otro provoca conversaciones sin tabús que les enganchan aún más.


La directora se pierde, como en las dos obras antes nombradas, en las ñoñerías socialmente aceptadas que deben enternecer a la demografía de edad que se puede identificar con los personajes. Personajes que, dicho sea de paso (no todo podía ser malo en esta película) son interpretados de forma sensible y genial por un Cluzet que se encuentra en la cumbre de su carrera y la bella Marceau. La directora, que se guarda un pequeño papel con el cual no se la ve cómoda, se rodea de grandes profesionales también tras las cámaras con la contratación de Alain Duplantier, que engalana la película con una buena composición de planos y uso del color. Azuelos llena la segunda parte de la película con cortos pasajes fruto de la imaginación fantasiosa de ambos protagonistas. Recalco el término imaginación. Porque en ellas todo rastro de realidad es borrado en pos del disfrute del espectador que busca el beso, la caricia y la historia de amor cremosa y empalagosa de los personajes. Así, el desarrollo amoroso que hemos venido a buscar, además de empalagoso, es inexistente. Bravo, Lisa. Bravo.


No me gustan las vidas perfectas, y las vidas de Pierre y Anne son perfectas. No me gusta que un cineasta confíe al azar todo el desarrollo de una de sus películas, y Azuelos lo hace. El 90% de Une Rencontre es otra ñoñería como las hay a montones en la historia del cine, un romance perfecto sacado de un cuento de hadas. Parece que alguien tiene que explicarle a Lisa Azuelos que la vida amorosa de las personas es un poco más complicada que como la retrata ella. Supongo que hay un target de gente a la que le interesa este tipo de cine, pero conmigo no ha acertado. Prefiero acercarme al cine a ver la última locura de Nacho Vigalondo o el desvarío holandés Borgman. Sin dudarlo ni un minuto.

Lo mejor: la fotografía, y las actuaciones de sus dos protagonistas.
Lo peor: todo lo demás.
Título: Begin Again (Can a song save your life?)
Director: John Carney
Guión: John Carney
Fotografía: Yaron Orbach
Año: 2013
Duración: 104 min.
País: Estados Unidos
Productora: The Weinstein Company / Exclusive Media
Reparto: Keira Knightley, James Corden, Mark Ruffalo, Adam Levine, Mos Def, Hailee Steinfeld, Catherine Keener, CeeLo Green
Crítica de @PaulPorcoRosso 

La vida sin música sería un error. -F. Nietzsche

La corta y dilatada carrera de John Carney, que cuenta en su filmografía con cinco filmes distribuidos a lo largo de 13 años de forma muy irregular, dio un vuelco en el año 2006 con su segundo largometraje, Once (Una vez), una historia de amor entre un cantautor callejero y una inmigrante checa vendedora de flores, que situaba su acción por las calles de Dublín banda sonora sentimental mediante. Su rotundo éxito catapultó al director hacia dos olvidables películas (una comedia y un thriller terrorífico) que sólo llegaron a estrenarse en Irlanda y que raramente podremos llegar a ver algún día a no ser que sea mediante su descarga ilegal. Begin Again (titulada originalmente Can a song save your life?) es la primera producción americana del director irlandés, que trata un tema parecido al de Once pero des de otra perspectiva diferente, con más presupuesto, un reparto lleno de estrellas de la actuación y del mundo de la música, y con la hipsteriana ciudad de Nueva York como telón de fondo.

"¡Mira! ¡el cantante de Maroon 5!"

En un garito perdido en las calles de Manhattan, un cantante rechoncho y de faz simpática que está ofreciendo un concierto, Steve (James Corden) introduce a la recién llegada a la ciudad Gretta (Keira Knightley) para que cante una canción que ella misma ha escrito. Sonrojada, sube al escenario y empieza a tocar no sin antes avisar de que "aún es un tema por pulir". La canción es ignorada por todos los espectadores que hay en el bar musical, menos por un hombre de pelo negro rizado con canas con pinta de vagabundo y notablemente borracho. Ese hombre no es otro que Dan (Mark Ruffalo), un famoso productor musical que ha quedado cautivado por su actuación y está dispuesto a convertirla en una estrella...

Cualquiera que haya visto Once vislumbrará en Begin Again algo parecido a la que es la mejor obra del director. Esta versión americanizada del éxito de 2006 no aporta nada nuevo ni a nivel argumental ni a nivel narrativo a la industria cinematográfica. Es más, incluso hay varios agujeros de guión en la trama, pero se convierte en una recomendable experiencia cinematográfica gracias a su temática. Begin Again derrocha amor por la música, por el cine y por el autor de ambos artes. Uno de los puntos fuertes es su crítica (algo ligera, todo se tiene que decir) al mundo de la producción musical: de como un disco grabado y pagado con el dinero del artista se distribuye y vende en tiendas reportando al artista sólo un 10% del valor que pagará el cliente. 

Hailee Steinfeld va creciendo en pantalla. Aquí, es una adolescente
 en su fase de putilla.

Pese a la magnífica química en pantalla de la que hacen gala Ruffalo y Knightley, y la fina voz que pone al servicio del filme Adam Levine, el romance que trata la película abraza el tópico. Esta oda a Nueva York, la música y el cine igual pedía un poco más de drama y un poco menos de convencionalidad. Por ejemplo, el alcoholismo del personaje de Ruffalo del que se nos dan varios atisbos, está tratado con pinzas, y desaparece de la misma manera que llega: de forma inexplicable. Este,  pero, tampoco es un inconveniente mayor a la hora de disfrutar el filme como lo que es: una simpática comedia romántica que ningún melómano que se precie puede perderse. La película nos conquista buscando en nosotros no la sonora carcajada sino la sonrisa cómplice sinónimo de que aquella producción lo está haciendo bien.

Al final estar tanto con Johnny Depp le ha servido para cantar bien...

Y, además, nos conquista con su música. La bella selección y producción musical de Gregg Alexander cautiva los oídos del público y los corazones de los personajes, genios musicales todos ellos. Incluso CeeLo Green parece dotado para la improvisación de hip-hop en su pequeño pero determinante cameo. El bello retrato de la ciudad de Nueva York (plasmado con el ojo clínico de Yaron Orbach) tiene sus puntos álgidos en los interludios musicales interpretados en medio de puntos icónicos que cualquier habitante de la ciudad o cinéfilo que se precie sabrá reconocer sin mucho esfuerzo mental. En definitiva: John Carney repite la fórmula que ataño le funcionó, pero está dotado de sobras para hacer que funcione pese a sus pequeños (aunque numerosos) fallos. No creo que pretenda ser la mejor película del año (que no lo es), pero pese a sus limitaciones funciona como vía de escape a un mundo donde los problemas parecen menos problemas: el mundo de la comedia romántica.

Lo mejor: sin dudarlo ni un momento, la banda sonora.
Lo peor: le hace daño ser una comedia romántica como muchas otras, y la constante cara de palo de Adam Levine.

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