Título: The Hobbit: The Desolation of Smaug (El Hobbit: La desolación de Smaug)
Director: Peter Jackson
Guión: Philippa Boyens, Peter Jackson, Fran Walsh, Guillermo del Toro (basado en la novela de J. R. R. Tolkien)
Fotografía: Andrew Lesnie
Año: 2013
Duración: 160 min.
País: Estados Unidos
Productora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) / New Line Cinema / WingNut Films
Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Aidan Turner, Graham McTavish, Jed Brophy, Luke Evans, Benedict Cumberbatch, Stephen Hunter, Ken Scott, Evangeline Lilly, Orlando Bloom, John Callen, Adam Brown, Dean O'Gorman, William Kircher, Peter Hambleton, Mark Hadlow, Lee Pace, Sylvester McCoy, Cate Blanchett, Mikael Persbrandt, Stephen Fry, Ryan Gage

Peter Jackson sabe lo que se hace. Punto. Aquí debería acabar mi crítica. Esta segunda parte de The Hobbit es sencillamente genial como adaptación de un libro (en este caso, de una parte), pero es que además es brutal como experiencia cinematográfica. El neozelandés, junto con Fran Walsh, Philippa Boyens, y Guillermo del Toro añaden (Légolas, Tauriel), cortan (la participación de Beorn), suman importancia a ciertos personajes (Bardo), tiran de los apéndices de Tolkien de The Lord of the Rings (para profundizar en la subtrama de Gandalf en Dol Guldur y trazar un lazo más con la trilogía de principios de milenio), hacen y deshacen para convertir un mundo ya de por si alucinante en mágico. 

Espectacular visión de la Ciudad del Lago, la Venecia de la Tierra Media

Además, esta secuela es mucho más dinámica: ya que no hace falta hacer presentaciones. Conocemos a los personajes, y esto nos permite ir directos al meollo de la cuestión. Otro punto muy a favor del filme es la trasformación de Bilbo. Como bien dice en una conversación con Gandalf al inicio del metraje, algo ha cambiado en él. Empezamos a ver cómo el anillo hace mella en la personalidad del bonachón hobbit de Bolsón Cerrado.

Tomamos pues la historia donde la habíamos dejado un año atrás (no sin antes un, ya clásico, flashback de reclutamiento para introducir la acción) con Bilbo, Gandalf, y los 13 enanos en camino hacia la Montaña Solitaria. Al llegar a las puertas del Bosque Negro, Gandalf deberá marcharse, dejando a Bilbo y los enanos a su merced...

Las actuaciones van de buenas a excelentes, con mención especial de Ian McKellen como Gandalf, viejo conocido y siempre genial; Evangeline Lilly, que parece conocer mejor su papel que Orlando Bloom; Martin Freeman, que ahora sí, se ha hecho definitivamente con Bilbo y no puedo imaginarme a otro que no sea Ian Holm o él en su piel; y Benedict Cumberbatch. El dragón Smaug, ya de por si temible y feroz por su apariencia terrorífica y enorme tamaño (el sector de efectos especiales merece una matrícula de honor en este sentido) se convierte en monstruoso y sádico por la voz que Cumberbatch le presta. Además, éste tiene mucha química con Freeman (con el que es compañero de reparto en la serie Sherlock), y eso se nota.

"I am FIRE. I am... DEATH"

La adaptación, pues, es más personal, más Jackson. Y eso se nota, primero, en que la calidad de esta segunda parte se acerca bastante a la de la trilogía de The Lord of the Rings, y, segundo, en el manejo frenético de la cámara. Esta en pocos momentos para quieta, y es en la planificación en las escenas de acción (esperpéntica y deliciosa) dónde podemos reconocer a quién maneja la cámara por la Tierra Media. Para poner un ejemplo, la huida en barriles, como en el libro, es una de las mejores partes del relato. Esa, y la ya nombrada con Smaug y Bilbo. Por cierto, no podéis perderos los primeros segundos de película. Estad atentos porqué hay cameo de Peter Jackson, y cómo ya lo hizo en The Fellowship of the Ring... ¡comiéndose una zanahoria!

En resumen: altamente recomendable, merece estar entre los mejores filmes del año. Fans de Tolkien y fans de Jackson, daos la mano y disfrutad juntos del espectáculo. Ah, tomaos unos minutos para escuchar la canción con la que termina la película.

Lo mejor: el brutal trabajo de los guionistas, la dirección, y ese cliffhanger hijop**ense que nos marcará el inicio de una frenética tercera y última parte de The Hobbit. ¿Adaptará Peter Jackson el Silmarillion? Desde aquí, espero y deseo que la respuesta sea un rotundo SÍ.
Lo peor: pesa, y por desgracia, mucho, la presencia de la trilogía de The Lord of the Rings. Falta un tema clave en la banda sonora.

Peter Jackson sabe lo que hace.

Crítica de @PauGarcia179
'Dancer in the Dark' es la tercera película de la trilogía Golden Heart (Los corazones de oro) tras 'Breaking the Waves' (1996) e 'Idioterne' (1998). El filme se llevó la Palma de Oro en el Festival de Cannes así como el premio a Mejor Actriz para Björk, que por cierto describió el proceso de filmación como "emocionalmente agobiante", asegurando que sería su última aparición en una película.

Selma es una inmigrante checa que va a Estados Unidos, tierra de las oportunidades, para que operen a su hijo, que como ella tiene una enfermedad que le degenera la vista. Si ahorra suficiente dinero, podrá pagarle la operación a su hijo, pero ella se está quedando ciega. Selma convierte cualquier momento rutinario, por desagradable que sea, en una fantasía musical, pues si oye ruidos, ella es capaz de imaginar que todo es un musical porque, como dice Selma en un momento del filme "en un musical sabes que nada puede salir mal."

'Dancer in the Dark' puede impactar formalmente: está grabada en cámara en mano en las escenas dramáticas  y con 100 cámaras de vídeo (!) estáticas en las escenas musicales. La cámara en mano, muchas veces a cargo del propio von Trier, sigue muy de cerca las expresiones de los personajes, especialmente de Selma, interpretada de forma magistral por la cantante islandesa Björk, que no actúa, vive el personaje. Así, no sorprende que la cantante admita que el proceso de filmación fuese agotador, pues su actuación no fue una simple experiencia cinematográfica, fue una experiencia vital y emocional inolvidable pero durísima.

Aparte de Björk, también aparecen en el filme la actriz francesa Catherine Deneuve ('Belle de jour', Luis Buñuel), David Morse ('12 Monkeys', Terry Gilliam) y Peter Stormare ('Minority Report', Steven Spielberg) entre otros, pero aunque todos están correctos la actuación de Björk eclipsa a los demás actores. 


Lars von Trier demuestra una profunda sensibilidad para narrar esta gran tragedia que sacude el alma. Ésta es el filme que más me ha emocionado e impresionado de los que he visto en toda mi vida, es un drama desgarrador, una experiencia emocional inigualable que pone a prueba los sentidos y las emociones de los espectadores. Al contrario que otras películas del director, como Melancholia (2007) pese a ser dolorasamente triste, para mí no es depresiva, me transmite un punto inexplicable de esperanza, quizás a causa de la música, que todo lo cura, y de ese mensaje final.  

Tengo que reconocer que no me gustan particularmente los musicales, y como el personajes de Jeff, tampoco entiendo  "porque ellos simplemente empiezan a cantar y bailar. Quiero decir, jo no empiezo a cantar y bailar de repente...", pero lo cierto es que von Trier consigue que el musical no caiga en el ridículo, y mezcla realidad y fantasía de forma brillante, de modo que la música adquiere un papel fundamental, pues es la vía de escape de Selma para salir adelante, para no derrumbarse pese a quedarse ciega, puesto que lo único que la mueve a seguir adelante es su determinación para ahorrar dinero para la operación de su hijo.



Además, no falta la caricatura de los norteamericanos, donde sobretodo en el juicio hay frases delirantes como "Selma es comunista. ¡Dijo que en su país vivía mejor!" o "Este gran país la acoge con los brazos abiertos y ella lo traiciona y desprecia", como si fuera un motivo más para juzgarla cuando ella es seguramente la persona más bondadosa, inocente y justa de toda la sala del juicio. Además, aunque probablemente no sea el objetivo principal de von Trier, la dureza y injusticia de la pena de muerte que se transmite funciona como denuncia de una práctica inmoral aún existente en Estados Unidos.

De entre todas las secuencias, tengo que destacar la del final, esos terribles 107 pasos, con esa complicidad que se acaba creando con la guardia de seguridad de la cárcel, que, conocedora de la necesidad de Selma de oír ruido para "soñar despierta", va haciendo ruido con sus pasos; con la última canción interrumpida que hiela el corazón. 'Dancer in the Dark' es, en definitiva, una obra maestra que conmueve y que nos implica emocionalmente como nunca lo habíamos hecho, empatizando con la protagonista y su tragedia, que va mucho más allá de lo cinematográfico para convertirse en una experiencia vital que no olvidaremos en mucho tiempo. 

"They say it's the last song. They don't know us, you see. It's only the last song if we let it be."



Título: 'Dancer in the Dark
Director: Lars von Trier
Guión: Lars von Trier
Fotografía: Tom Elling
Año: 2000
Duración: 140 min.
País: Dinamarca
Productora: Coproducción Dinamarca-Alemania-Holanda-Italia-EEUU-Reino Unido-Francia-Suecia-Finlandia-Islandia-Noruega; Fine Line Features / Zentropa Entertainments4 / Trust Film Svenka / Liberator Production / Film I Väst
Reparto: Björk, Catherine Deneuve, David Morse, Peter Stormare, Jean-Marc Barr, Joel Grey, Udo Kier, Vincent Paterson, Cara Seymour, Vladica Kostic, Siobhan Fallon, Zeljko Ivanek, Jens Albinus
Título: Enough Said (Sobran las palabras)
Director: Nicole Honofcener
Guión: Nicole Honofcener
Fotografía: Xavier Pérez Grobet
Año: 2013
Duración: 92 min.
País: Estados Unidos
Productora: Fox Searchlight Pictures / Likely Story
Reparto: Julie Louis-Dreyfus, James Gandolfini, Toni Collette, Catherine Keener, Ben Falcone, Tavi Gevinson, Tracey Fairaway, Eve Hewson, Anjelah Johnson-Reyes, Toby Huss

Llega en los últimos estertores del mes de diciembre, y, por lo tanto, del año, una comedia romántica dirigida por la "especialista" Nicole Honofcener. Su debut en dirección y como guionista fue con Walking and Talking, filme aclamado por la crítica que le llevó (gracias a la comprensión hacia la mujer moderna y profesional) a dirigir capítulos de series de televisión centrados en mujeres como Sex and the City o Gilmore Girls. Uno de sus "tics" es la inclusión en sus películas de un personaje interpretado por Catherine Keener (Enough Said no es una excepción).

Eva (Louis-Dreyfus) es una madre divorciada que trabaja como masajista y espera con temor la inminente partida de su hija hacia la universidad. En una fiesta conoce a Albert (Gandolfini), un hombre dulce y divertido que padece el mismo temor que ella, y a Marianne (Keener), una mujer también divorciada que contrata sus servicios como masajista y poco a poco se convierte en su amiga.

Enough Said supone un retrato de la mediana edad, los prejuicios, las apariencias, la soledad, y los segundos amores. Todo esto, además, aderezado con unos más que solventes toques de comedia proporcionados por la casualidad y el destino (algo previsible, eso sí) que, en menor medida, suponen también un estudio sobre la contaminación del pensamiento y la influencia de las mujeres en otras. Pero la verdadera potencia del filme radica en una deliciosa elección de actores tan sumamente acertada: Gandolfini nos regala una última actuación sensible y magistral, confirmando una vez más el gran actor que se nos ha ido. Además, demuestra una química especial con Louis-Dreyfus: ambos forman una pareja que está adorable y divertida en cada momento que comparten en pantalla.


Así pues, os podéis olvidar de Hugh Grant, Adam Sandler, y similares. Enough Said supone una bocanada de aire fresco a este género, que parece estancado desde hace muchos años pero que de vez en cuando nos sorprende con filmes notables como este o Silver Linings Playbook el año pasado. El filme, por suerte, se aleja de los moldes y paradigmas del género: los problemas se antojan mucho más reales que en las comedias románticas habidas y por haber, y uno puede llegar a conectar realmente con sus personajes, a los que la hábil guionista consigue dotar de un fondo y de personalidad propia.

En definitiva, muy recomendable. De lejos la mejor comedia romántica del año que ya acaba.

Lo mejor: la química de la pareja en pantalla, y en concreto la actuación magnífica de Gandolfini. ¡Ah!, y ese "To Jim" con el que finaliza la acción y empiezan los títulos de crédito, que consigue que suelte una lágrima acompañada de una sonrisa.
Lo peor: tramas para añadir dramatismo al filme (relación madre-hija) o para conseguir risas (crisis en el matrimonio amigo de Eva) que no se cierran.


Título: Spring Breakers
Director: Harmony Korine
Guión: Harmony Korine
Fotografía: Benoît Debie
Año: 2012
Duración: 94 min.
País: Estados Unidos
Productora: A24 / Hero / MJZ / Muse Productions / O'Salvation / Annapurna Pictures
Reparto: Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Rachel Korine, Ashley Benson, James Franco, Heather Morris, Emma Holzer, Ash Lendzion, Josh Randall, Gucci Mane

Hace poco tiempo la revista Cahiers du Cinema sacó su ya tradicional lista de las 10 mejores películas de 2013. Lo típico de esta lista es que en su mayor parte esté confeccionada por filmes de producción francesa (apoyando así la producción cinematográfica de su país), y la verdad es que nunca están lejos de la realidad. No os voy a engañar: me faltan nombres en la lista. Pero lo que puedo asegurar es que no se han equivocado situando a Spring Breakers en ella, aunque técnicamente sea un filme de 2012. Esta película (que hoy trato en esta crítica) es el último trabajo de Harmony Korine, el polémico realizador californiano guionista de Kids (Larry Clarke, 1995), y director de la polémica Gummo (1997), una exploración experimental a lo más crudo de los Estados Unidos, que intercala imágenes de maltrato de animales, prostitución y abuso sexual sin ningún carácter lineal entre ellas.

En Spring Breakers, Korine recluta a las niñas (que ya no son tan niñas) Disney de Los Magos de Weverly Place y High School Musical (Selena Gómez y Vanessa Hudgens), una de las protagonistas de Pretty Little Liars (Ashley Benson), y a su propia mujer (Rachel Korine), para contar la historia de cuatro jóvenes estudiantes que acabarán en la cárcel tras una intervención policial en una casa llena de droga durante las vacaciones de primavera (spring break). Un joven traficante de armas (James Franco) las sacará del calabozo, porque ve en ellas a cuatro potenciales delincuentes que usar para sus propios intereses.

"Spring break forever, bitches!"

Es un poco difícil entrar en el filme debido a su acercamiento extremo y abusivo hacia una estética más propia de un videoclip de Skrillex o hacia un subproducto de los realities del tipo 'Jersey Shore'. Y es que en un vistazo superficial hacia Spring Breakers, pechos, traseros, y cuerpos turgentes de jóvenes chicas adolescentes (dos de ellas chicas Disney) se encuentran presentes durante todo el metraje. Pero, querido lector, quedarse en sus imágenes, provocativas y claramente morbosas, seria ahondar poco en lo que pretende Korine en Spring Breakers: mostrar y relatar cómo él percibe la generación joven de una sociedad en plena decadencia, en la que se veneran los iconos pop más desagradables, y se recurre a la fiesta como evasión de la realidad. En definitiva, lo que aquí en España se conoce como el sector "choni" de la juventud. Así, primero se nos muestra lo despreocupado y fresco que puede ser este estilo de vida, para justo después diseccionarlo y mostrarnos su lado más salvaje y desagradable, usando la estética de aquello que critica, y, por qué no decirlo, lanzarse al exceso.

Además, la cinta cuenta con un montaje repleto de flashbacks y flashforwards, y algunas escenas repetidas en forma de loop, para recordarnos que ha pasado y mostrarnos que ocurrirá antes de que ocurra, así como las mismas escenas desde la perspectiva de cada una de las cuatro protagonistas (tenemos cuatro visiones diferentes sobre el atraco a la cafetería, remarcable sobre todo la de la conductora). Este sistema de montaje es de lo más acertado: nos da tiempo de reflexionar varias veces en eventos pasados y presentes.

"My real name is Al but truth be told, I ain't from this planet, y'all"

El sector visual del filme es simplemente brillante y orgásmico en determinados momentos, un ejercicio de estilo visual: los colores fluorescentes presentes en camisetitas, panties, bikinis, trikinis, motos, uñas, y la constante (aunque algo abusiva) presencia de luces de neón, son clara y justificadamente reminiscentes de la francesa Enter the Void (Gaspar Noé, 2009), con la que Spring Breakers comparte director de fotografía, Benoît Debie. Y conjugando perfectamente con esta estética colorista, el filme de Korine cuenta con la presencia de una banda sonora muy significativa creada por Skrillex (leitmotiv de las fiestas orgiásticas de alcohol, drogas y sexo) y otro viejo conocido del cine de estilo, Cliff Martinez (responsable de la música en Drive).

Spring Breakers es un rara avis del cine independiente actual: atraerá a adolescentes con morbo, ellos de la carne juvenil de las protagonistas y ellas de ver a sus princesitas Disney zorreando como nunca lo hubieran imaginado; y repelerá a la mayoría del público que podría amarla potencialmente. A estos últimos les digo: lavaos los prejuicios y disfrutad todo lo que Korine os ofrece.

Lo mejor: descaradamente, la interpretación de James Franco.
Lo peor: la primera media hora (aproximadamente) tira demasiado de la cámara lenta i las fiestas en la playa de Miami. A partir de ahí, la película mejora, ¡y de qué manera!

Título: Drinking Buddies
Director: Joe Swanberg
Guión: Joe Swanberg
Fotografía: Ben Richardson
Año: 2013
Duración: 90 min
País: Estados Unidos
Productora: Magnolia Pictures / Burn Later Productions
Reparto: Olivia Wilde, Jake Johnson, Anna Kendrick, Ron Livingston, Ti West, Gene Dentler, Mike Brune, Frank V. Ross, Michael Gaertner, Kirstin Davis, Jim Cibak, Alicia Van Couvering, Joe Swanberg

Joe Swanberg es uno de los grandes exponentes del subgénero mumblecore, y, por lo tanto, su cine se basa esencialmente en el naturalismo tanto en las actuaciones como en los diálogos (conseguido mediante la fuerte improvisación) y el hacer maravillas con un bajo presupuesto. Y en Drinking Buddies esto se nota: las actuaciones son brillantemente realísticas, cargadas de sentimiento, fruto de un profundo trabajo del reparto, encabezado por Olivia Wilde (vista en la serie de televisión House), Anna Kendrick (50/50 y Scott Pilgrim) y Jake Johnson (clásico del mumblecore, visto en Safety Not Guaranteed).

Kate (Olivia Wilde) tiene una relación con Chris (Ron Livingston), y Luke (Jake Johnson) la tiene con Jill (Anna Kendrick). Kate y Luke trabajan juntos en una fábrica de cerveza de Chicago, y se pasan todo el día bebiendo, y, de alguna manera, flirteando entre ellos. Cuando Chris y Jill se conozcan en una fiesta en la fábrica, las dos parejas se volverán muy amigas.


Driking Buddies habla de una característica típica de muchos seres humanos: la incapacidad de dirimir entre si lo que se siente por otra persona es amor, simple atracción sexual o una potente amistad. Para reconocer el sentimiento verdadero sólo hace falta un gesto de preocupación de la otra persona, un atisbo de luz en su mirada, una confesión dolorosa. Pero, ¡ay, el alcohol!, hilo conductor de todo el relato, como dijo Shakespeare "provoca el deseo pero frustra la ejecución". Y eso es este filme: una ejecución del deseo, de esa tensión, que nunca llega (por suerte). Olivia Wilde y Jake Johnson desprenden química, beben, juegan al blackjack y se divierten, comen juntos, pero, irremediablemente discuten. No tratan sus problemas abiertamente, no hablan de lo que sienten, y su personalidades (algo nubladas por la cantidad ingente de cerveza que consumen) acaban colisionando. Pero gracias a Dios, llega el final, el plano fijo mudo que lo habla todo, aclara los problemas y olvida rencillas.

Drinking Buddies (en la lista de las mejores de 2013 según Tarantino) es una pequeña joya del cine independiente que narra la historia sobre la tensión sexual que hay entre dos compañeros de trabajo (y amigos) que se verá puesta a prueba cuando sus respectivas parejas pasen un tiempo juntos en un fin de semana en una casa de Michigan. Su mayor baza es el realismo de las situaciones, y el sentimiento que son capaces de transmitir los personajes sólo con miradas y sus rostros. Y es que el director/guionista Swanberg consigue una película muy entretenida usando una historia simple y llana, pero tratando un tema vital como son las relaciones personales.

Altamente recomendable no sólo esta película, sino toda la filmografía de Swanberg, así como la de los que podríamos considerar sus primos bastardos, los hermanos Duplass.

Lo mejor: las actuaciones sensibles de Wilde y Johnson que a veces parecen tener una verdadera relación de amistad/tensión-no-resuelta.
Lo peor: pese a ser una muy buena película, está limitada por su pobre argumento. Pequeña joya, pero no obra maestra.


Crítica de @PaulPorcoRosso
Lars von Trier sorprendió a público y crítica internacionales con su enorme talento e imaginación en 1984, con apenas 28 años de edad. Es pues, The Element of Crime, el estudio de una mente deteriorada por sucesos traumáticos, que, aparte de contar una historia ciertamente interesante con mucho criterio, ahonda en la podredumbre del viejo continente y nos muestra ciudades a cada cual más deprimente e inundada de crímenes y depravación sexual.

El detective Fischer (Michael Elphick) se encuentra en El Cairo en la consulta de un psicólogo (Ahmed El Shenawi), para una regresión hacia el último caso que ha investigado en Europa, cuyo final traumático le impide recordar. Para este caso, él se puso en contacto con Osborne (Esmond Knight), maestro y mentor, y escritor del método deductivo "El Elemento del Crimen", basado en el estudio del criminal para conocer sus pautas y anticiparse a sus movimientos. El caso, los crímenes de la lotería: Harry Grey, asesino de niñas vendedoras de lotería.

Vi The Element of Crime por primera vez este verano, fruto de una recomendación de mi hermano, que me dejó el DVD de su videoteca personal. Al final del primer visionado, debo reconocer que me quedé anonadado ante lo que había ocupado todos los pensamientos de mi cerebro durante la poco más de hora y media que dura el filme. Después de un segundo visionado, la densa trama del filme de debut en la dirección de Lars von Trier (por el que ganó el Premio Técnico en Canes) me es más fácil de deshilachar, ya que consigo dejar de lado el apabullante apartado visual experimental del filme, obra del director de fotografía (digno de mención) Tom Elling. Ese tono ámbar/sepia que inunda la pantalla durante lo largo (y ancho) del metraje resulta significativo por el hecho de que realmente da la sensación de relato hipnótico-onírico, y ayuda a la creación de un ambiente caluroso y denso, dándole a la tonalidad un sentido narrativo: el detective Fisher cuenta la historia desde la ciudad de El Cairo, y en plena ola de calor.


También cabe alabar el espectacular uso de la cámara del de Copenhague, rompedor en esa época, que no le tiembla nada el pulso al pasar de un plano medio a uno cenital mientras el guión sigue con sus virguerías existencialistas, vocalizadas por el detective Fisher, o al regalarnos un travelling de altura en busca de un cuerpo inerte. Y, es que, además de la brillantez técnica del filme, von Trier es capaz de contar una muy buena historia, a la que dota de un creciente suspense mediante montaje y un buen guión. Sumado a esto, el filme representa una extraña y severa visión del danés de una Europa que le atormenta, y ve inundada de decadencia, descomposición y podredumbre.

En definitiva, un buen filme para los que no les importe pensar en lo que están viendo y dejarse perder por hipnóticas imágenes de bella forma, y imperdible para los amantes de Lars von Trier. En él, podrán encontrar su espíritu más rompedor de moldes cinematográficos.

Lo mejor: la habilidad técnica para filmar, fotografía y el hecho de que sea un filme de bajo presupuesto rodado en alcantarillado y fábricas abandonadas.
Lo peor: le cuesta un poco arrancar y coger ritmo, por lo cual puede aburrir hasta la exasperación al gran público.


Título: Forbrydelsens element (The Element of Crime)
Director: Lars von Trier
Guión: Lars von Trier, Niels Vorsel
Fotografía: Tom Elling
Año: 1984
Duración: 103 min.
País: Dinamarca
Productora: Per Holst Filmproduktion / Det danske Filminstitut

Reparto: Michael Elphick, Esmond Knight, MeMe Lai, Jerold Wells, Ahmed El Shenawi, Astrid Henning-Jensen, Janos Hersko, Stig Larsson
Título: 12 years a slave (12 años de esclavitud)
Director: Steve McQueen
Guión: John Ridley (basado en la biografía de Solomon Northup)
Fotografía: Sean Bobbitt
Año: 2013
Duración: 133 min.
País: Reino Unido
Productora: Summit Entertainment / Plan B / River Road Entertainment / New Regency Pictures / Film4
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong'o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt, Dwight Henry

El director británico Steve McQueen (no confundir con el conocido actor de 'Bullit', de Peter Yates) sorprendió a todos con su ópera prima, la impactante 'Hunger' (2008). Después, sacudió las mentes conservadoras con 'Shame' (2011) y ahora vuelve con la película favorita para los Oscars, '12 Years a Slave'. Además, como otros cineastas como David Lynch ('Mulholland Drive', 2001)y Julian Schnabel ('Le scaphandre et le papillon', 2007), es artista plástico y ganó en 1999 el Premio Turner, un importante galardón artístico que conceden en el Reino Unido. 

Basada en una historia real ocurrida en 1850, '12 Years a Slave' cuenta la fascinante epopeya de Solomon Northup, un respetado hombre libre de Nueva York, que es engañado y vendido como esclavo en una plantación de Louisana. Mientras muchos sucumben al abatimiento, Solomon Northup aguantará las condiciones inhumanas de las plantaciones con la esperanza de volver a ver su família. 

Antes de empezar la crítica, no puedo evitar expresar mi indignación con algunas entrevistas o noticias sobre esta película y Steve McQueen, a quién le preguntaban por qué le llevó tanto tiempo explorar sus raíces, cuando este gran cineasta no es afroamericano, es europeo y nació en el Reino Unido. Ante esta pregunta, McQueen respondió de forma ejemplar: "Porque soy europeo, me gusta la gente y hago películas sobre aquellos temas que me parecen importantes antes de pensar de qué color son las personas que están involucradas."

El trabajo de Ejiofor con las expresiones faciales es para quitarse el sombrero

'12 Years a Slave' ofrece un crudo, pero realista y necesario retrato de las condiciones infrahumanas a las que fueron sometidas las personas vendidas como esclavas. Tarantino ya se aproximó al tema en la sobrevalorada 'Django Unchained' (2012), pero su acercamiento no es serio ni refleja la crudeza de la esclavitud como sí lo hace McQueen en esta película. Ese realismo de '12 Years a Slave', como explica el director en una entrevista, se debe a que esta película "no se trata de una ficción, es un reflejo de la realidad. Eso es lo que creo que nunca se ha visto en una pantalla grande, y eso es lo que quería enfatizar, la realidad de la desafortunada situación de esclavitud."

Una cosa que me ha gustado especialmente de la película es el reflejo no solo de la maldad explícita reflejada en el personaje de Edwin Epps (Michael Fassbender), sinó también en la hipocresía de Ford (Benedict Cumberbatch), quién a pesar de parecer un hombre razonable, buena persona y buen cristiano, es un esclavista al fin y al cabo (tal como dice el personaje de Eliza en un momento del filme) y es cómplice de una de las mayores injusticias que se han dado en la historia de la humanidad. 

Fassbender asume un papel secundario en su tercera colaboración con McQueen
En el terreno de las interpretaciones, Chiwetel Ejiofor convence como Solomon Eljifor, así como Paul Dano, Benedict Cumberbatch, Paul Giamatti y sobretodo Michael Fassbender, en un papel difícil de interpretar a nivel emocional, porque, al fin y al cabo, ¿cómo empatizar con el Mal personificado? Además, actrices menos conocidas como Lupita Nyong'o (Patsey) hacen un gran trabajo. Brad Pitt, también productor de la cinta, se guarda un buen personaje para sí, aunque a mí su actuación me deja bastante indiferente.

Tengo que confesar que viendo la por ahora corta trayectoria de McQueen, me esperaba algo diferente, pues aunque ni el tema ni el tratamiento realista son comunes en el cine actual, lo cierto es que a lo largo de la película tenía la sensación de ser testigo de estar viendo algo demasiado convencional (que no comercial), quizás más en la forma que en el contenido, porque aquí sí que subyace la valentía demostrada por el director británico en sus dos últimos trabajos, pero en el aspecto formal quizás no acaba de ser todo lo atrevido que podría esperarse del director de 'Hunger' (2008).   

'12 Years a Slave' no sólo es una buena película, dentro de unos años será un documento audiovisual de gran importancia histórica para reflejar la injusticia de la esclavitud, pues lo que muestran las imágenes no son hechos ficticios, es historia. Steve McQueen, pese a dirigir una obra inferior a 'Shame', nos trae un filme que conmueve, que hace vibrar y empatizar con los protagonistas. Acabaremos de ver el filme emocionados y reflexionando sobre esta lacra que fue la esclavitud: ¿qué más se le puede pedir a una película?

Dentro de unos años, cuando pregunten por Steve McQueen, dirán:
- ¿Te acuerdas de las películas de Steve McQueen?
- Sí, el gran director de cine
- Yo me refería al actor de Bullit.
- ¿Había un actor que se llamaba igual que el maestro McQueen?

Título: 12 years a slave (12 años de esclavitud)
Director: Steve McQueen
Guión: John Ridley (basado en la biografía de Solomon Northup)
Fotografía: Sean Bobbitt
Año: 2013
Duración: 133 min.
País: Reino Unido
Productora: Summit Entertainment / Plan B / River Road Entertainment / New Regency Pictures / Film4
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong'o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt, Dwight Henry

En 12 years a slave, el bueno de Steve McQueen (llamado a ser uno de los grandes directores del siglo XXI) trata un tema recurrente en los dos títulos de su corta filmografía de largometrajes: la esclavitud, esta vez desde el sentido primario de la palabra. En Hunger, su protagonista era esclavo de unos principios morales que le obligaban a cumplir con la huelga de hambre, y en Shame, su protagonista era esclavo de una obsesión enfermiza por el sexo que le hacía incapaz de establecer una relación emocional normal con cualquier otro ser humano. 12 years a slave es la esclavitud en sí misma, la lucha de un hombre, Solomon Northup, que ataño fue libre, respetado, y familiar, y que ahora se encuentra bajo el yugo y el látigo de distintos amos durante los 12 años que dura el relato.

El primero, William Ford (fruto de una algo corta pero muy intensa interpretación de Cumberbatch), es una especie de protector del protagonista, un hombre que se aprovecha del tiempo que le ha tocado vivir, pero sin alardear del poder que tiene sobre sus subordinados de raza negra. Junto a él hay un capataz, Tibeats (el brillante Paul Dano en su segunda actuación de aplauso del año), que frente a la sobreprotección de Ford sobre Solomon (renombrado como Patts en su nueva vida como esclavo) decide acabar de raíz con el problema y atacar por cualquier mínima razón al protagonista del relato. Esto lleva a Ford, [SPOILER] después de pasar por una escena de casi-ahorcamiento que ciertamente hiela la sangre [/SPOILER], a condenar a Solomon (según él como "último recurso") al peor de los infiernos: la plantación de algodón de Edwin Epps (un magnífico Michael Fassbender tirano, alcohólico, y dominado por su sociópata mujer), personaje que se jacta de sus maltratos a los esclavos y no los considera seres humanos, comparando su inteligencia con la de un babuino.

"I don't want to survive. I want to live."

El estilo seco y tremendamente realista que esgrimía McQueen en la totalidad del metraje de sus dos anteriores películas, Hunger y Shame (ambas dos, obras maestrísimas) queda reducido aquí a unos cuantos momentos del filme. Esto nos dice (esto, y los más de 30 segundos de anuncios de productoras del principio), que el realizador inglés se ha, para decirlo de alguna manera, "vendido al capital" para narrar un relato más accesible para el Gran Público. Y lo ha conseguido. No he leído ni una crítica mala de esta película (evidentemente tampoco la merecería), y por lo tanto eso significa que ha llegado (mucho más, si era posible, que sus dos anteriores obras) a todo el mundo. Aquí pues, rehúye de esos planos-secuencia casi hipnóticos de Shame y los planos fijos de Hunger (hay de ambos, sí, pero en menor medida), y da a luz algo un poco más "convencional". Respeto a quién así lo prefiere, pero definitivamente no lo comparto.

Ahora: ni en la actuación del secundario con menos de dos frases en la película chirría el filme de Steve McQueen: empezando por la de Chiwetel Ejiofor (más que digno competidor al Oscar a Mejor Actor Principal) y el estreno delante de las cámaras de Lupita Nyong'o, pasando por las ya nombradas de Cumberbatch, Dano, y mi amado Fassbender, y acabando con los testimoniales Pitt y Giamatti, todo el elenco de actores está en estado de suma gracia. Como valor añadido, cabe comentar el excelso trabajo de fotografía (iluminación espectacular) mérito de Sean Bobbitt, un conocido de Cianfrance, y el montaje, otra delicia de la película.

"Si no fuera blanco y libre..."

Como nota negativa, está la banda sonora de Hans Zimmer. Me explico. Es una banda sonora soberbia, algo a lo que nos tiene acostumbrados el compositor de hitos del sonido cinematográfico como son la BSO de Inception, Gladiator, y Thin Red Line entre otras, pero muchas veces (como nos ha demostrado el mismo McQueen en sus ya nombradas dos primeras películas) la ausencia de música y la potencia del sonido de ambiente resultan mucho más impactantes que un redoble de tambores. Para reforzar mi argumento me remito a una de las últimas escenas del filme, que, por cierto, ha conseguido que se me saltaran las lágrimas (y no soy de lloro fácil), en la que el personaje de Nyong'o está recibiendo azotes y el sonido del látigo cortando el aire, los lamentos de Ejiofor, el quejido de la víctima y las constantes amenazas y reproches de Fassbender se unen para formar la mejor música que se le puede poner a una escena: la música de la realidad. Y es que aunque no sea real, lo parece.

Siento haberme alargado más de lo normal, pero ¿acaso una de las mejores películas de 2013 no lo merece?

Lo mejor: la excelencia técnica, la dirección de actores, el potente mensaje, la dramática historia. La autorreferencia de McQueen al New York, New York de Carey Mulligan.
Lo peor: el punto de convencionalidad y comercial del filme, y un (en ciertas ocasiones) excesivo uso de la banda sonora, por otro lado mucho más que correcta.


Título: The Apartment (El Apartamento)
Director: Billy Wilder
Guión: Billy Wilder, I.A.L. Diamond
Fotografía: Joseph LaShelle (blanco y negro)
Año: 1960
Duración: 125 min.
País: Estados Unidos
Productora: United Artists / The Mirisch Corporation
Reparto: Jack Lemmon, Shirley MacLaine, Fred MacMurray, Ray Walston, Edie Adams, Jack Kruschen, Joan Shawlee, Hope Holiday, David Lewis, Naomi Stevens, Johnny Seven, Joyce Jameson, Willard Waterman, David White

The Apartment es la película rodada por el genio del cine de los años 40, 50 y 60 Billy Wilder, tras la obra maestra Some Like it Hot (Con faldas y a lo loco, 1959), de la que se llevó al gran Jack Lemmon para protagonizar un filme del que el director se pudo rodear de lo mejor del momento en la industria cinematográfica para formar un equipo de maestros de la dirección artística, de fotografía y de la banda sonora del momento. El reparto se completa por la joven y prometedora Shirley MacLaine (que por este papel ganó el Copa Volpi en Venecia), y un Fred MacMurray que ya había trabajado con Wilder anteriormente (Double Indemnity, 1944).

C.C. Baxter (Lemmon) es un trabajador impecable de una empresa de seguros en el Nueva York en los últimos estertores de los años 50, listo, hace bien su trabajo y siempre regala horas extra a sus empleadores. Pero esos extras que hace son para llenar las horas vacías mientras sus jefes más próximos en rango usan su pequeño apartamento de soltero, su único remanso de paz en el mundo, como picadero para sus relaciones extramatrimoniales. Baxter conoce a una ascensorista de la empresa donde trabaja, Fran (MacLaine), a la que cortejará para llenar el vacío que su trabajo no puede...

El excelso decorado creado por Alexandre Trauner.

Muchas veces me ocurre viendo una película antigua que la encuentro totalmente desfasada, demodé e incluso a veces algo pesada. Todo me sabe a óxido y huele algo a cerrado y a humedad. Un ejemplo de este fenómeno, y lo digo a riesgo de ganarme más de una antipatía hacia mi persona por parte de los lectores aquí presentes, es con A Clockwork Orange. Yo considero a Kubrick un excelente e incluso brillante realizador de cine (¿a caso no sería de locos que pensara lo contrario?), y puedo comprender que fuera revolucionaria y moderna cuando se estrenó allá por el año 1976, pero al revisitar A Clockwork Orange ahora, sólo puedo que apreciar el arte de Kubrick para el encuadre y el simbolismo en pantalla (y sus geniales bandas sonoras): ni encuentro su violencia extrema (más bien me parece algo ridícula), ni su estética futurístico-sesentera lógica. No me gusta. Aguantan mucho mejor el paso de los años Straw Dogs y Dirty Harry (ambas contemporáneas a esta sobrevalorada obra de Kubrick y con la violencia como punto en común), para poner dos ejemplos.

Bueno, el caso es que realmente sufría porque me pudiera ocurrir esto con The Apartment, película sobre la cual, como con Clockwork, se ha hablado hasta la saciedad sólo para colmarla con las más altas alabanzas. Por suerte, me he encontrado con The Apartment una gran película atemporal. En apariencia presentada como comedia, y con ciertos momentos que la muestran como tal, este filme es en esencia un drama romántico sumamente agrio e intenso (orquestado magistralmente por Wilder), extremadamente rico en composición de personajes, y con una trama que rebosa melancolía, naturalidad y amargura. Eso es gracias al dúo de guionistas que forman Billy Wilder y I.A.L. Diamond, que consiguen crear un guión satírico, que aborda temas tan diversos como la deshumanización de la (en esa época) creciente América corporativa, la jerarquía social, la soledad, la infidelidad y el matrimonio, la dignidad o la búsqueda del amor.

"Shut up and deal"

Wilder, en este filme, nos muestra de forma muy acertada la visión de distintos grupos de personajes de la vida de Baxter. Sus vecinos, que le creen todo un Casanova y acaban por tratarlo mal; sus inmediatos jefes de empresa en la que trabaja, que le acaban viendo como un aprovechado; y él mismo y Fran, los únicos que saben la verdad sobre la triste vida de Baxter. Y sobre esa idea de que sólo nosotros sabemos la verdad sobre nuestras vidas (nada es lo que parece a simple vista) gira toda la película, hasta la escena final que es la culminación de un hito en la historia del cine. Además, se le suman una cantidad enorme de momentos que demuestran la mano de su director moviendo la cámara y tratando su guión, jugando con los equívocos de personas, nombres, objetos, y situaciones, y usando elementos en repetidas ocasiones a lo largo de la película a modo de referencias cruzadas con la misma película (el espejo roto, el pastel de un antiguo amor, los diálogos de Baxter con los vecinos...).

Podrán pasar cincuenta-y-tres años más, y la imagen de un hombre solitario devorando cine en blanco y negro en un apartamento vacío nos seguirá resultando extraña y preocupadamente familiar. The Apartment es CINE en mayúsculas. Poco más puedo decir que no se haya dicho ya sobre este genial filme, por lo tanto mejor os dejo que la veáis tranquilamente y juzguéis por vosotros mismos.


Crítica de @PauGarcia179
Después de las dos primeras partes de la trilogía sobre Estados Unidos, 'Dogville' (2003) i 'Manderlay' (2005), el genial Lars von Trier cambia totalmente de registro y nos trae esta divertidísima comedia, ‘El jefe de todo esto’ (Direktøren for det hele, 2006).

Un hombre quiere vender su empresa, pero durante todos estos años se ha hecho pasar por un trabajador más, convirtiéndose en una de las personas más queridas dentro de la compañía a causa de su falseada bondad, escondiéndose tras la figura de ‘el jefe de todo esto’, un empresario inexistente a quien acusa de tomar las decisiones más duras que él mismo ha llevado a cabo. Pero cuando quiere vender la empresa, necesita encontrar una persona que se haga pasar por 'el jefe de todo esto' y contrata a un actor obsesionado con Gambini (un dramaturgo inventado que como ha explicado von Trier hace referencia a Ibsen), pero la jugada no le saldrá como pensaba.

Von Trier explora en esta película las relaciones entre el empresario y sus trabajadores y el egoísmo de quién no le importa el bienestar de sus empleados, aunque en una rueda de prensa el director admitió que no sabía exactamente como funcionaba una empresa porque “por suerte no he tenido que trabajar en la vida”. Aparte del actor y ’el jefe de todo esto’, encontramos una serie de personajes bastante particulares y divertidos (el empresario islandés y su traductor, el hombre rural, la mujer que se pasa la vida llorando en la sala de la fotocopiadora, etc.) bien interpretados por actrices y actores daneses y islandeses.



La particularidad de la película es que está gravada con 'Automavisión', que básicamente consiste en dejar decidir los planos a un ordenador. No es el director quien decide si ahora se hace un plano medio o un primer plano, sino que es el ordenador quien, de forma aleatoria, decide qué tipo de plano debe utilizarse en cada momento. Es por eso que se ven muchos planos extraños, con cabezas cortadas (por la cámara) y sin ningún tipo de control por lo que respeta a la composición del plano. Lars von Trier quiere librarse del control del encuadre, pero realmente, ver constantemente planos aleatorios, totalmente asimétricos y extravagantes no es muy satisfactorio para el espectador. La justificación de este sistema, como afirma el director danés, es que, "para hacer una comedia, necesitaba encontrar una fórmula que cuadrara con la comedia y ['automavisión'] me pareció un sistema muy refrescante."


En la misma entrevista (en aquellos tiempos en los que aún daba entrevistas) por cierto, cuando le preguntaban acerca de su decisión de no ir al Festival de Cannes, Lars von Trier dijo: "Es muy agradable no estar obligado a hacer cosas que a uno no le gustan, como viajar, aguantar la presión de un festival de ese calibre. Me quedaré en Dinamarca en mayo, de lo cual me alegro mucho porque podré cuidar de mi huerto." Con respuestas como estas es imposible no simpatizar con el señor von Trier.

Volviendo al tema de 'Automavisión', sobre todo al principio, los planos se suceden muy rápido, sin dar tiempo al espectador para que asuma el plano, de manera que al principio puede ser realmente molesto, pero al final te acabas acostumbrando. Si el espectador intenta no fijarse en la no-dirección de von Trier y se concentra en lo que dicen los personajes, podrá disfrutar de cien minutos de risas constantes. Lo que le falta a la dirección de 'El jefe de todo esto' lo compensa de sobra el genial guión y los ingeniosos diálogos, con la sátira sobre la interpretación de los actores y el “meterse dentro del personaje”, con las breves pero hilarantes apariciones del empresario islandés y con las peculiaridades de los trabajadores de la empresa.

El jefe de todo esto' es probablemente la película más divertida y convencional de Lars von Trier, que podría haber sido excelente si no hubiera intentado darle un toque de originalidad a la película con el uso contraproducente de 'Automavision'. Pero es una película de Lars von Trier, y Lars von Trier nunca puede ser convencional.

Título: 'El jefe de todo esto' (Direktøren for det hele)
Director: Lars von Trier
Guión: Lars von Trier
Fotografía: Lars von Trier
Año: 2006
Duración: 100 min.
País: Dinamarca
Productora: Coproducción Dinamarca-Suecia-Francia; Zentropa
Reparto: Jens Albinus, Peter Gantzler, Louise Mieritz, Iben Hjejle, Mia Lyhne, Henrik Prip, Casper Christensen
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