Una crítica de @AdriNaranjo2

¿Una película sueca de dos horas ahora, un viernes por la tarde? Menudo tostón.
¡ERROR!

Un hombre llamado Ove es un soplo de aire fresco en un cartelera saturada de americanadas y mediocridades variopintas. Por fin una comedia ligera, pero con una factura impecable. Por fin un producto sin pretensiones, pero con una técnica de diez. Por fin un entretenimiento liviano, pero que no te trata como a un estúpido.

Ove es un personaje de esos que calan, de esos que odias y adoras al mismo tiempo. No es sencillo jugar a este juego. El tono debe mantener un buen equilibrio. No caer en la comedia disparatada, pero tampoco irse al melodrama lacrimógeno. El guión y la magistral interpretación de Rolf Lassgård lo consiguen. Punto. Nadie puede decir lo contrario. La caracterización de este abuelo gruñón es de libro. Ni una fisura. Con dos acciones ya tenemos suficiente para ver la esencia y, a su vez, para que se genere un enorme misterio sobre los motivos de su actitud. Como hizo Eastwood con ‘Gran Torino’, la figura del vecino cascarrabias se desarrolla con una sensibilidad llena de humanidad y comprensión. La inclusión de la vecina lo ayudará a cambiar y dará luz a toda la oscuridad que le rodea. Oscuridad que, por otro lado, no aparece en la fotografía o el montaje. Todo se ve; todo se oye. La perfección en la ejecución hace que se perdone la falta de intencionalidad de estos aspectos. Al fin y al cabo, en el cine hay artistas y artesanos. La originalidad es nula, pero lo que hacen lo hacen muy bien. Viendo como esta el patio, nos podemos dar con un canto en los dientes.


El nombre de Hannes Holm seguramente no tenga mucha repercusión en España, quitando, a lo mejor, ‘Adam & Eva’ (que aquí llegó como ‘Eva y Adán’; como si estuviéramos en un país respetuoso en el que se usa un lenguaje inclusivo, pero bueno...) poco recorrido han tenido sus obras. 20 años después, vuelve con esta adaptación del Bestseller de Fredreik Backman. Tiene mucho en común con otras adaptaciones recientes de bestsellers europeos con este aire tragicómico. Esta “moda” incluye títulos tan dispares, pero a la vez tan próximos, como ‘La elegancia del erizo’ o ‘El abuelo que saltó por la ventana y se largó’; todas ellas tienen estos tintes negros que consiguen dar más profundidad que lo aportado por la convencional ligereza en la que se mueven este tipo de comedias. Un ejemplo es la manera en la que se introducen los flash-backs. Cada vez que Ove se intenta suicidar, se aprovecha el momento para aportar esta píldora de su pasado. Una decisión muy inteligente que justifica este recurso que tantas veces suena forzado.

Los Oscars, con todo el paternalismo y desprecio del que hacen gala al tratar las producciones europeas, le otorgó dos nominaciones. Aunque el caso que se le debe hacer a los Goyas norteamericanos (recordemos que no son nada más que eso) deba ser el justo, no es frecuente que una cinta rodada en lengua foránea entre en las categorías específicas. La primera mención es la lógica, la de película de habla no inglesa, pero la segunda es por el maquillaje, y aquí debemos hacer un inciso. El maquillaje es espectacular. ES-PEC-TA-CU-LAR. Otra cuestión es si era necesario este inmenso trabajo. ¿No se podría haber elegido un actor de la edad que correspondía? ¿No se podrían haber trucado algunas imágenes de su difunta esposa? Seguramente sí, pero ¿y qué? Lo que queda claro es que lo hecho en ‘Un hombre llamado Ove’ es increíble; una obra de arte. Podríamos entrar en detalles técnicos, pero no hay mayor prueba que ver las imágenes de dicho proceso de construcción.


Esta película tiene muchas virtudes, muchísimas, pero tiene dos fallos argumentales que desmerecen parte del trabajo de los demás departamentos. El primero es totalmente objetivo, de los obvios, de los que se podrían haber evitado con una lectura un poco más crítica del guión: es muy larga. Dos horas y cuarto para una comedia es algo que, por lo menos en nuestros días, resulta imperdonable. Aunque no agota tanto como podría parecer, da rabia que el origen de esto sea tan evidente. Este reside en el primer acto. Si la gracia de la historia es el cambio de este personaje, si la gracia es la relación con Parvaneh, la vecina, ¿por qué narices no aparece un conflicto real con ella hasta que la cinta suma una hora? Incomprensible del todo. Muchos se me tirarán encima diciendo que el primer acto de ‘Casablanca’ dura tres cuartos de hora o algún otro ejemplo random. Me da igual. Esta película necesita más ritmo y durar menos. Esta hora de espera, por muy bien trabajada que esté, es una cagada como la copa de un pino.

La otra cuestión es el final. Y aquí mi opinión es completamente personal y se basa en mis gustos y mi concepción del cine. ¿Qué necesidad hay de generar un happy ending sistemáticamente? ¿Por qué siempre debe haber un cambio a mejor dentro del personaje? ¿Por qué santificamos a los protagonistas negativos de una manera tan exagerada y evidente? Bertolt Brecht dijo “maldito el país que necesite héroes”; pues esto es lo que nos encontramos aquí. Que no, señorxs, que no. Acabar con un “es difícil admitir que te has equivocado” es un WTF? en toda rega. ¡Échale huevos y no hagas lo que se espera, sino lo que suele ocurrir! Es que el tema es muy sencillo: ¿‘El verano de Kikujiro’ o ‘St. Vincent’? ¿la cobardía made in USA o la osadía de genios como Kitano? Este final no se ha elegido porque quedaba mejor o cuadraba con lo que sea; este final se ha elegido para vender. Punto. Y lo siento mucho; siento mucho mi contundencia; pero no se puede decir de otro modo: este final es fácil. Hay gente a quien le viene bien las cosas fáciles; las películas fáciles, las relaciones fáciles, las personas fáciles, los trabajos fáciles, los libros fáciles, los amigos fáciles; a mí, no. Ni como espectador, ni como crítico, ni como guionista, ni como profesor, ni como persona. Las cosas fáciles son para las personas fáciles. Con todo mi pesar, I’m not interested! Ahí se coman las moralinas finales llenas de mediocridad y adoctrinamiento. Que estamos en crisis. Que no tiene sentido esta sonrisa constante y estos eslóganes a lo Mr. Wonderful que no compra ni el Tato.

Y paro ya. Porque la película es buena. Es entretenida. Cumple su función. Le pondría 4 estrellas sin dudarlo. Simplemente es que uno está hasta los mismísimos de este positivismo forzado.

Hasta la próxima.
[[Crítica de @PauGarcia179]]

Dicen que Los Ángeles es una ciudad fría y despiadada. Películas como 'Maps of the Stars' o incluso la serie 'Bojack Horseman' dan buena muestra de ello, y probablemente tengan parte de razón. Emma Stone estuvo muchos años yendo a audiciones en L.A. sin conseguir un papel, y ahora está tocando las estrellas en el filme del que todo el mundo habla. Damien Chazelle también se mudó a Los Ángeles para convertirse en cineasta, y tras el éxito de 'Whiplash' (que consiguió sacar adelante gracias al corto homónimo, también con la participación de un imperial J.K. Simmons) pudo cumplir su sueño de realizar un musical, algo que llevaba pensando junto con Justin Hurtwiz (su amigo y responsable de la música en todos sus filmes) desde hacía diez años.

Todo el mundo ha visto 'La La Land', tiene intención de verla o cuando menos tiene curiosidad por ver a qué viene tanto bombo. Reconozco que el odioso cínico que hay en mí se mostraba receloso ante una película como 'La La Land'. La avalancha de críticas y comentarios positivos que dejaba a su paso por festivales y salas de cine donde se proyectaba sólo aumentaba mi escepticismo. Nada puede ser tan bueno. Nada puede emocionar tanto ni tener una respuesta crítica y de público tan positiva. No existe tal perfección. Además, yo odio los musicales. Como ese personaje de 'Dancer in the Dark' (que en realidad, sí, es un musical), no entiendo porqué de pronto los personajes se ponen a cantar. Esto no pasa en la vida real. El cine es un reflejo de la vida, de la realidad, pero nunca puede ser la realidad misma. Quizás no hay que intentar entender porqué se ponen a cantar. Supongo que en esta vida hay cosas que no hay que intentar entender. 


Como en su anterior obra, Damien Chazelle parte de premisas autobiográficas (en aquella, sobre sus desventuras como batería; en ésta, sobre su sueño de triunfar en el cine) para volver a hablar de lo mismo: del equilibrio (si es que eso es posible) entre vida personal (y sentimental) y sueños (u obsesión, en el caso de 'Whiplash'), de los sacrificios que hay aceptar para cumplir nuestros anhelos. Mucho se ha hablado del individualismo y egoísmo que recorren las películas de este joven director: si bien en 'Whiplash' es difícil discutir ese mensaje un tanto reaccionario, 'La La Land' ofrece más espacio para el debate. Sin entrar en los detalles de la trama, hay que decir (y perdonen la obviedad), que las acciones, decisiones y formas de pensar de los personajes no tienen porqué corresponderse con las del director o con el mensaje del filme. 

El problema de La La Land viene más bien por la debilidad de la historia, por un guion al servicio de los números musicales y de un final forzoso que busca provocar unas emociones muy concretas. Quizás por su naturaleza de musical, Chazelle acaba por abrazar el artificio y obviar la complejidad de las relaciones humanas. El director simplifica la psicología de los personajes, convirtiéndoles en simples marionetas al servicio de una melancolía que se presenta bellísima, pero impostada. 


‘La La Land’ no es una película perfecta ni falta que hace. Entierra la razón para apelar directamente a las emociones; despierta en nosotros el lado más soñador a la vez que embiste contra el cinismo, y aunque en el universo de 'La La Land' no existen los matices o términos medios, nos hará preguntarnos si hemos hecho lo suficiente para cumplir nuestros sueños, si estos merecen la pena teniendo en cuenta lo que podemos perder, o si hay alguna manera de poder conciliar nuestra vida personal con esos sueños que se presentan tan ingenuos pero tan aparentemente indispensables para alcanzar la tan ansiada felicidad. 



[[Una critica de @PauGarcia179]]

Tras el éxito de su última película, 'The Imitation Game', de producción británica y ganadora del Óscar al Mejor Guion Adaptado (que además obtuvo otras 7 nominaciones), Morten Tyldum nos trae este año su primer filme estadounidense, 'Passengers', un drama romántico espacial protagonizado por Chris Pratt y Jennifer Lawrence

En un futuro en el que los humanos han empezado a colonizar otros planetas, una nave espacial se dirige a uno de los mundos habitables. Sin embargo, una avería en una de sus cámaras de sueño provoca que dos pasajeros se despierten 90 años antes del final del viaje. 


Morten Tyldum dirige esta historia de ciencia-ficción con solvencia y elegancia, pero en ningún momento consigue transmitir la claustrofobia y la desesperación (más allá de un tímido amago a raíz de cierta revelación del personaje de Chris Pratt) de unos personajes que se ven obligados a enfrentarse a la soledad en ese espacio limitado que es la nave espacial en la que viajan. Sin embargo, gracias al buen hacer del director y de la pareja protagonista, podemos seguir la trama con interés sin tener que consultar el reloj, pero el desarrollo dramático y narrativo resulta de lo más obvio y previsible incluso para el espectador más despistado. 



Si bien es Chris Pratt quién tiene mayor protagonismo en detrimiento de Jennifer Lawrene, el actor de 'Jurassic World' consigue una actuación correcta partiendo de un personaje bastante plano del que, más allá de su profesión, no sabemos prácticamente nada. Lawrence, aunque no tendrá nominación al Óscar por esta interpretación (ya le tocaba, por una vez), ofrece una notable actuación (ganándole la partida a Pratt) con un personaje un poco más trabajado que el  interpretado por Pratt. Completan el reparto un divertido Michael Sheen como el robot camarero y Laurence Fishburne, que consigue emocionar con los pocos minutos que le dejan actuar y que acaba siendo una de las mayores revelaciones de la película. También aparece por ahí Andy García como capitán de la nave, con diez segundos de tiempo en pantalla y sin una mísera línea de diálogo. Uno no puede evitar preguntarse cuánto ha cobrado por pasearse por ahí. 

‘Passengers’ se sirve de un par de buenos actores para sostener un filme sin ninguna sorpresa, sin ningún giro que descoloque al espectador o que le deje pensando al salir de la sala de cine. Durante todo el metraje hay una sensación de tranquilidad, de ausencia de conflicto, tensión o suspense, y sabemos lo qué va a suceder; lo intuimos por el previsible guion pero también por la adormecida dirección de Tyldum, que parece decirnos que todo saldrá bien.


Denis Villeneuve nos demostró en ‘Arrival’ hasta dónde puede llegar la ciencia-ficción (parece imposible que alguien supere tamaña obra maestra), ese género que al fin y al cabo debe hablar de la condición humana, y aunque el film protagonizado por Amy Adams y el que aquí nos ocupa son propuestas radicalmente diferentes, uno no puede pensar en qué momento de la producción de ‘Passengers’ se olvidaron de la reflexión, de incluir siquiera un atisbo de pensamiento filosófico en una cinta que difícilmente será recordada más que por su pareja protagonista. 

Pese a todo lo expuesto, ‘Passengers’ es una película que se sigue con interés gracias al carisma de sus actores protagonistas; tiene además una gran actuación de Laurence Fishburne en un breve pero intenso papel y unos efectos especiales espectaculares muy por encima del nivel general de la película.

Una crítica de @AdriNaranjo2
Norma número uno para la adaptación: si te ha gustado un libro, recomiéndalo; sólo adapta cuando tengas algo que aportar. El problema con Madame Bovary no es que la respuesta sea un rotundo no, sino que en ningún momento da la impresión que se hayan planteado tan vital pregunta. 

La honestidad obliga a dar un primer aviso: desconfíen del cartel, el trailer o cualquier producto nacido de la maquinaria publicitaria. ¡Nada! El impactante plantel de actores es una falacia de dimensiones bíblicas. No sólo tienen más nombre que calidad, sino que encima algunos firman aquí uno de sus peores trabajos. Mia Wasikowska (ya se cargó a Lewis Carroll y ahora va a por Flaubert. Está claro que esta chica no sabe leer guiones) y Ezra Miller (que, sinceramente, tiene su gracia en The Perks of Being a Wallflower) compiten con uñas y dientes por ser nombrados los peores actores jóvenes del momento. El único que se salva es el siempre solvente Giamatti; pero cinco minutos de Giamatti no compensan las dos horazas de agonía interpretativa.

Aún así, el fallo principal no es suyo, sino de una dirección, y sobretodo un guión, que aparecen sin rumbo; destinados a una deriva incierta y desoladora. Lo peor es que empiezan con inventiva y originalidad; el primer plano, inestable, agitado, nos augura un prometedor festival de lenguaje cinematográfico. De Tarkovsky a Haneke, de Ozu a Kiarostami; todos los maestros han sido conocedores de la importancia del plano inicial; como era de suponer, Barthes (no mezclar con el queridísimo Roland; nada que ver; más le gustaría a esta Sophie tener una gota de su sangre) no iba a seguir los pasos de los mencionados. La frescura sólo dura eso, unos segundos, un mísero plano. Desde entonces todo adopta una insulsa planificación estática sin emoción, sin voluntad estética, sin alma, sin cine.


Sonido y luz (sería muy osado llamarlos dirección de sonido o dirección de fotografía) tampoco tienen otra intención que la de perpetuar la moda de abusar de los contrastes y las altas definiciones hiperrealistas. Si les gusta esto, si realmente es su cosa, vayan a ver a Tom Hooper y eviten las imitaciones dignas de mercadillo. Otra vez la misma soporífera dinámica que ya nos desoló en la fallida Far from the Madding Crowd de Vinterberg; otra adaptación sin ritmo que destrozó el corazoncito de los que aún creíamos en el matrimonio cine-literatura.

Si no tuviéramos suficiente con estos despropósitos perpetuados por los aspectos técnicos, encima se mancillan los elementos transferibles de los que hablaba McFarlane en los noventa. Y aquí ya nos vemos obligados a parar con la condescendencia y empezar a usar palabras gruesas. Una cosa es violar el noble arte del cine haciendo cine; un acto suicida lamentable, pero, al final y al cabo, inofensivo. Otra cosa muy diferente es mearse directamente encima de la literatura. El mensaje de Flaubert queda tergiversado por un proceso de simplificación que da, sencillamente, asco. Todo queda reducido a un “la donna e mobile qual piuma al vento” que da ganas de adoptar una estricta censura cultural que no permita estas barbaridades. La trama queda en una burda historieta de enredos románticos que llevaría hasta la nausea a la mismísima Jane Austen. Además, Sophie Barthes (máxima responsable del desastre), insiste en abusar del beso; algo que, si se usa con cabeza y sentido común (que se vuelve a demostrar que es el menos común de los sentidos), puede ser el mejor recurso que existe; aquí solamente produce repulsa. Las escenas de cama son la cosa menos erótica o pasional del mundo; dan ganas de no volver a tener contacto humano en la vida. El esperpéntico final, al que no se le puede reprochar nada, pues intenta sustentarse encima de un castillo de naipes inexistentes, no es más que una guinda pocha encima de un pastel de estiércol.

La falta de concreción o linealidad, ese costumbrismo con el que con tanta elegancia hizo bandera el autor francés, llega al cine sin gracia ni dinamismo. Una parodia a uno de los movimientos más importantes de la historia de la narrativa.



Pero el mayor de los delitos del film, ese por el que deberían llevarse presos a todos los responsables de la producción, ya asoma la cabeza con la primera línea de diálogo: “Please, God. Let him be the right one”. A partir de ese momento empieza una indecente explosión de acentos que se acerca a uno de esos exámenes de escuela de idiomas en los que debes identificar quién es de dónde. Para empezar, debería haber una ley que prohibiera reproducir Madame Bovary sin usar el francés; pero esta mezcla entre los “ingleses del mundo” es un insulto al intelecto y al buen gusto.

Con lo que hemos llegado a rajar de los remakes, pues, ¿qué queréis que os diga...? Al lado de esto, me parecen un mal menor. Que se repleten nuestras carteleras de superhéroes si esto consigue tapar abortos de este tipo.
Una crítica de @AdriNaranjo2 

¿Se acuerdan de una películita de 1999 llamada 'Las vírgenes suicidas'? Sí, esa ópera prima de Sofia Coppola. Esa pieza que tan buenas críticas recibió y que supuso la escalera al cielo para la hija del padrino. Pues recuerden la maravillosa estética que poseía; los colores desaturados; la elegante languidez de esas chicas encerradas; los silencios; las miradas; el alma. Ahora borren todas esas virtudes, toda esa poética. Elimínenlo. Céntrense en la intrascendencia y la falta de originalidad de su trama o el insufrible sopor que reinaba durante secuencias enteras. Bien, si ya tienen en mente todos los defectos de 'Las vírgenes suicidas', se pueden hacer una idea exacta de lo innecesaria (porque no hay otra palabra para describirla) que es 'Mustang'.

Puede parecer que el que habla esté pecando de insensibilidad, y seguramente sea cierto, pero el visionado de esta producción turca ha sido equiparable a comer un plato de arena. Cada mordisco más agónico, cada segundo más aburrido. ¿El interés? Desaparece a los veinte minuto. Una película que te obliga a plantearte si realmente el cine europeo (o de periferia) es el antídoto al veneno imperialista y colonizador que nos llega desde el otro lado del atlántico. Después, cuando ya han pasado unos minutos del visionado, el recuerdo empieza a hacerse borroso y el regusto no parece tan amargo. Uno se cuestiona si realmente ha sido para tanto, pero es que la mediocridad tiene mucho que ver con esta producción. Una indiferencia en forma de punto medio, de gris, de centro, … Un nivel de mediocridad que ya es difícil de aceptar en el día a día, como para encima tolerarlo en el arte (¡EL ARTE!). Robert McKee, refiriéndose al guión cinematográfico, escribió una frase que sigue con vigencia: “los artistas son los maestros de forma”. En 'Mustang' ni técnica ni dramaturgia mueven un dedo para buscar ese dominio, esa reflexión. La directora pasa a ser realizadora, el director de fotografía se convierte en un simple técnico y la directora de arte se queda en poco más que una atrezzista.

 
El guión, a resumidas cuentas, es la historia de cinco niñas (de los diez a los dieciocho más o menos) y como su abuela y su tío las encierran en casa para que no tengan un “comportamiento obsceno”. Estos dos villanos están creados con una falta de gracia que da entre miedo y vergüenza. No provocan nada más que un inmenso estupor que paraliza al espectador. Los malos son malos y los buenos son buenos. “Muy bien señores, no hemos aprendido nada”. Con la construcción de las chicas volvemos a observar los mismos errores que ya se cometieron en películas con temáticas similares. Un grupo de chicas indefensas e insulsas que se pasan el día sin hacer nada y aceptando los caminos impuestos por el patriarcado. La única que se mueve es precisamente Lale, la más joven de todas, la protagonista. La poca voluntad de cambio que exhibe acaba apoyándose en los exasperantes clichés que ya nos aburrieron en 'Foxfire: confesiones de una banda de chicas'.

Para concluir con este periplo de despropósitos, lo de la voz en off: ¡la guinda! Estamos a 2016, la voz en off hace tiempo que escapó del terreno narrativo para introducirse de lleno en el estilístico. Si la acción tiene que avanzar por la voz en off, malo. Si no se entiende sin ella, peor. Si no tiene ritmo, un desastre. El concepto de narrador existe en el cine sin necesidad de poner estas odiosas líneas de diálogo que tanto entorpecen. Una lastimosa melodía sin fin que denota inseguridad en las manos de la primeriza Deniz Gamze Ergüven.
 
 
Se entiende a la perfección que 'Fatima' o 'La cabeza alta' le quitaran los galardones en los César; aunque las actrices sean solventes, el cómputo global no merecería tener reconocimientos. Si lo que están buscando es cine turco actual del bueno, del de verdad, mejor opten por 'Winter sleep' o deléitense con alguna de las asombrosas piezas de Fatih Akin. Si deciden pagar la religiosa entrada, cuando desplomen las posaderas sobre la butaca; cuando aún todo sea posible; cuando esta obra tenga alguna opción de convertirse en “la película de vuestra vida”; piensen en que la crítica de más alto postín le dedicó elogios como “Una película de debut impresionante”, “Singularmente excelente y original” o “Fantástica. Es la película que necesitamos en este momento”. Puede ser que no compartan mi desangelado punto de vista, no les juzgo, pero ya les aseguro que tampoco estarán de acuerdo con tales piropos.



Estamos a pocas horas para que todas las miradas cinéfilas se dirijan hacia el teatro Dolby de Los Ángeles. La 88ª ceremonia de los Oscar atrae por igual tanto a los que consideran que estos galardones premian objetivamente los trabajos más meritorios en cada una de sus categorías, como a los que con desdén los consideran un circo posturista del autobombo.

Precisamente por todo esto,  desde Siempre en V.O. queremos hacer un pequeño repaso a las a priori 5 favoritas, aquellas que aúnan las nominaciones a Mejor Película y a Mejor Director (Excluimos deliberadamente pues la odisea espacial de Matt Damon en The Martian, El puente de los espías  y sus intrigas en plena Guerra Fría y el drama de inmigrantes irlandeses que nos presenta Brooklyn, estrenada precisamente este viernes).





Mad Max: Furia en la carretera (10 nominaciones)
Director: George Miller
País: Australia
Duración: 120 minutos



La primera en llegar a nuestras pantallas abre nuestro particular análsiis pre-Oscar. La cuarta entre de la saga Mad Max salta de las más absoluta serie B al blockbuster dejando por el camino a su anterior protagonista (no está precisamente Mel Gibson para ponerse a conducir coches), y sin renunciar a su espíritu.

Una cinta extrema tanto en su propuesta narrativa como visual, que fascina y agota a partes iguales
Sus bazas - Haber sobrevivido a un cambio de protagonista (Tom Hardy va sobrado como héroe badass), el trabajo old school de los especialistas, entre lo circense y lo suicida, que nos devuelve a otra época del cine, y, en definitva, ofrecernos una de las experiencias audiovisuales más excesivas jamás rodadas.

Por otro lado, George Miller no puede quejarse del trato de Academia; en 1995 produjo Babe, el cerdito valiente, proyecto personal que estuvo nominada a Mejor Película, por encima de cintas como Sospechosos habituales o Seven. Sí. Pasó.

En contra - Cuesta explicarle a tu amigo el esnob que una explotation de persecuciones por el desierto puede ser galardonada como mejor película del año. Casi tanto como les habrá costado a los productores de la cinta captar el voto en sus clásicas visitas a Académicos seniles.






La gran apuesta (5 nominaciones)
Director: Adam McKay
País: EE.UU.
Duración: 130 minutos






La crisis económica explicada en algo más de dos horas. Eso y un reparto lleno de estrellas, un montaje ágil y reminiscencias de Scorsese por todas partes. Una cinta que ha encantado en EE.UU. a la que le falta algo más de empatía para poder profundizar en ese mundo de fraude e inmoralidad.

Sus bazas - La gran apuesta resulta didáctica y amena, llega en un momento necesario y sabe frivolizar sin renunciar a la reflexión.

En contra - Nada en este film es particularmente memorable, deja un buen sabor de boca pero se desvanece de la memoria con el paso del tiempo. Del reparto, gran reclamo publicitario de la película, sólo brilla Steve Carrell (Gosling y Pitt están muy desaprovechos y Christian Bale están francamente insoportable).

Además bebiendo tanto McKay del estilo de Scorsese, históricamente ninguneado por la Academia,  sería cuanto menos paradigmático que La gran apuesta se alzase con el galardón a Mejor Película.







Spotlight (6 nominaciones)
Director: Thomas McCarthy
País: EE.UU.
Duración: 128 minutos








Qué triste que en nuestro país la historia narrada en esta cinta no nos estremezca tanto como ha hecho en su país de origen: la crónica del trabajo periodístico de la sección Spotlight del Boston Globe que destapó décadas de abusos pederastas por parte de pastores católicos, contando con la complicidad de las altas esferas de la Iglesia y de la ciudad.

Es ésta una película cuidada, fidedigna y necesaria, sin ningún deleite ni en lo visual ni en lo narrativo, pero cumplidora y solvente en todos sus aspectos. Una producción seria que da voz a un horror que sigue sucediendo por todo el planeta.

Sus bazas - Spotlight es el clásico ejemplo de película del gusto de la Academia: trabajado, con vocación de denuncia, reparto coral y acertado... no parte entre las favoritas pero puede ser la gran "tapada" de las nominadas.

En contra - ¿Opta Spotlight a ganar un Oscar o a ganar un Pulitzer? Estamos sin duda ante un excelente retrato de un también excelente trabajo periodístico, pero le falta alma, su ritmo es lento y poco intrigante y sus personajes son más planos que el villano de un slasher. El cine son emociones y en esta cinta sobra la frialdad y la distancia.





El renacido (12 nominaciones)
Director: Alejandro González Iñárritu
País: EE.UU.
Duración: 156 minutos






La gran favorita, sin lugar a dudas. El grandilocuente y excesivo viaje por la naturaleza más extrema de un buscavidas dado por muerto es el clásico relato de venganza, filmado con un virtuosismo quizá sólo a la altura de la dupla Iñárritu-LubezkiCon más forma que fondo, El renacido busca justicia para DiCaprio, más allá de su personaje, y supone la enésima marcada de paquete de los cineastas mexicanos.

Sus bazas - Portentosa en lo técnico (sólo Mad Max juega en su misma liga), esta vez Iñárritu se lo juega todo al rojo. DiCaprio da argumentos de sobra en su aventura paralela para alzarse con el Oscar a Mejor Actor Principal, y los tan de moda Tom Hardy y Domhnall Gleeson están excelentes.

En contra - ¿Merece realmente Iñárritu ser el primero en dirigir dos películas consecutivas ganadoras del Oscar a Mejor Película, logro del que Mankiewicz y Ford se quedaron a la puertas? Comparada con El renacido, La apuesta de Birdman era más universal, y tenemos reciente el precedente de Gravity: su perfección técnica dio a Alfonso Cuarón el galardón a Mejor Director, pero la estatuilla más preciada fue para 12 años de esclavitud.





La habitación (4 nominaciones)
Director: Lenny Abrahamson
País: República Irlanda
Duración: 118 minutos








La cinta indie del año. Desde la irrupción de Sundance, la Academia ha ido aprendiendo a actuar con más igualdad ante este cine. Whiplash fue muy bien tratada en la pasada edición de los Oscar, y este retrato intimista sobre una madre y la casi imposible crianza de de su hijo en un minúscula habitación ha dado la sorpresa por méritos propios.

Sus bazas: Una historia desgarradora, un planteamiento original y una tremenda química entre Brie Larson y el joven  Jacob Tremblay, quien por lo visto tiene loco a medio Hollywood.

En contra: La intensidad a la que llega la cinta a la hora de metraje genera un segundo acto anticlimático. Además, parece que con la hazaña de colarse entre las nominadas a Mejor Película, el equipo de The room se da por más que satisfecho, depositando sus ilusiones en las opciones de Brie Larson de alzarse como Mejor Actriz Principal.

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Un análisis de: Tomás Ruibal
Una crítica de @TRuibal

'Anomalisa' es una cinta desgarradora, dolorosamente creíble y sin un mensaje esperanzador al que agarrarnos. Pero también conmueve con su sutileza e inquieta con su ácido sentido del humor.

El último y personalísimo proyecto de Charlie Kaufman recurre a una ambientación y tonalidad aséptica y fría, en contraposición con la coloridad vitalista que es habitual en las cintas de animación, para acercarnos al insoportable vacío de su protagonista, un cincuentón británico más solo y perdido que Bill Murray en aquel hotel de 'Lost in translation'.


La falta de elipsis en situaciones rutinarias, y la inquietante repetición de rostros y voces para -casi- todos los personajes, resalta la vocación de la cinta de hacernos partícipes de ese tedio, ese ahogamiento que todos hemos sentido, o tememos sentir algún día, del que nuestro protagonista cree encontrar una vía de escape en una noche de debilidad.

Es pues 'Anomalisa' una suerte de distopía emocional tristemente cercana, un grito de auxilio en un mundo con una sola voz, una nota de suicidio sin destinatario. Y es, en definitiva, una experiencia para descubrir por uno mismo.


[Una crítica de @PauGarcia179]

Respirad tranquilos, amigos cinéfilos, porque ya ha llegado a nuestras carteleras una nueva distopía juvenil (o ciencia-ficción juvenil, más bien, pero viene a ser lo mismo), 'The Fifth Wave'. Hemos tenido que aguantar casi dos meses sin poder disfrutar de estos subproductos (el final de 'The Hunger Games' se estrenó el 27 de noviembre) pero la espera ha valido la pena y ya está aquí la nueva entrega de esta odiosa moda que, esperemos, acabe algún día. Las comparaciones son inevitables, así que diré que 'The Hunger Games' es una obra maestra comparada con este subproducto (si me lo permiten, llamaré así a 'The Fifth Wave' a partir de ahora, pues no se merece la denominación de película)

Ahora va de extraterrestres (a los que llaman Los otros, como prueba de la originalidad del responsable de este subproducto) que invaden la Tierra. Y bueno, ya saben, hay una joven protagonista, esta vez interpretada por Chloë Grace Moretz, y otros adolescentes que llevan el peso del mundo a sus espaldas. A destacar Nick Robinson, el chaval que ya aparició en 'Jurassic World' y que aquí da una nueva lección de como actuar sin ningún tipo de carisma o expresividad, y el botones de 'The Grand Hotel Budapest' (pasar de tener un rol importante en una película de Wes Anderson a siquiera aparecer en este desastre es ciertamente deprimente). También forma parte de este caos Liev Schreiber, que da vida al Coronel Vosch. El actor declaró lo siguiente: "Siempre pensé que esta historia tenía un gran potencial." La verdadera muestra de buen hacer interpretativo del actor está en contener la risa al decir tamaña estupidez, pero lo cierto es que el intérprete hace lo que puede con su papel de cartón-piedra. Ron Livingston transmite algo de autenticidad como padre de la protagonista a pesar de entregar la línea de diálogo que inaugura la comedia involuntaria en qué acaba convirtiéndose 'The Fifth Wave': "Son el Ejército, el ejército de nuestro país, vienen a ayudarnos!" Advinad qué pasa después (¡¡AUTOSPÓILER!!)

Nick Robinson dando rienda suelta a su expresividad
Si soy del todo sincero, los dos-tres primeros minutos de 'The Fifth Wave.' me estaban gustando. Un inicio in medias res donde la protagonista entra en una tienda para coger algo de comida. No voy a revelar qué es lo qué sucede (como si importara que estropeara el argumento cuando es la propia película la que se arruina sola con su mera existencia), pero hay aquí cierta ambigüedad moral, vemos el lado oscuro del ser humano en momentos de cruda supervivencia: aspectos que hacen interesante un filme pero que claramente no tienen cabida en un subproducto de estas características. Inmediatamente después asistimos a una fiesta adolescente, con un cambio de tono y ambiente que te sacan inmediatamente de la historia, donde ya intuyes que lo que ves será una bazofia difícil de olvidar.

Evan Walker protagoniza la mayoría de momentos cómicos de 'The Fifth Wave'
Pero sorprendentemente 'The Fifth Wave' tarda un rato en pasar de ser mediocre a horrible, y es sobretodo cuando aparece el personaje de Evan Walker cuando todo se desmorona y el patetismo convierte al producto en una comedia involuntaria. Todo lo relacionado con este personaje es absurdo, ridículo, cada vez que sale en pantalla o dice algo el nivel del producto baja de forma lamentable pero desgraciadamente cuando se muestran los acontecimientos protagonizados por ese grupo de adolescentes liderados por el no-actor Nick Robinson la cosa no mejora, y el espectador observa con pesadez lo aburridos que son todos los personajes. 

'The Fifth Wave' es una de las peores películas de 2016, una historia mil veces vista llena de casualidades oportunas que insultan la inteligencia del espectador. No hay nada nuevo, ni estimulante, ni remotamente original en este bodrio, así que recomiendo encarecidamente que huyáis y optéis por cualquier otro producto cinematográfico u os entretengáis con cualquier otra cosa, como ver crecer la hierba, actividad mucho más apasionante, sin duda. Pero no todo son malas noticias, el soñador que soy quiere creer que 'The Fifth Wave' es ese producto que llega para enterrar de una vez por todas esa moda tan molesta de las malditas distopías juveniles, y quizá demostrará a las productoras que no hace falta explotar una moda hasta el punto de dejarla moribunda. Qué queréis que os diga, soy un soñador. 

Lo mejor: al final se acaba
Lo peor: absolutamente todo



[Crítica de @PauGarcia179]

Difícilmente encontraremos mejor ópera prima que la de Tommy Lee Jones, la maravillosa 'The Three Burials of Melquíades Estrada'. El actor de 'No Country For Old Men' ya realizó un telefilme en 1995, pero su primera película fue ese gran neo-western protagonizado por él mismo y Barry Pepper. Entre ésta y 'The Homesman', la película que hoy nos ocupa, sólo había dirigido 'Sunset Limited', una adaptación para televisión de una obra teatral de Cormac McCarthy. Las expectativas que había puestas en 'The Homesman' eran altas, y lamentablemente Tommy Lee Jones se ha quedado lejos de igualar las cotas alcanzadas en 'The Three Burials of Melquíades Estrada'. 

Tommy Lee Jones traslada a la gran pantalla la novela homónoma de Glendon Swarthout, un western atípico, muy alejado de los cánones que marcan el género americano por excelencia. No es una historia de norteamericanos contra nativos, ni de enfrentamientos entre bandas, sheriffs o vaqueros. Jones pone el foco en una historia pequeña y deja los tiros para otra ocasión, relevando el protagonismo en Mary Bee Cuddy, una mujer que se las apaña sola en un pequeño pueblo del antiguo Territorio de Nebraska. A causa de una serie de circunstancias, mostradas en pantalla de forma un tanto confusa e inconexa, Cuddy abandonará el pequeño pueblo y se encontrará con George Briggs (o al menos así dice que se llama), interpretado por el propio director.



La película empieza lenta, tomándoselo con calma para presentarnos de forma adecuada al personaje brillantemente interpretado por Hilary Swank. Muchos críticos han querido ver aquí un alegato feminista únicamente porque una mujer de carácter fuerte es la protagonista. Hay que reconocer que esto es algo inusual en el western, un género marcadamente masculino, pero nos encontramos en un momento de la historia en el que la sociedad ve como algo fuera de lo común que una mujer sea la protagonista y se aleje del papel típico de damisela en apuros o simples complementos que giran alrededor del personaje principal masculino. Aunque cada vez son más los personajes que difieren de estas cansinas características, nuestra sociedad aun ve como una rareza que una mujer fuerte protagonice un film, y es por eso que a la mínima que esto pasa la gente cataloga la obra como feminista. Es el caso de la espectacular 'Mad Max: Fury Road', que por tener a Furiosa, la auténtica heroína del film, ya se considera una película feminista. Lo explicó muy bien la propia Charlize Theron, genial en el papel de Furiosa: "La intención de George Miller, nunca fue la de hacer un largometraje feminista. Sino que éste simplemente quiso un personaje femenino fuerte y es lo que hizo." Es genial que sigan apareciendo grandes personajes femeninos, pero es grave que a estas alturas se considere feminista y sea extraordinario lo que tendría que ser normal. 

En cualquier caso, a pesar de que la presentación y parte del desarrollo del personaje de Hilary Swank es de alabar, al final acaba actuando de forma opuesta a lo que nos han contado de Mary Bee Cuddy, y el filme acaba por tomar unos derroteros totalmente diferentes a lo que el principio prometía. Este cambio tan drástico no sería un problema si no fuera porque se carga la coherencia del personaje, y no podemos sino aceptar lo que ocurre con resignación. 


Al igual que Swank, Jones está fantástico, tiene incluso momentos de inesperada comicidad, pero la evolución de su personaje está resuelta de manera un poco torpe. A pesar de estos instantes ligeramente divertidos, el filme es seco, áspero, poco amable y con un par de momentos de extrema escabrosidad. Aunque una de estas escenas hace venir a la mente cierto momento de 'Trainspotting', hay un plano totalmente innecesario y alargado en exceso, y se presenta más como un desafío de Tommy Lee Jones a la indústria de Hollywood que una exigencia narrativa o dramática.

Tras ese punto sin retorno que se carga la coherencia del personaje de Hilary Swank, el film se precipita hacia su inevitable final con un epílogo larguísimo y redundante, que parece responder únicamente a la necesidad de que Meryl Streep sume un determinado número de minutos en pantalla y resulte justificable incluir su nombre en el cartel como reclamo publicitario. Si hay alguien que se ha interesado por 'The Homesman' por la participación de Meryl Streep, le recomiendo que vaya a ver otra cosa. 

A pesar de todo lo expuesto, hay que dejar claro que 'The Homesman' dista mucho de ser horrible, es una película decente que hubiera podido ser grandiosa si no se hubiera adentrado en determinados senderos dramáticos y narrativos. Es un western diferente, una pequeña historia que cuenta con dos grandes interpretaciones principales, pero que adolece de un giro de guión injustificado desde el que se puede llegar a desconectar del relato. La escena final es insatisfactoria y en cierta forma rompe con la progresión dramática de uno de los dos personajes, pero representa, quizás, lo que el director nos quiere contar: una historia realista de gente corriente sin lugar para la épica o el sentimentalismo.

Lo mejor: las interpretaciones, vuelta de tuerca del género
Lo peor: giro de guión injustificado e incoherente con el personaje de Hilary Swank, epílogo larguísimo
[Una crítica de @PauGarcia179]

'La próxima vez apuntaré al corazón' es un retrato verosímil de un agente de la Gendarmería Francesa que oculta una doble vida como asesino en serie. El filme cuenta con una gran interpretación del protagonista, Guillaume Canet (nominado al Premio César), que consigue desaparecer detrás de su personaje. Es fácil entrar en la película y olvidar que estamos viendo un relato ficcionalizado (está basado en hechos reales): los apartados técnicos aprueban con nota, la época (finales años 70) es representada con verosimilitud y los actores cumplen con solvencia. Y aun así, a pesar de que individualmente todos los aspectos de la película merecen el aprobado, como conjunto -y esto es algo totalmente subjetivo- no funciona. 


'La próxima vez apuntaré al corazón' crea una atmósfera turbia a base de mostrar el asesino cometiendo sus crímenes. Aunque se base en hechos reales, no es excusa para que la película sea previsible o resulte repetitiva, y ambos problemas acaban lastrando el film. Es verdad que no es fácil poner de protagonista a un asesino y lograr que el público siga la trama con entusiasmo e implicación emocional; lamentablemente, Cedric Anger (director y guionista) falla en ese propósito. La película es fría, gélida como el propio protagonista. Esto no sería enteramente un problema si hubiera otros elementos interesantes que consiguieran mantener el interés del espectador pero, desgraciadamente, aquí no los hay o servidor no los ha sabido ver. No hay suspense ni intriga posible, el resto de personajes son meros esbozos y no hay posibilidad de empatizar con ellos: los padres y hermano del protagonista apenas tienen minutos de metraje, insuficientes para tener siquiera algún atisbo de interés dramático, y los compañeros de trabajo son simples comparsas narrativos, piezas necesarias para el correcto desarrollo de la trama. A modo de ejemplo: uno de los gendarmes resulta herido, lo perdemos durante buena parte del metraje mientras se recupera y cuando lo volvemos a ver apenas recordamos de quién se trata.  


A pesar de los esfuerzos de Guillaume Canet, no hay inmersión psicológica del personaje, nunca llegamos ni siquiera a la superficie de su personalidad y aunque se sugieren los motivos por los que asesina, Cedric Anger (director y guionista) no consigue adentrarse en su mente y transmitir al espectador lo que pasa en la cabeza del asesino. Es cierto que hay algunos detalles positivos que sugieren la gran película que podría haber sido: las visiones del asesino, su conexión con la naturaleza, cierta complejidad en el personaje femenino o el encuentro frustrado con una prostituta. Son elementos que, con un poco más de profundidad y metraje y en manos de un director como Denis Villeneuve, hubieran acabado formando una gran película. 

Para gustos, películas: habrá quienes consigan conectar con la película; quizás sabrán apreciar una profundidad psicológica que yo no he sabido ver y disfrutarán de la atmósfera creada por el director. Sin embargo, el que esto escribe no ha salido contento de la sala de cine y no ha tenido suficiente con una película ejecutada de forma notable y con una buena interpretación de Guillaume Canet. En Francia fue un éxito en taquilla debido a la presencia del conocido actor, y aunque soy consciente de que se trata de una película correcta (al contrario que en otras películas, no se puede hablar de filme malo o fallido), no he encontrado suficientes elementos positivos que me permitiesen disfrutar de este relato cinematográfico. 
[Crítica de @PauGarcia179]

Des de que se estrenara 'The Hunger Games' han proliferado un sinfin de distopías juveniles que han monopolizado nuestras carteleras hasta la actualidad, y la cosa parece no tener fin, pues a las secuelas de las películas protagonizadas por Jennifer Lawrence se les suman 'Divergent' y 'The Maze Runner' (y sus subsiguientes secuelas). Por si no fuera poco, y siguiendo la tendencia iniciada en la saga de Harry Potter, el último libro de la saga (porque todas ellas se basan en novelas igualmente rutinarias) se adapta a la gran pantalla en dos partes, para desesperación del público, pues en la mayoría de ocasiones el motivo de dicha decisión no es otro que el de sumar más beneficios. El caso es que hasta ahora no había probado visionar en serio al menos una de estas distopías juveniles, y mi único intento fue con 'Divergent', que abandoné a los pocos minutos. Así que un día me apetecía algo ligero y masticado y decidí provar suerte con 'The Hunger Games', pues al menos la presencia de Jennifer Lawrence me aseguraba un mínimo de calidad.

Cito el texto introductorio de 'The Hunger Games'

En castigo por la rebelión, cada distrito ofrecerá un varón y una mujer de entre 12 y 18 años en una 'cosecha' pública. Dichos tributos serán entregados a la custodia del Capitolio para ser transferidos a una arena pública donde pelearán a muerte hasta que sólo prevalezca un ganador. Desde ese momento y para siempre, esta festividad será conocida como Los Juegos del Hambre. 

Para empezar diré que, personalmente, la premisa me resulta un poco absurda y estúpida, lo cuál puede ser bueno: las expectativas están por los suelos y sólo se puede ir a mejor. La primera escena, sin embargo, nos presenta a Caesar Flickerman (Stanley Tucci) entrevistando a Seneca Crane (interpretado por Wes Bentley, el chaval de 'American Beauty'), ambos con una pinta de lo más ridícula. Con la premisa que he citado y ésta la primera escena, soy incapaz de tomarme en serio nada de lo que veo. Y casi que mejor.



Por suerte abruptamente cambiamos de espacio cuando oimos un grito de la hermana de Katniss Everdeen y conocemos a la protagonista de la historia, interpretada eficazmente por Jennifer Lawrence, en un papel no muy diferente al que interpretó en la recomendable 'Winter's Bone': una adolescente que ante la ausencia del padre se hace cargo de su famlia. En el sorteo para elegir los tributos sale su hermana pero ella acaba ofreciéndose voluntaria para salvarla de un destino fatal y sorpresa (y spoiler tan previsible que no es spoiler) acaba ganando los juegos. Sin duda la gran interpretación de Lawrence en 'Winter's Bone' le valió para interpretar a Katniss Everdeen, y una vez más da la talla como protagonista. Con otra actriz, difícilmente redimiríamos a la película, pero ahí está Jennifer Lawrence para salvar los muebles


¿Cómo me voy a tomar en serio a esto?

Que la premisa me resulte estúpida no quiere decir que la película me parezca un absoluto desastre, porque al final, si no nos tomamos muy en serio lo que vemos (y si no buscamos nada más que entreternos un par de horas) el filme puede ser una experiencia disfrutable. A favor de 'The Hunger Games' también tengo que comentar cierta escena en la que no hay muchos reparos en mostrar sangre (algo que olvidan la mayoría de las películas de acción a pesar de las hostias que se reparten), pues tratándose de una película juvenil no me lo esperaba. Tampoco es que el espíritu de Tarantino se haya apoderado del director (Gary Ross, quién por cierto tiene en post-producción un filme con Matthew McConaughey), ni falta que hace, pero se agradece un poco de aspereza y realismo. Todo lo que sea apartarse de la insulsez o la monotonía, bienvenido sea. 

Al final 'The Hunger Games' se presenta como un producto masticado, previsible y ligero como una pluma, pero entretenido al fin y al cabo. Como decía al principio la premisa (y por consiguiente, la película entera) me parece bastante estúpida y no me la puedo tomar en serio, soy incapaz de ver aquí una alegoría de nuestro tiempo y no hay casi nada en las escenas de acción o en la dirección (con una cámara en mano sacada de cualquier drama indie que al final acaba cansando) que me resulte mínimamente estimulante, pero no es una opción a descartar cuando quieres ver algo simplón de una complejidad similar a la de una suma de una cifra.

Lo mejor: Jennifer Lawrence, la aspereza de alguna que otra escena, entretiene sin más
Lo peor: todo lo demás

Si aun tienes ganas de más puedes echar un vistazo a la crítica de la secuela, 'The Hunger Games: Catching Fire' que escribió  @PaulPorcoRosso en el momento de su estreno.  

[Una crítica de @TRuibal

Surcar los mares. ¿Existe acaso sinónimo mayor de aventura? Desde el tormentoso viaje de vuelta a casa de Ulises en ‘La Odisea' de Homero, a los delirios a ritmo de Bowie del documentalista Steve Zissou en el Belafonte, aquel colorista submarino de ‘Life Aquatic', las travesías marítimas en la narrativa siempre han supuesto peligro, incertidumbre y catarsis.

Siguiendo esta línea nos llega ‘En el corazón del mar', dirigida por el siempre efectivo (y efectista) Ron Howard, quien trae a la gran pantalla la historia “real” que serviría a Herman Melville para escribir la epopéyica ‘Moby Dick', novelón paradigma de la lucha entre el hombre y la bestia, y referencia clave de películas como ‘Tiburón’ o la ya citada ‘Life Aquatic'.



En la cinta de la que nos ocupamos hoy, el último superviviente del ballenero Essex (interpretado por un siempre acertado Brendan Gleeson) relata a un Melville, en pleno proceso de documentación para su novela, la lucha que muchos años atrás él y el resto de la tripulación del barco libraron contra un mastodóntico y vengativo cachalote.

Así pues, a través de flashbacks nos acercamos a la figura de Owen Chase, primero a bordo del Essex (Hemsworth), al que se le ha negado la capitanía del navío en virtud del noble George Pollard Jr. (Benjamin Walker), hijo de un pez gordo de la industria y sin la experiencia necesaria para tal empresa. La tensión entre los dos personajes, uno de los puntos a priori más interesantes del film, acaba siendo más descafeinada de lo que promete, focalizando, quizás en exceso, la carga dramática en la lucha de los protagonistas contra el monstruo y contra la propia muerte. Evidentemente esto nos deja un buen puñado de escenas de acción en alta mar, algunas de ellas de gran factura, como la primera aparición del titánico cachalote y sus consecuencias. Eso sí, algo menos de CGI y más secuencias rodadas en el mar hubiesen sido de agradecer (sin llegar a los extremos de pantalla verde de ‘Piratas del Caribe', gracias a Dios).

Grandilocuente y épica como una tormenta en el océano, ‘En el corazón del mar' es una buena opción para este mes de diciembre, antes de que los filmes navideños y ciertas guerras intergalácticas monopolicen la cartelera. Muy cuidada en el aspecto técnico, con algunas escenas marítimas dignas de mención, merced a un guion y unos personajes que, sin maravillar, están al servicio de esa travesía suicida por el Pacífico. La banda sonora, a cargo del excelente Roque Baños, es convincente, y el reparto está en líneas generales a buen nivel… lo que nos hace llegar a la pregunta del millón: ¿es digno Chris Hemsworth de “levantar el arpón”? Mientras siga dando la impresión de que se interpreta a sí mismo, sí.

Eso sí, su tan cacareada pérdida de peso es más bien mérito del equipo de caracterización en un par de planos que una verdadera transformación del actor. Aunque, bien pensado, quizás ya nos llegó de superhéroes desnutridos con Christian Bale en ‘El maquinista'…



Una crítica de @AdriNaranjo2
Es difícil en esto de la crítica poder usar la misma contundencia con lo malo que con lo bueno. Siempre es más directo y entendible el “esto es una mierda” que el “me parece espectacular”. Nos es más fácil y comprensible lo negativo que lo positivo. Otro defecto más que llevamos con nosotros. Pero bueno, sea como sea y se entienda lo que se entienda, Eden es una de las mejores películas de los últimos años. Una maravilla tan compleja, que no se puede equiparar a ninguna de las grandes obras que se han paseado por nuestra cartelera durante los escasos años que lleva con nosotros este nuevo siglo. Una joya inclasificable. De las que ponen la piel de gallina. De las que hacen renacer las esperanzas en este arte que, a veces, da señales de mediocridad y banalización. Eden es una punta de lanza que esperamos que sirva para muchos nuevos creadores. Una joya.


No se asusten cuando lean por ahí, en las escuetas líneas de un periódico o en las generalistas palabras de muchas revistas especializadas, el argumento de esta obra maestra. En seguida van a topar con la piedra angular desde la que se articula todo el discurso y muchos, de un modo comprensible, se tiraran para atrás. “No me interesa”, dirán con cara de indiferencia. Se equivocan de todas todas. Sí, Eden trata sobre un estilo musical que para muchos queda muy lejano. El House, y en concreto el French Touch, es algo que muchos, sobretodo los que ya superan la cuarentena, ven como algo ruidoso y reservado para festieros veinteañeros. Miren, ni el que escribe ahora, ni la película misma, intentamos cambiar su visión sobre nada, y menos aún sobre esto. Ustedes sabrán si se cierran a esta oportunidad. Pero también quedan avisados de que no es necesario ser un entendido, ni siquiera un consumidor, de esta música para disfrutar de esta impagable cinta. Este movimiento, que como su nombre indica, se inició en Francia a principios de los noventa, perduró durante las décadas posteriores; un gran destello de lucidez dentro de la cultura gala. Al igual que hizo Michael Winterbottom en 24 hour party people, Mia Hansen-Løve elige una persona en concreto para mostrar un todo. Otra demostración de que no hay mejor lema para un buen guión que el piensa en global y actúa en local. ¿A caso el cine no se basa en encontrar el mejor ejemplo para enseñar una idea, un sentimiento, un momento? Una filosofía que compartimos muchos y que, poco a poco, nos va dando unas recompensas tan inesperadas como esta.


Con esta pieza, Mia Hansen-Løve añade otro título a su impecable filmografía. Primero fue Tout est pardonné, en 2009 Le père de mes enfants y, por último, en 2011 estrenó Un amour de jeunesse; todas ellas, como no podía ser de otro modo, pasaron desapercibidas dentro de nuestros circuitos. Una pena que esperemos se remedie cuando Eden coja toda la fama que se merece. La creadora parisina rompe parte de sus dinámicas estilísticas y rítmicas, pero mantiene algo que sigue siendo vital para ella: la importancia de lo autobiográfico. En este caso cambia el sujeto; ya no es su historia, sino la de su hermano. Sven Hansen-Løve fue uno de los principales nombres del French Touch y ahora se une con su congénere para escribir este magnífico guión. Algo nuevo para ambos esto de escribir a cuatro manos, pero, viendo el resultado final, se desvela como un experimento de lo más acertado. Evidentemente, se cambian nombres y se ficciona con maestría todo lo sucedido entre 1992 y hasta casi llegar a nuestros días; el instrumento que usan es un brillante alter ego nombrado Paul Vallée. Además, un novel Félix de Givry se encarga de dar vida a este complejo y fascinante personaje. Un de Givry que debuta por la puerta grande. Puede que haya nacido una estrella o, por lo menos, un actor que va a dar mucho de qué hablar dentro del cine francés. Del resto del reparto, seguramente, la cara más reconocible sea la de Pauline Etienne, que ya nos sorprendió en Paradis perdu o La religieuse. Una actriz que nos vuelve a demostrar su versatilidad y el inmenso talento que posee. Francia tiene cine indie para rato, ¡menuda envidia!


Pero esta genialidad no sólo luce por tener un gran guión, estructurado en dos partes y con claros capítulos marcados por los años; no. Tampoco son los intérpretes, estupendos todos ellos, los que acaparan la totalidad de los elogios. Y ni tan siquiera la sorprendente dirección de Hansen-Løve eclipsa a las otras partes. Es que Eden lo tiene todo. Su banda sonora, evidentemente, es una delicia indescriptible. Cuando uno habla de French Touch es lógico que automáticamente se piense en los inconmensurables Daft Punk, pero es mucho más que eso. Sí, no se asusten, este dúo también aparece en la trama, y en la música que la acompaña, pero es un gran ejercicio de pedagogía recordar que hubo mucho más y de muy alta calidad. Pero, para ser justos, hay tres nombres claves que debe ser citados. Primero está Anna Falguères, la directora artística que ya nos enamoró con À perdre la raison o Suzanne, y que ahora se enfrenta al inmenso reto de recrear un momento histórico tan cercano como son los noventa. Después nos topamos con el veterano e internacional Denis Loire, responsable de la luz de Still Alice o de hollywoodiadas como 88 minutes o Righteous kill. En Eden rompe los esquemas que han predominado sobre cómo iluminar las fiestas nocturnas y da otra vuelta de tuerca de lo más magnética. Y, para terminar, nos encontramos con el peculiar dinamismo de Marion Monnier. Habitual montadora de  Hansen-Løve y que ahora ha ganado popularidad con su trabajo en Clouds of Sils Maria. No sólo imprime un ritmo único, sino que consigue acercarse y alejarse al videoclip a su antojo. Junto con la directora, forman un equipo técnico sin brechas, que va a la una y que demuestra la importancia que tiene en el cine el trabajo en equipo y la compatibilidad. Una confluencia de genios en plenitud de forma. No desaprovechen la oportunidad de ver Eden; lo lamentarían.
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